El caso de Santos Clemente Vera podría considerase como único dentro de la ciudad de Salta, ya que no existe otro reo con una condena que esté encerrado en la Unidad Penal de Villa las Rosas sin motivo alguno. Otros casos terribles sacudieron a la opinión pública y cuando parecían condenados al olvido ganaron su libertad después de demostrar la terrible injusticia cometida contra ellos.

Debe tratarse de una de las situaciones más extremas que un ser humano pueda experimentar, el hecho de estar encerrado y condenado por un crimen que no cometieron. Sucede en todo el planeta, a lo largo de la historia se cometieron injusticias pavorosas, donde todo un sistema actúa en contra de una sola persona y sobre esta cae todo el peso de un Estado perverso que cree saciar la sed de los justicieros de pacotilla que forman parte de una sociedad esnob e hipócrita.

FERNANDO ARIEL CARRERA

El 25 de enero de 2005 fue el día en que la vida de Carrera dio un giro tan inesperado que pasó de llevar a su hija a la escuela a estar tirado en una camilla, con un cuello ortopédico y ocho balazos en el cuerpo, inmovilizado y acusado de la Masacre de Pompeya.

La gente quería lincharlo y él desde la camilla ni siquiera podía explicar que jamás tuvo la intención de atropellar y matar a todas esas personas. Pero la turba quería aniquilarlo. Después de un proceso penoso fue condenado a 30 años de prisión, acusado de formar una banda que en su huida había atropellado a un niño de 6 años, su mamá de 35 y otra mujer de 41, quienes murieron. El automóvil en el cual iba Carrera recién detuvo su marcha al chocar contra una Renault Kangoo en la que iban dos personas de nacionalidad coreana que resultaron heridas.

Al detenerse el automóvil, después del impacto, policías de la Federal rodearon el Peugeot 205 y descargaron una lluvia de balas sobre el vehículo. Increíblemente no murió, pero sobrevivió para enfrentar la pesadilla de una condena a 30 años de prisión.

La explicación a semejante locura, la cual no podría sucederle a nadie en un millón de años, es simple. Los policías de la Federal exactamente a la hora que Carrera llevaba a su hija a la escuela, perseguían un automóvil parecido al suyo. En realidad al de ladrones que habían robado a un militar y que huían por las proximidades.

Al ver el auto de Carrera abrieron fuego, por lo que huyó asustado. Ya en persecución colocaron el automóvil de civil –un Peugeot 504– en el que se trasladaban en paralelo al de Carrera y le apuntaron con los vehículos en marcha, a unos 60 km/h.

Uno de ellos abrió fuego contra la humanidad de Carrera, quien recibió el impacto en la mandíbula, lo que le causó la pérdida inmediata del conocimiento. Por un mecanismo inconsciente y al recibir el impacto de bala en su rostro, su pie derecho aprieta el acelerador,  atropellando y matando a los peatones antes mencionados.

Los federales que lo rodearon le efectuaron 18 disparos, de los cuales 8 fueron a parar a su cuerpo.

El 7 de junio de 2007 se conoció la sentencia de 30 años de prisión dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 14, compuesto por los malditos jueces Hugo Cataldi, Beatriz Bistué de Soler y Rosa Lescano, la misma pena solicitada por el fiscal Clorindo Mendieta.

Estos miserables enviaron a prisión a un hombre inocente, quien fue víctima no solo del intento de asesinato cuando aun permanecida dentro de su automóvil, sino que plantaron de toda clase de evidencias para poder “corregir” el error que habían cometido.

Después de interminables idas y vueltas y recursos agotados por parte de los abogados, el 12 de agosto de 2013, la Sala III de la Cámara Federal de Casación Penal, integrada por los impresentables jueces Mariano Borinsky, Liliana Catucci y Ana María Figueroa, consideró a Carrera autor penalmente responsable de los delitos de “robo” y “homicidio culposo” y lo condenó a 15 años de prisión.

El poder de la comunicación

El cineasta y piloto de aviones, Enrique Piñeyro se enteró de esta aberración y decidió encarar el caso como un hallazgo periodístico. Conforme avanzaba en el caso comenzó a descubrir las maniobras espurias de la Federal.

En 2010 se estrenaba el documental “El Rati Horror Show”, donde claramente se demuestra como el caso fue fraguado desde el primer minuto por una complicidad espantosa entre funcionarios judiciales y policías de la Federal.

