Este año HBO “golpeó” fuerte con un documental estremecedor acerca de las denuncias de abuso contra Michael Jackson en “Leaving Neverland”. Ahora el gigante del entretenimiento lanza otro revelador producto audiovisual, se trata de la miniserie Chernobyl, del director Johan Renck. Foto: espinof.com

Por Iggy Rey

Al parecer las calamidades que ha sufrido la humanidad no han sido nada aleccionadoras, solo se han convertido en un horrible e interminable camino de dolor, tragedia y negación. El sábado 26 de abril de 1986, es considerado, junto con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón en 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, constituye uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.​

Johan Renck tenía apenas 16 años cuando se estrenó la épica apocalíptica de Nicholas Meyer, “The Day After”, la cual relataba los pesares de la humanidad después de la detonación de dos bombas atómicas y un hipotético y abrupto final de la “Guerra fría”.

Desde aquel catastrófico film de 1983 se emitió un llamado de atención a las grandes potencias. La cinta plantea el supuesto de una guerra entre fuerzas de la OTAN y el Pacto de Varsovia que se intensifica rápidamente en un intercambio nuclear a gran escala entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Justamente los soviéticos. Solo tres años después Chernobyl explotaba.

“No hubo nada sensato en Chernobyl”

La propuesta de HBO ahora es mostrar el verdadero alcance de la tragedia, si es que el término alcanza, porque al parecer no hay una sola referencia gramatical para abarcar lo que la propaganda soviética de la época ocultó descaradamente.

A lo largo de cinco episodios, la miniserie muestra y recrea todo el alcance de semejante infierno nuclear. Ese “accidente”, por llamarle de alguna manera fue una verdadera bofetada divina para que los parroquianos bebedores de vodka se bajaran de los hombros de Dios y comprendieran los alcances de lo que significa haber penetrado en las entrañas del átomo y desafiado todos los limites comprendidos de una realidad que ya habían mostrado Hiroshima y Nagasaki. Pero que evidentemente no causó jamás un efecto aleccionador.

Aquella fatídica mañana de sábado, los ingenieros de la central de Chernobyl –actual Ucrania–  realizaban unas pruebas en el reactor 4 para evaluar la capacidad de refrigeración de los reactores en caso de producirse un apagón eléctrico. Pero algo falló y el hidrógeno acumulado en el interior explosionó, dejando el núcleo del reactor al descubierto.

La serie, creada por Craig Mazin, arranca en la fatídica noche del accidente y analiza las horas inmediatamente posteriores, así como los primeros días que siguieron a la catástrofe, según consigna el portales español expansion.com.

En aquella época no había un wikileaks que diera cuenta de la información sepultada bajo una perversa línea editorial, ni redes sociales, ni nada que pudiera dar cuenta de la dimensión del desastre.

Ahora, 33 años después este documento en forma de miniserie, permite saber el impacto de una tragedia absolutamente evitable que se ha cobrado la vida de miles de personas que aún siguen y seguirán padeciendo los males de la radiación y sus consecuencias funestas, las cuales no le han brindado ni un solo redito a la humanidad.