La película de Netflix recibió de toda clase de críticas, las más duras fueron dirigidas a su ideología. Muchos la consideran una “basura” obsecuente con la derecha oligárquica de aquellos años; mientras que para otros es una obra de arte monumental. Tiene grandes chances de llevarse el Oscar a mejor película del año, siendo la favorita con más cantidad de nominaciones.

Por Iggy Rey

“Qué lindo es ser sirvienta de burgueses copados”, reza un texto referido a la película de Alfonso Cuarón, el cual circula por Whatsapp, al tiempo que muchos progresistas se sintieron ofendidos por la visión del director mexicano.

Dejando afuera de éste análisis todo el bagaje técnico de un film que visualmente es excepcional, aquí es donde aparecen los “pensadores” de izquierda poniendo el foco en el mensaje ideológico, sin importar que haya sido filmada con una cámara digital Alexa de 65 milimetros o especificidades como esas, en este punto lo único que importa es lo que “dice” la propaganda imperialista a través de sus nominados y consecuentemente premiados productos.

De buenas a primeras Alfonso Cuarón plantea lo que, según él, es un “pedazo” de su infancia. Su visión de aquel México de los años 70, cuando los gobiernos en Sudamérica eran un satélite de la CIA, con todo lo que ello significa. Está inspirada en Liboria Rodríguez, la señora del servicio de la familia Cuarón.

Según los más acérrimos críticos a la película, se nota un esfuerzo intelectual por mostrar que ese barrio reboza de orden, limpieza y metódica calma, al son de la banda de música que pasa por la vereda de las casas.

El Halconazo (Alerta de spoiler)

En medio de esa pulcritud y pasando la mitad del film, una escena puntual será el desencadenante de la tragedia. Un ato de patanes, de esos bien de “izquierda” que salían armados hasta los dientes y con toda la fanfarria de las bombas molotov, toman la calle.

Allí hay un plano en picado, donde el director muestra de forma bien general el caos urbano donde estos “malvados” revolucionarios copaban la parada mediante el miedo. Esto es advertido por Cleo, la empleada doméstica que es acompañada de una de sus bondadosas patronas, quien va a comprarle una cunita para el bebe que viene en camino. “Pasada de buena” la anciana burguesa, diría uno de estos opinólogos progres.

Momento en que sucede el “halconazo” –Foto: Netflix–

Temporalmente se supone que es éste el momento en que la conocida como “La Masacre del Jueves de Corpus” o “La Masacre de Corpus Christi” —llamada El Halconazo por la participación de un grupo paramilitar identificado con el nombre Halcones— es como se le conoce a los hechos ocurridos en la Ciudad de México, el 10 de junio de 1971.

En cuestión de segundos la masa sube al piso donde están los “buenos” de la película y allí desatan toda su iracunda furia, apuntando uno de ellos a Cleo con un arma de importante calibre e infundiendo el pánico. Pero solo se trata de intimidación y una pequeña muestra de poder, ya que unos segundos después se retiran.

Es demasiado tarde para Cleo, su bolsa se rompe producto del estrés. Su embarazo corre peligro y debe ser atendida de urgencia o el niño que trae en sus entrañas morirá. En ese preciso instante un plano del suelo gris y la sangre de la placenta se ven entre sus pies. De no ser mal pensados podría interpretarse desde un ángulo extremo, que ésta es la razón por la cual todo el film es en blanco y negro, ya que el “rojo sangre” en ese cuadro jamás podrá notarse, solo advertirse.

Aunque Cuaron sea lo más cercano al Naturalismo con su cámara, estas delicias de la Semiótica no escaparán jamás del ejercicio imaginario de un progresista empedernido. Sumado a eso, detalles de importante cuantía como el poster del mundial de México 70 en la pared del cuarto de uno de los niños, por cierto un evento deportivo envuelto en polémicas por las revueltas estudiantiles.

La idílica derecha

Otro de los aspectos más atacados por los sectores intelectuales de izquierda contra la película de Cuaron son sus casi dos horas de metraje a puro amor y comprensión burguesa con esa pobre originaria que literalmente no tiene donde caerse muerta y que la familia de ricachones abraza, comprende, contiene y adora hasta la medula.

Aun con todo ese costado “familiero” y el dialogo permanente entre naturalismo y formalismo –cosa advertida por la prensa digital mexicana– a Cuarón lo corrieron a la derecha por sus intenciones claramente taxativas de “esa” pintura de época, aunque el director de “Gravedad” propugne un claro homenaje a aquella clase social tan relegada a la que pertenece su “Cleo”, la señora Liboria.