Marvel debería tomar nota y “aprender” de una trilogía de súper héroes  de soberbia performance como lo son los productos: ‘Unbreakable’, ‘Split’ y ‘Glass’. El responsable de tamaño logro se llama Night Shyamalan, ese director indio-americano que sorprendió al mundo en 1999 con “Sexto sentido”. Foto: Diariodevenusville.com

Por Iggy Rey

Todo comenzó solo un año después del tremendo éxito mundial de The Sixth Sense, cuando Shyamalan convocó nuevamente a Bruce Willis y Samuel Jackson para realizar una película de super héroes tan extraña que no se ven capas de colores, ni tipos volando delante de una pantalla verde, tal como son los excesos en los que incurre a cada rato MARVEL. Pecado que también comete DC, salvo raras excepciones como lo hecho por Nolan.

La estupenda hipótesis que plantea Shyamalan, en la cual alguien tan frágil como Elijah Price –Samuel Jackson–  quien padece una anomalía mórbida que hace que sus huesos se rompan al menor golpe; se sitúe “del otro lado de la curva” de alguien que pudiera ser “inquebrantable”.

Con esta genial idea Unbreakable dejó extasiados a los amantes del comic en todo el mundo. Pero aún más genial es la forma en que Elijah llega a descubrir la existencia de alguien como David Dunn –Bruce Willis–, quien puede salir sin un solo rasguño del choque de dos trenes, a pesar de que el coste sea demasiado alto para el resto.

Ahora bien, si eso ya era una alucinante óptica del mundo del comic book, en 2016 atacó con “Split” o “Fragmentado”, donde James McAvoy interpreta a un sujeto que alberga en su mente a 23 personalidades diferentes, las cuales van desde un niño de 9 años, pasando por una  taciturna señora llamada Patricia, hasta llegar a la temida “Bestia”.

Imagen: wallpapersden.com

Aquí lo que plantea Shyamalan es otra de sus genialidades de siempre. Este sujeto “fragmentado” en 23 partes tiene un manejo tal de su cerebro que es capaz de manipular su cuerpo hasta llegar a capacidades máximas que le podrían permitir doblar barrotes y trepar paredes. Justamente es la “La Bestia” el personaje que le sirve de nexo conector y le queda servido en bandeja a Shyamalan para que ese ser sea el alter ego de David Dunn.

Aunque ahí no termina el asunto, porque falta el más enigmático de los tres y es quien le da el título a la tercera entrega: Glass.

(ALERTA DE SPOILER) Elijah Price no vuela, ni corre al galope, ni rompe paredes, ni siquiera es capaz de soportar la caída de una pesada linterna en su falda; por cierto, prueba que debe superar cuando un guardia no confía en sus artimañas de manipulador para ejecutar su plan de evasión. Y aquí uno de los anclajes literarios de antología referido al Conde de Montecristo. Dos pulgares arriba para una de las escenas más sublimes del film.

El poder de Elijah reside en su cerebro, tal como sucede con Tony Stark, quizás uno de los pocos personajes rescatables del universo MARVEL.

A toda esta batería de “gadget marca Shyamalan” se le suma las vueltas de tuerca, por cierto el talentoso director y guionista indio es un verdadero especialista de las “twist ending”, razón por la cual en esta tercera parte de la trilogía se luce de manera descollante.

Glass nos enseña cómo se pueden hacer films sin tener que recurrir a los ostentosos CGI de los que habitualmente abusan las grandes producciones de MARVEL y sus estúpidos gráficos computarizados, los cuales llenan la pantalla y aburren hasta el hastío. No es necesario un super presupuesto para hacer una de las mejores trilogías de súper héroes en lo que va del milenio.