María Belén Méndez García Zavaleta atropelló y mató a Diego Castro en la  colectora de avenida Paraguay y fue condenada a 3 años de prisión condicional, 10 años de inhabilitación para conducir y deberá realizar tareas de voluntariado. Una verdadera burla a la familia de la víctima, a la memoria de Diego Castro y a la sociedad salteña.

Para los jueces Marcelo Rubio, Mónica Faber y Martín Pérez, el efecto punitivo por atropellar y matar a una persona a 84 km/h., con 0.4 de alcohol en sangre, solo tiene las siguientes reglas de conducta como apercibiendo:

–Mantener actualizado su domicilio y comunicar cualquier cambio al tribunal dentro de las 48 horas.
–Someterse al cuidado del Programa de inserción social y supervisión de presos y liberados.
–Abstenerse de consumir estupefacientes y de abusar de bebidas alcohólicas.
–Realizar un curso especializado en conducción y seguridad vial y presentar ante el tribunal la constancia de su inscripción en un plazo de diez días hábiles luego de que quede firme la condena.
–Realizar tareas no remuneradas por el término de cuatro horas semanales en la Fundación Hope, durante los tres años que duren las reglas de conducta y presentar ante el tribunal las constancias de su iniciación en el plazo de diez días hábiles luego de encontrarse firme la sentencia.

Tras éste atropello a la razón, a esta afrenta al sentido común, a éste fallo vergonzoso y peligroso, la familia de la víctima no pudo más que gritarle lo que esta mujer es: «Asesina»; pero para la Justicia local está lejos de serlo, ya que solo cometió una “imprudencia”, que le costó, nada más ni nada menos que la vida a Diego Castro.

La Justicia para atrás

Ante un hecho tan indignante no se sabe a quién se va a culpar, si a las permisivas leyes argentinas; a la falta de consideración por parte de los jueces para con una sociedad sedienta de justicia: a los tecnicismos, vericuetos y chicanas de abogados que plantean teorías del dolo y la culpa que a la hora de ir a enterrar a un familiar al cementerio parecen una verdadera burla, con tal el abogado está haciendo su trabajo y hasta el último adefesio tiene derecho a una defensa; o si la culpa es de todos como sociedad por no hacer absolutamente nada y dejar que una asesina al volante solo pague su terrible conducta con trabajos comunitarios en la Fundación Hope.

La Justicia salteña, sus jueces y el Ministerio Publico Fiscal, parecen ignorar que todos los viernes marchan tristemente cientos de familiares que han perdido a seres queridos por culpa de muchas “Méndez García Zavaleta”, quienes pueden montarse en un automóvil, destrozar a alguien parado sobre una vereda, llorisquear un rato ante los jueces y después irse a su casa como cualquier hijo de vecino.

Su abogado defensor, Rene Gómez, en medio de una iracunda demostración de temperamento preguntaba a la prensa: ¿Y que quiere que le demos cadena perpetua?

Quizás para el defensor de la responsable de la violentísima y espantosa muerte de Diego Castro, sea perentorio darle un premio a su clienta por lo que hizo. Quizás pretenda una embajada o un premio honorifico por su “aporte” a la sociedad.

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En medio de un mar de tecnicismos, atrapado en los vericuetos leyes permisivas, con un sistema de Justicia que “premia” a los asesinos al volante, una vez más la sociedad salteña es testigo de un bochornoso y peligroso fallo, el cual le da la impunidad de asesinar al volante de un automóvil a cuanto borracho/borracha, irresponsable o cretino/cretina, circule por la ciudad de Salta.

Solo queda advertirle a la ciudadanía que en Salta está permitido matar con un automóvil, ya que el efecto punitivo es mínimo, porque María Belén Méndez García Zavaleta pagará el incalculable daño que ha provocado con simples trabajos comunitarios.

Mientras tanto los ciudadanos tras este fallo quedan aún más vulnerables y más indefensos. La Justicia salteña ni siquiera tuvo la decencia de darle al menos una condena simbólica a esta incalificable borracha, quien el día 3 de Junio de 2017, partió por la mitad a un hombre con su automóvil y ahora está en su casa, gozando de la libertad que no merece.