La calidad de las producciones para el cine y las plataformas streaming han ido a peor. Esta es una acotada guía de las mayores basuras que se llevaron a la pantalla. En algunos casos las ganancias fueron tan altas que se esperan más secuelas por venir… por desgracia.

1-Aquaman. Por escandalo la peor basura cinematográfica del año, ya lleva recaudados 748.785.000 de dólares y amenaza con seguir recaudando una carrada de guita tal que quizás se convierta en la nueva producción en ingresar al club de los mil millones.

Cuesta creer que semejante mamarracho se mantenga en la cima de la taquilla, con un guion tan flojo, con actuaciones tan pueriles y con un super héroe que se desplaza a velocidades extremas por debajo del agua, intenta hacerse el gracioso y de gracioso no tiene nada. Solo es un pelilargo metro sexual tratando de imitar a Thor.

El argumento de esta charada inexplicable se remonta a 1978, en Maine, un guardián del faro llamado Thomas Curry tiene la suerte de rescatar a Atlanna, la princesa de la nación submarina de Atlantis, durante una tormenta.

Obviamente que se enamoran y tienen un hijo, Arthur –el pelilargo tatuado–, quien nace con el poder de comunicarse con las formas de vida marina. De allí vendrá una suerte de “adoquinado” con el resto de la trama, que no pasará de gags muy malos, una música trepidante e insoportable que no acompaña las secuencias sino que las sepulta en una simbiosis ininteligible con la realidad. Lo peor de DC desde el “Batman y Robin” de Joel Schumacher…

  1. Robin Hood. Habría que explicarles a los productores de esta malsana versión del ladrón de Nottingham que hay cosas que no se pueden metamorfosear con lo “millennial”, simplemente porque no embona y nada más. No hay razones científicas. Simplemente no funcionan así las producciones.

Quizás pensaron que hacer un “Hombre araña millennial” funcionó, pero la idea de llevar al ladrón honrado que regalaba su botín a los pobres a esta atmosfera es ir contra el mismo planeta Tierra.

El principal problema con el que se encontró Otto Bathurst, su director, fue verse inmerso en un universo interminable de súper héroes paridos y mal paridos por DC y Marvel. Es tal el emporio de gente volando, corriendo y pataleando en medio de un decorado verde que se rellena con los monstruos y los malos creados por computadoras mediante CGI, que este Robin Hood millennial, quedó camuflado en medio de todo ese contexto.

Aun con todo eso la idea es pésima y la primera víctima es el “Pequeño Juan” de Jamie Foxx, quien parece estar tan fuera de lugar como un negro en una fiesta de los caballeros blancos del Ku Klux Klan.

Ni hablar de lo que le tocó en suerte al pobre Taron Egerton, quien tiene que andar tirando flechas en plena época actual y hacernos creer que se puede lograr la hazaña bien intencionada de la genial “Romeo y Julieta” de Baz Luhrmann, quien logra traer un clásico de la literatura a épocas actuales. Aquí le pifiaron y feo.

  1. Bañeros 5. De existir un certamen donde se pueda saber cuál es la peor película de la historia de la humanidad, sin dudas este adefesio sería el número uno y le sacaría una ventaja de siglos al segundo puesto.

Tomar un título de lo que alguna vez fue un intento criollo de comedia en los años 80 y 90; y actualizarlo con lo residual de lo peor de las producciones de Tinelli, es un atentado contra todo aquello que ande cerca de lo que sería el buen gusto.

Quienes nombraron a Ed Wood como el peor director de cine de todos los tiempos deberían replantearse esa distinción, porque sin temor a equivocaciones estos muchachos lo superaron todo en cuanto a bazofia, lo que comúnmente dimos en llamar “mierda pura”.

No hay una línea argumental, solo son escenas parchadas una detrás de la otra, donde los personajes del año en la televisión argentina –Sol Pérez, Los Caniggia, la borra de Showmatch y cuanto tonto ande dando vueltas por Mar del Plata– componen esta decadente fabula de porteños cancheros, donde no hay un maldito chiste que cause la más mínima gracia y donde se ve acabadamente como es de decadente el espectáculo televisado y filmado en este país olvidado de Dios, donde todos nos creemos campeones del levante  y de los chistes verdes.

El concepto se quedó perimido en los 90 y eso se nota a la legua, tal como esta película totalmente anacrónica, la cual, más recuerda al pésimo humor de Porcel y Olmedo que a una “comedia”, tal como se atrevieron a calificar a este bodrio de campeonato.

Rodolfo Ledo es el director de esta fábula de la paparruchada, es quien se animó a poner a Alex Caniggia y a un dron con expresiones faciales delante de la cámara. A no sorprenderse porque ya había dirigido “Papá se volvió loco”, “Incorregibles” y la mayoría de la patética saga de Los Bañeros. Dios nos libre y guarde.

  1. Aniquilación. Quisieron alejarse del modelo blockbuster y se alejaron del sentido común. ¿Indescifrable? ¿Alucinógena? ¿Aburrida? Si, aburrida. El problema que trae Netflix ya de arrastre en materia de entretenimiento es que quieren sorprender y solo aburren hasta el hastío.

Pretender jugársela a ser Stanley Kubrick y no llegar a pasar de ser una película para el olvido, con tal “está en el streaming y esto es absolutamente cool” es un problema con el que ésta plataforma cargó todo el 2018.

La jugada del gigante del streaming fue el de reciclar porquerías que ninguna distribuidora quería, pegarles una lavada de cara y ponerla en el Smart TV. Esa pésima idea que les dejó grandes dividendos y que fue en detrimento del buen gusto es lo que sigue alimentando estas incalificable fabulas de dudoso terror que ni siquiera asustan.

  1. The Cloverfield Paradox. Otra de las porquerías sin gracia de Netflix y otro intento por ver si es que estos experimentos cuajan en el gusto de los afectos a “ver cine sin salir de casa”, con tal, “me lo debitaron de la tarjeta y no gasté 500 mangos en el Hoyts”.

Esta vez se trata de una aventura espacial, donde obvio que algo horripilante va a suceder pero que no sabemos que corno es. En el año 2028,​ la Tierra está sufriendo una crisis energética. Las distintas agencias espaciales del mundo construyen una estación espacial, la Cloverfield, con el objetivo de probar un acelerador de partículas experimental llamado Shepard, que podría proporcionar energía infinita a la Tierra. Algunos expertos creen que utilizar dicho acelerador podría ocasionar la Paradoja Cloverfield, que abriría portales entre otras dimensiones.

A esa altura ya comienzan a aparecer cosas raras como el brazo de Mudy, uno de los tripulantes, y tal como la mano de los Locos Adams, la extremidad anda moviéndose por ahí. Con eso, las asperezas de los tiempos pretéritos vacíos y los tratamientos de las cosas extrañas que podrían pasar, el intento muere ahí y es más de lo mismo.