Uno de los testigos pidió desalojar la sala por sentirse intimidado ante la presencia de los acusados. Se vivieron momentos tensos y una declaración de minutos interminables con reticentes respuestas y contradicciones con la etapa de instrucción.

Por una cuestión de reserva y aprovechando la ausencia total de la prensa local, este medio omitirá los nombres e identidades de los testigos que presenciaron el barbárico asesinato de quien en vida se llamara Juan Pedro “Polo” Cruz.

En un análisis muy general, los imputados que quedaron más comprometidos después de la ronda de testigos de la segunda jornada sin dudas son Federico Osiris Domínguez Ferreyra (Junior) y Alberto Hipólito Gómez Garzón (Lito).

Aparentemente serían a quienes los testigos habrían identificado con sus alias, “Lito” y “Junior”, aunque la fatídica noche del homicidio los atacantes tenían los rostros tapados y eran difíciles de identificar, ya que según los testigos llevaban pañuelos, gorros, lentes oscuros –en el caso de uno de los sujetos– y ropa de mangas largas, por lo que ni siquiera se pudo precisar el color de la piel, aunque se trataría de un individuo de tez blanca y el otro de tez trigueña o “morocho”.

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Prestaron declaración el cocinero de la pizzería y el cadete encargado de los delibery. Ambos coincidieron en que fueron dos los atacantes, que se fueron raudamente en un automóvil VW Gol color blanco con vidrios polarizados y una motocicleta color negra y roja tipo cross. También describieron el derrotero de los asesinos, desde que comenzaron el ataque afuera de la pizzería hasta que Polo –trastabillando con muletas– pudo llegar hasta el baño del local, lugar donde el sujeto que se cruzó con el cocinero, ingresó al sanitario y allí lo remató de varios disparos.

Testigo en peligro

El cadete que salvó la vida de una de las víctimas relató que aquella noche al llegar al local y encontrarse con la sangrienta escena, tomó la determinación de realizarle un torniquete a uno de los jóvenes que había sido atacado.

Lo cargó a la moto y con la campera lo ató a su cuerpo para que no se callera del rodado mientras iban camino a algún nosocomio.  Por increíble y vergonzoso que suene al llegar a la Clínica Santa Clara de Asís, en calle Urquiza, estos desalmados no quisieron atenderlo por no tener DNI. Por ello tuvieron que seguir hasta el hospital San Bernardo donde finalmente le salvaron la vida.

Lamentablemente éste testigo presencial comenzó a ser reticente ante las insistentes preguntas del fiscal Pablo Rivero. Obviamente que las respuestas no coincidían con lo declarado pretéritamente en la etapa de instrucción. Sus respuestas eran cada vez más escuetas y su voz se iba apagando conforme avanzaba el proceso.

Momento dramatico en el que declara la madre de una de las victimas

Ante esto el juez Javier Aranibar le llamó la atención enfáticamente, pero el testigo cada vez se sentía más intimidado. Por su parte la jueza Mónica Faber con un poco más de tacto y su buena predisposición le pidió calma al testigo y le preguntó si sentía miedo, a lo que el declarante le respondió: “¿Y qué le parece?”.

Después de ser desalojada la sala, el testigo quizás mejoró su dicción y elevó su tono de voz, pero no dio muchos más detalles, cosa que el tribunal esperaba, tanto como la querella y el Ministerio Publico.

Por su parte la señora Silvia Soria, madre del joven que salvó su vida de milagro gracias a la intervención del cadete, hizo un relato pormenorizado del terrible drama que le tocó vivir cuando su hijo se debatía entre la vida y la muerte.