Según Rene Gómez, el defensor de María Belén Méndez García Zavaleta, la violentísima y espantosa muerte de Diego Castro solo se debió a tres factores: “Impericia, imprudencia y negligencia”, minimizando la conducta de su clienta y dejando de lado el derrotero etílico de  quien conducía el Ford Focus que terminó estrellándose contra la humanidad de la víctima, después de una noche de boliche y Champagne

A lo indignante de tener que soportar las permisivas leyes en éste país olvidado de Dios donde una borracha inconsciente al volante mata a un hombre sobre una vereda; también se debe soportar que su abogado defensor se dedique a lanzar chicanas a la prensa durante un cuarto intermedio.

No termina allí el rosario de miserias en un caso espantoso, donde un joven de 35 años que estaba tratando de ganarse la vida, termina con un automóvil incrustado en su pelvis, a 83 km/h., arrebatándole toda posibilidad de sobrevivir, destruyendo a una familia y dejando un tufo a impunidad intolerable.

Se diga lo que se diga en el juicio y aunque se presente una tonelada de pruebas, María Belén Méndez García Zavaleta no irá ni un solo día a la cárcel, lugar en el que debería ir a purgar su culpa y/o responsabilidad (como más le guste a su abogado defensor) por la muerte de un ser humano.

Sumado a eso la miserable actitud de un execrable sujeto de nombre Daniel Rodríguez, el dueño de La Cantera, el local donde trabajaba Diego, quien les ordenaba a sus empleados sacar un cartel de tres metros y medio de chapa, todos los días a las 8:00 de la mañana y entrarlo al medio día por temor a que se lo robaran.

Solo hay que preguntarse ¿quién va a querer robarse un enorme e inútil cartel de chapa? Ya que éste individuo no era capaz de fijarlo a la pared por temor a que se lo robaran. De haberse tomado la molestia de hacerlo, Diego aun estaría vivo.

Otro dato que no se puede dejar pasar por alto en éste verdadero festín de la desidia y las actitudes miserables, está presente la poca y nula colaboración de los testigos que desfilaron por la sala de grandes juicios en la primera audiencia. Por cierto situación que advirtió el representante del Ministerio Publico, Ramiro Ramos Ossorio, quien le llamó la atención a la testigo Noelia Anabel Porco, quien parecía haber habitado el cuerpo de otra persona durante la etapa de instrucción.

Visiblemente molesto con estos flojos testimonios, los cuales ni siquiera guardaban similitudes con los tomados en pretérito los días posteriores al trágico suceso, varias veces el fiscal debió hacerles reconocer la firma a los “amnésicos” testigos.

En el caso de la testigo Porco, incluso terminó reconociendo que habia declarado que la imputada “tenía aliento etílico” y “se le trababa la boca y no podía hablar”.

Una imagen vale más que mil palabras

El video exhibido por el perito del CIF es tan revelador que no deja lugar a dudas de la velocidad del automóvil y la violencia del impacto que destrozó el cuerpo de Diego Castro. En la secuencia el reloj marca las 7:51:41 al momento en que el automóvil arremete contra la humanidad de la víctima.

Solo unos segundos antes se puede ver como Diego y Ariel Rodrigo Yapura cargan el pesado cartel y lo trasladan hasta el lugar de exhibición del mismo. La escena estalla cuando el Ford Focus entra en escena y se estrella entre una densa nube de polvo y tierra.

Otro aspecto inquietante que deja de manifiesto el video es la falta de intención de algún intento de esquivar lo inevitable. Claramente se ve que el automóvil de la imputada traspasa el cuadro de la escena en línea recta y se estrella sin el más mínimo intento de frenado.

En conclusión solo resta agregar que la situación de Méndez García Zavaleta es muy comprometida, aunque haya declarado en medio de un mar de lágrimas y haya pedido perdón; los testimonios de los testigos son todos contundentes y la pericia de alcohol en sangre con 0.40 es incontrastable, aunque Rene Gómez niegue esa realidad.