La Argentina vive inmersa en una crisis económica sin precedentes. Los responsables directos del desmadre que atraviesa el país son dos personas identificadas con nombre y apellido y por orden de aparición cronológica: Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. Sin embargo ambos van a presentarse para ser presidentes por cuatro años más. Crónica de un país desquiciado, el cual enfrenta una vez más un escenario electoral polarizado

No hacen falta medios comprados, ni formadores de opinión, ni “expertos” en la materia para deducir que los dos últimos gobiernos que administraron el país son los responsables directos de la crisis inflacionaria, la pobreza, la desocupación y la inseguridad, entre otras desavenencias que sufre por hoy la Argentina.

Una porción de responsabilidad le caben también a otros dos actores que estuvieron al frente del ejecutivo nacional: Néstor Kirchner y Carlos Saúl Manen. Pero estos dos lamentables personajes son parte de otra sórdida historia, la cual no formará parte de este análisis por una cuestión de síntesis.

Con Cristina y Macri es suficiente para saber que estos dos caraduras después de haber dejado el país destruido desde todo punto de vista –económico, cultural, social, politico– tienen el valor de presentarse otra vez como candidatos a presidente de la Nación.

“Cristina nos mató y Macri nos enterró”, dice un “tachero” en su inmensa sabiduría urbana y cuanta precisión tiene su análisis.

Si los ocho años de Cristina fueron atravesados por la desinversión; la inflación que nadie parecía querer ver; la corrupción en niveles nunca vistos, lo cual acarreó muertes y lo sigue haciendo; la increíble oportunidad desaprovechada del boom de las comodities; el flagrante asesinato de un fiscal que se atrevió a denunciarla junto a la banda de delincuentes con la que conformaba el gobierno; el extraordinario saqueo de la obra pública que empobreció a la Argentina y finalmente la maliciosa expansión monería que llevó a que los ministros de Macri jamás pudieran desactivar la “bomba” inflacionaria que azota al país.

Mientras, desde el lado de “Macri-Cambiemos” los desatinos fueron tales que se cree –o se calcula– que el actual gobierno hizo más daño en tres años de lo que hicieron los otros gobiernos anteriores del matrimonio de delincuentes –Néstor y Cristina– en doce.

Si Macri la tenía difícil cuando aterrizó –inconscientemente– a administrar el Ejecutivo nacional, nadie calculó el terrible daño que sus desatinos tendrían sobre la cartera económica ya que el país está peor aún de lo que estaba en 2015.

De seguro el mayor pecado de Cambiemos fue hacer saltar el dólar de 20 a 40 pesos, lo cual produjo daños directos sobre una economía dolarizada. En palabras más llanas, mientras Macri intentaba atinarle al clavo, a los argentinos todo le costaría le doble, de un año al otro –sin mencionar la inflación– ya que la mayoría de los precios están “atados” al dólar.

De todos modos, ideologías estúpidas y perimidas mediante, filosofías baratas de parte de los acólitos a los Kirchner, quienes se dieron el gusto de llenarse esos agujeros infames que tienen por bocas, diciendo “vieron que Macri solo iba a gobernar para los ricos”, siendo que todo este desmadre –incluido Macri– es por pura responsabilidad y culpa de Cristina.

Ahora ambos van por el Ejecutivo sin importarles que durante los periodos en los que ellos gobernaron el país, éste sufrió las mayores calamidades económicas y políticas, las cuales repercutieron en las clases más bajas y devolvieron un dato de la realidad incontrastable: La Argentina tiene un tercio de la población sumido en la pobreza.

Estos dos impresentables y responsables de todas las desgracias que vive el país, deberían tener el valor civil de bajarse de sus candidaturas, pedirle perdón al pueblo y darles paso a nuevos candidatos, sean de la ideología que fuere.

Claro que eso es una entelequia ¿Quién va a robar por ellos? ¿Quién va a saquear por ellos? ¿Quién va a querer jugar a dioses del Olimpo por ellos?

Comentan en los pasillos de Olivos que Macri fue presidente solo para ganar la eterna competencia de egos que tiene con su padre. A la luz de los hechos pareciera que la aventura de Mauricio, de ser mejor que su padre, arrastró a todos los argentinos a la crisis económica más profunda de la que se tenga memoria.

También comentan que Cristina y su banda organizaron el desfalco de la Argentina y que todo el dinero que se robaron –incluidos los fardos y fardos que contaban en La Rosadita– están debajo del mausoleo de Néstor.

Leyendas urbanas, mentiras verdades o señales de que la Argentina es un país de desquiciados, de adictos a los populismos, a los políticos mentirosos y caraduras.

Como decía don Julio Grondona: “Todo pasa”. El asesinato de Nisman, el autoritarismo de Milagro Sala y su “ejecutivo provincial” paralelo, las confesiones de Leonardo Fariña, La Rosadita, los trenes viejos de la estación de Once, las acusaciones de narco contra Aníbal Fernández, las novelas de Andrea del Boca y la administración del choreo diligenciado por Julio De Vido… solo era una ficción de Clarín, no hay nada que temer.

Pareciera ser que no existe otro candidato para presidente en 2019, más que estos dos impresentables que dejaron al país en estado de coma.

La Argentina enfrenta otra elección polarizada por dos “nombres” y no dos “partidos”, y eso es lamentable. La dicotomía con la que enfermaron a ambas mitades de la Argentina estos dos caraduras, es con lo que el país va a encontrarse en 2019. Pobre de nosotros.