La escena es inexplicable, un ato de policías rodean y tironean a un joven, lo increpan y finalmente se lo llevan como si fuera el peor delincuente de la nación. ¿Su crimen? Pedirle prestada la tarjeta a una amable señora para poder abonar su pasaje. Sucedió en un corredor de SAETA, quien parece ir para atrás en el desempeño de su paupérrimo servicio.

La autoridad de inspección estará facultada a requerir al pasajero sin pasaje que abone el mismo o descienda de la unidad, ante la negativa del mismo de cumplimentar lo requerido el inspector solicitará la intervención de la fuerza pública y realizará la correspondiente denuncia policial sobre el hecho detectado.

Cualquier ciudadano desprevenido que tenga la oportunidad de leer esta reciente “norma” publicada por SAETA para los usuarios del transporte público, pensaran con mucha lógica que este es un comunicado de las Juntas Militares que asolaron a la Argentina entre 1976/83.

Toda esta miserable crónica del desatino tuvo su punto de ebullición cuando efectivos policiales bajaron a un hombre del colectivo porque una señora pasó su tarjeta para que pudiera viajar. Obviamente que después de que alguien grabó el inconcebible accionar de los policías, la polémica estalló.

Todo éste caldo de cultivo tiene su catalizador en el hecho de que los puntos de carga para las tarjetas son prácticamente inexistentes o se debe esperar a que un compadre dueño del drugstoreque que carga en el barrio, termine con su interminable siesta “santiagueña” y se digne a abrir las puertas de su local para cargarle la tarjeta a una fila de infelices que deben atravesar la ciudad para regresar a sus hogares o concurrir a sus obligaciones.

Ante esto SAETA salió a “plantar” unas terminales de cargas que son más difíciles de operar que un cajero automático para un pobre jubilado que apenas entiende el concepto de operaciones remotas.

La mayoría de estas terminales no reconocen los billetes viejos o son poco “amigables” para el uso de un usuario con conocimientos básicos, o simplemente están tan alejadas de las paradas que habría que caminar 20 o 30 cuadras para poder cargar. En conclusión el servicio de SAETA desde todas las ópticas de análisis, apesta.

No sabe, no contesta

Ante semejante desconsideración para la clase pasiva y los sectores más castigados, quienes son los que deben viajar como ganado en estos “acoplados” con techo, MUY CRITICO subió a uno de estos infames carromatos con el objetivo de averiguar de primera mano y de parte de quienes controlan estas unidades, acerca del alcance de esta norma. El resultado no sorprendió.

Sucedió en el corredor 3 Troncal, cuando cerca del medio día subieron dos inspectores con cara de pocos amigos a controlar al pasaje. Cabe recordar que en épocas más “románticas”, era un solo inspector el que subía y amablemente cortaba los boletos para su verificación.

Mucha agua corrió bajo el puente  y ahora se trata de dos sujetos con semiótica de Gestapo quienes controlan. Al ser interrogados acerca del porque SAETA permite la presencia policial dentro de un coche, como si tratara de un control de rutina en la Triple frontera, el funcionario de la empresa respondió con onomatopeyas ininteligibles.

Ante la insistencia del porqué de la presencia de uniformados el día del polémico accionar de la policía en el interior del colectivo, una farfulla que no incluía ninguna información útil brotaba de la boca de este sujeto, quien vestía camisa celeste y el logo de SAETA en el bolsillo. Lo único que se pudo entender fue algo así como “diríjase a la gente de prensa”.

Ambos tipos con cara de póker bajaron raudamente, echando miradas amenazantes. Así es como actúa SAETA y sus funcionarios ante el requerimiento de los usuarios.

No conformes con cargar los coches como camiones de ganado, del mal trato de algunos choferes hacia los pasajeros y la falta de soluciones al sistema de recarga; ahora se le suma una nueva perlita: amenazar con la fuerza pública al que no utilizare “su” tarjeta. Cualquier parecido con la última dictadura NO es pura casualidad.

TELEFE Salta