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#Rusia2018 / El Renacido

Sin dudas que el Messi que enfrentó a Croacia no es la misma persona que enfrentó a Nigeria. Serio, concentrado, enfocado al máximo y con los ojos bien abiertos, como queriéndose “comer” a sus rivales. Lejos quedó aquel Messi que se agarraba la frente y bajaba la cabeza. ¿Apareció el guerrero o el sueño se termina frente a los galos?

Por Iggy Rey

Ver la imagen de Lionel Messi frotándose la frente la tarde contra los serbios y ver la furia en sus ojos frente a los nigerianos es la semiótica exacta de la resurrección en el sentido lato de la palabra.

Su redención parece haber llegado después de que pasaran cuatro mundiales y aun la foto con la Copa FIFA no aparezca acariciando sus manos. Pero antes de contabilizar los mundiales perdidos habría que recorrer la pesadilla que vivió en los últimos días.

Los rumores de la crisis matrimonial con su mujer, la mención de los Panamá papers –por cierto mala palabra en eras macristas–, más los rumores de su liderazgo que solo provocaba camarillas y divisiones en el vestuario argentino, el cual era una verdadera hoya a presión que en cualquier momento estallaba. Se le cargó toda la responsabilidad del fracaso porque su actuación frente a los croatas fue la peor de su vida… no solo del mundial y de su paso por la Selección, fue la peor desde que sorprendió a todos en un potrero de Santa fe.

Ahora Messi tiene la oportunidad de salir del fango, de trepar a la cima y de gritar a los cuatro vientos que está vivo, tanto como su vilipendiado grupo de compañeros, quienes hasta antes del duelo contra Nigeria eran unos millonarios inútiles, a quienes nada les importaba más que regresar cuanto antes a sus vidas idílicas.

Tal como le tocó a Hugh Glass luchar contra las adversidades y sobrevivir como Dios le ayudó. Metafóricamente los problemas personales de Messi, fueron tan pesados como el oso que dejó malherido Glass en medio de las montañas. Igual que el famoso trampero de las fronteras de Scranton, Pensilvania, deberá continuar con la jornada hasta llegar a la redención absoluta.

Ahí está con los brazos al cielo implorando que esta vez las adversidades no quiebren su atormentada mente, ya habrá tiempo para recuperar todo lo perdido. Le llamaron “pecho frio”, lo insultaron hasta el hastío, lo trataron de infiel a la bandera y lo consideraron afuera de la copa del mundo antes de la primera ronda.

Increíblemente y tal como Hugh Glass, el rosarino sobrevivió y se puso a la altura del líder que nunca fue y que ahora lo es.

Solo resta ver si llegará a la montaña y desde allí reclamará lo que es suyo, lo que le corresponde. No solo despertó, también sobrevivió.