Una vez que el caso estuvo en el ojo público el escandalo se abrió paso, lo que dejó a la Justicia en un lugar poco favorable. Después de una revisión exhaustiva de los hechos, el 25 de octubre de 2016 es absuelto por la Corte Suprema de la Nación. Permaneció injustamente en prisión casi 10 años.

RUBIN “HURACAN” CARTER

“Se oyen tiros que provienen del bar, entra Patty Valentine del piso de arriba, ve al camarero tumbado en un charco de sangre, grita “oh Dios mío, los han matado a todos”. Aquí viene la historia de Huracán Carter, el hombre al que las autoridades vinieron a culpar por algo que nunca hizo. Le metieron en una celda, pero una vez, pudo haber sido el campeón del mundo”.

Rubin Carter posando con Denzel Washington y Holyfield en el estreno de The Hurricane –Foto RTVE.es–

La letra corresponde al gran poeta y músico Bob Dylan, quien escribió una canción inspirada en la espantosa injusticia de la que fue víctima Rubin.

El 17 de junio de 1966, “Huracán” Carter y su amigo John Artis fueron detenidos como sospechosos de un triple asesinato, ocurrido en el Lafayette Bar and Grill, New Jersey. Ese mismo año fue juzgado en un juicio lleno de irregularidades y prejuicios raciales por un jurado formado por blancos, basándose en el testimonio de dos ladrones que luego se retractaron. Él y Artis fueron condenados a tres cadenas perpetuas.

Este caso se manejó con un perfil muy bajo para que no saliera a la luz, hasta que Bob Dylan en el año 1975 escribió la canción Hurricane –del álbum Desire– a modo de protesta para denunciar este injusto episodio, además de ser interpretada en su gira Rolling Thunder Revue en 1975.

Huracán luchó por demostrar su inocencia y mientras estuvo en la cárcel, se dedicó a estudiar filosofía y leyes. Muhammad Alí encabezó una marcha para reclamar un nuevo juicio, que pese a que se realizó, acabó también en condena. Finalmente nada ni nadie puedo evitar que Rubin permaneciera en la cárcel injustamente casi 20 años.

José Sulaimán le entrega el cinturón del CMB, siendo Rubin el único boxeador en recibirlo fuera de un ring –Foto: Suljos Blog–

En 1999, el directo Norman Jewison mostró al mundo la película “Huracán”, en la cual relata como un niño llamado Lesra Martin compra en una feria de libros usados uno titulado “El round número 16”. Aquel libro estaba escrito por un reo llamado Rubín Carter.

Según la película, Lesra es un niño afroamericano que es adoptado por un grupo de canadienses, quienes se ven tan sorprendidos por el impacto que el libro había causado en el muchacho, que deciden en una cruzada quijotesca liberar a Carter a través de métodos penales y judiciales.

Con la ayuda de sus dos abogados de trabajo incansable, más el apoyo de los amigos canadienses y de Lesra, el 7 de noviembre de 1985 se le dio la oportunidad de presentar nuevas pruebas para demostrar su inocencia.

Durante el nuevo juicio de apelación, se reconocieron claros elementos de racismo durante el proceso penal. Se comprobó que hubo corrupción de la policía, declaraciones bajo coacción y pruebas falseadas. El juez, ante la evidencia, le concedió la libertad inmediatamente, al considerar que los derechos de Carter habían sido violados y que el castigo respondió “más al racismo que a la razón.”

Al salir de prisión, Rubin se dedicó a trabajar con la AIDWYC (Association in Defence of the Wrongly Convicted), dedicada a defender los derechos de los presidiaros injustamente condenados. Un tiempo después el infortunado John Artis, quien acompañaba a Rubin la trágica noche del Lafayette Bar and Grill, en New Jersey, también consiguió su libertad.

Actualmente Lesra Martin ejerce el derecho como abogado y ha publicado un libro titulado “El poder de una promesa”.

En cuanto Huracán Carter, su breve carrera como boxeador de peso medio duró desde 1961 a 1966. La forma más poética de sintetizar semejante aberración fue un título de una nota que escribió Osvaldo Principi para El Grafico muchos años después, “Cuando al boxeo le robaron un campeón del mundo”.

En 1993, vendría el resarcimiento moral, deportivo e histórico. El presidente del CMB, Don José Sulaimán le otorgó el cinturón de campeón mundial de boxeo. Esas imágenes cierran la película protagonizada por Denzel Washington, la cual hizo conocer la historia de Carter al mundo entero.

Foto: La Nacion