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Lo van a juzgar después de muerto

Se trata de Erwin Cardozo, un preso que estaba esperando su juicio por un delito menor, fue ultimado por otro interno de nombre Nahuel Federico Muñoz de 23 puntazos, dentro de su celda. Paradojicamente será juzgado desde el 21 de agosto próximo y ya no en cuerpo presente. Los puntos más flacos y oscuros de un sistema penitenciario que de “correccional” no tiene absolutamente nada, solo se trata de un depósito de gente indeseable para una sociedad pacata e hipócrita

Esta trágica historia podría decirse que inicia el 13 de julio de 2015, alrededor de las 3 de la mañana, cuando Roberto Lucas Aricuri ingresó junto a dos amigos al local bailable El Cairo. Allí se encontraron casualmente con Nahuel Federico Muñoz y su hermano. Alrededor de las 5 de la mañana, Aricuri, un amigo suyo, Muñoz y el hermano de éste se retiraron a un departamento que Roberto Aricuri tenía a su cuidado en barrio Arturo Illía.

Estando en una de las habitaciones se produjo una discusión entre Nahuel Federico Muñoz y Roberto Aricuri, quien resultó gravemente herido con un cuchillo. Una lesión recibida en el tórax fue la que finalmente ocasionó su deceso.

En los primeros días de agosto de ese año, Muñoz fue juzgado y condenado a 11 años de prisión por el asesinato de Lucas Aricuri ocurrido, como ya se señaló, en el barrio Arturo Illía, atribuyéndosele el hecho a un contexto de ingesta alcohólica.

Así es que el asesino Nahuel Federico Muñoz fue a parar al pabellón donde están alojados los criminales de alta peligrosidad. Por razones que aún no se pueden explicar Erwin Cardozo, quien esperaba juicio por un delito absolutamente menor, más precisamente por robo “de unos pocos pesos a una empresa representante de marcas multinacionales”, según le dijo la viuda de Cardozo a El Tribuno, coincidió trágicamente con Muñoz, con quien debió primero batirse en una pelea en un baño del penal.

Al parecer después de esa violenta confrontación, Muñoz se dirigió a la celda de Cardozo, donde le asestó 23 puntazos, presumiblemente acompañado por dos cómplices más. Como consecuencia de semejante acto de violencia, Cardozo resistió 12 días en el hospital después de tres intervenciones y murió.

Así es que Erwin Cardozo llega a juicio ya sin vida, enterrado en una triste tumba, después de haber sido ajusticiado a puntazos en el infernal penal de Villa Las Rosas, y para peor es muy probable que la Justicia salteña lo condene por su delito de robo.

Mientras Nahuel Federico Muñoz, ya con dos muertos en su frondoso prontuario, goza de toda la impunidad posible, en un correccional que está muy lejos de cumplir con los objetivos que el sistema judicial le exige.

Depósito de gente

Según reflexiona Michel Foucault, “prácticamente al fin del siglo XVIII, la prisión no era un castigo legal: se aprisionaba a las personas simplemente para retenerlas antes de procesarlas y no para castigarlas, salvo en casos excepcionales”.

En la actualidad está instituido –erróneamente– que aquellos penados y confinados por diversos delitos deben sufrir, padecer tormentos e incluso ser sodomizados por los más fuertes. Por cierto “peticiones” de los “pseudo justicieros” anónimos que proliferan online en las redes sociales cada vez que se enteran de que condenaron a algún delincuente de mayor o menor cuantía que el resto de los marginales que suelen componer las capas más bajas de la sociedad.

Por otro lado no sorprende que en ciudades como Salta, el hospital psiquiátrico y la cárcel estén ubicados en un rincón de la ciudad, lejos del tumulto céntrico, donde los ciudadanos más beneficiados por una situación social de pertenecía a las clases acomodas, permanezcan lejos de esos “indeseables”. El agua no se mezcla con el aceite, dicen.

Es obvio que el objetivo de ubicar “loqueros”, cárceles e incluso cementerios, lo más alejado posible de la dinámica social más pujante, guarda una lógica perversa.

¿A quién puede importarle que la viuda de Erwin Cardozo haya quedado con tres hijos a la buena de Dios?

Absolutamente a nadie y menos aún a los pacatos de una sociedad hipócrita como la salteña, a quienes no les importa la suerte que pueda correr un condenado por delitos menores, ejecutado por un violento asesino como Nahuel Federico Muñoz, un verdadero paria, a quien mezclaron en un pabellón con otro que no debía estar allí. Pero claro, que puede importarle a los funcionarios de la Unidad Penal de Villa Las Rosas, cuando ni siquiera les importó la vida de Andrea Neri mientras el Chirete Herrera la asesinaba en una visita íntima.

En estos depósitos de gente olvidados de Dios no se cumple con la más mínima norma estipulada por el Poder Judicial y el sistema punitivo que jamás funcionó en un lugar plagado de seres que a nadie les importa.

Foto de la nota: Informate Salta