Dos casos seguidos cronológicamente uno del otro por solo meses se sucedieron en la tranquila ciudad de Salta, donde un “peligroso” silencio reina entre los miembros de una sociedad conservadora y patriarcal. En el seno de esa sociedad un homicida puede asesinar a más de una víctima y aun así su condena será de 35 años.

Por David Germán Gorriti

Algunos puntos en común alcanzan a los casos de Gaspar Cinco y “Chirete” Herrera. Ambos son dobles homicidas, ambos fueron condenados a perpetua y en ambos casos se registró un peligroso silencio, el cual omisamente acompañó los sucesos.

Hubo personas cercanas que presenciaron todo, casi en tiempo real, y no dieron aviso a las autoridades acerca del peligro que las victimas corrían. Quizás se trate de la idiosincrasia de una sociedad afecta al “no te metás”.

Ya en el terreno técnico-legal la perpetua en la Argentina no hace honor de lo que la palabra significa conceptualmente. No es para siempre, es por 35 años a partir de que el juez lo ordene.

Según el penalista, Luciano Romano –MP 5515–, consultado por MUY CRITICO indicó que “la privación de la libertad de por vida no existe como en los EEUU, ya que recuperan su libertad a los 35 años mediante libertad condicional. Pero a toda regla hay excepciones como el caso de Robledo Puch el cual lleva cumpliendo más de 40 años”.

Según su opinión, Romano expresó: “Para mí consideración endurecer las penas no es la solución, pero rebajar las penas en este momento de tanta inseguridad sería burlarse de la sociedad (…) Debemos recordar que nuestro código penal es sancionatorio y no preventivos, es decir que castiga una vez cometido el hecho, por lo que deberíamos métodos preventivos como la educación y no sólo recurrir a condenas más severas, la cual no son la solución”.

El castigo

En su obra más consultada, Michel Foucault considera que el delito ataca a la sociedad entera, que tiene el derecho de defenderse de él y de castigarlo. El castigo ya no puede concebirse como una venganza, sino que se justifica a partir de la defensa de la sociedad y de su utilidad para el cuerpo social (aparece, así, la importancia de la prevención del delito).

Foto: La Nación 

Continuando este planteo se considera a la Justicia como el órgano legal que debe proteger a la sociedad de estos violentos, quienes han demostrado, tanto en el caso de Herrera como de Gaspar Cinco, una frialdad y una falta total de culpa al momento de llevar a cabo sus brutales crímenes.

Pues bien, las ópticas del castigo y por ende el efecto punitivo, para algunos puede ser absolutamente liviano e injusto. En el caso de los familiares, la pérdida es irreparable y por más esfuerzos que todo el sistema judicial lleve adelante, jamás el castigo del perverso será suficiente.

Para otros, como observadores externos y opinologos del Derecho y sus prácticas, quizás se trate de un castigo excesivo, ya que en el terreno de la practica y cuando se haya producido su muerte social, un tiempo después el penado morirá inexorablemente en ese depósito de gente, donde la vida no vale absolutamente nada.


Son 12775 noches de las cuales recién lleva cumplidas un poco menos de 365, en el caso de Gaspar Cinco, a quien los seres infrahumanos que reptan las noches en los pabellones de ese infierno serán los encargados de hacerle sentir todo el peso punitivo sobre alguien que debe pagarle a sociedad su deuda, sin mencionar la sodomía y las golpizas. Más el encierro, la falta de atención medica, el hacinamiento y la falta de higiene harán el resto. Por cierto, consideraciones que ni cruzaron por la enferma mente del envenenador cuando vertía las cucharadas de cianuro en la botella morada con la que asesinó a sus víctimas.

Aunque Gaspar Cinco no sobreviva los próximos 10 años si quiera, deberá escuchar los gritos de sus víctimas en una litera ubicada en un frio rincón del pabellón más sombrío que cualquier mortal se atreva a imaginar.

Al parecer y siguiendo como simples observadores desde una óptica alejada de toda subjetividad, siempre en estos casos cabe la pregunta ¿no lo pensaron antes? ¿acaso no analizaron el efecto punitivo? ¿cuán estúpidos, perversos o sádicos fueron estos sociópatas? son preguntas que jamás podrán ser respondidas, ni siquiera por un profesional de la salud mental, ya que ni todas las competencias pueden abrirse paso en ese espacio inexpugnable que es la mente de una de estas bestias.

La ley y sus efectos

¿Cuál es la explicación técnica de que a cada uno de estos parias no le dieran dos cadenas perpetuas por cada víctima?

El doctor Javier Latorre –MP 2589– lo explicó a éste medio. “En nuestro país fue muy debatido este tema y al respecto de pronunciaron la corte a favor de que la perpetuidad no debía ser para toda la vida del condenado ya que esto va en contra de los distintos tratados que firmo Argentina y que poseen jerarquía constitucional”.

El perverso pirómano Andres Cruz, quemó viva a su pareja Cyntia Carolina Saracho, quien agonizó cuatro días

Por ahora la perpetuidad no es potestad del sistema de penas en la Argentina. Quizás algún día los perversos como Gaspar Cinco o Chirete Herrera; o quizás otros casos aberrantes como el de Andrés Alejandro Cruz, el pirómano que quemó viva a Cyntia Carolina Saracho, tengan un castigo de por vida y jamás vuelvan a ver la luz del día.

No se trata de dar el ejemplo como otros países, tampoco se trata de endurecer las penas hasta llegar a un punto en que la curva social entre los “sociables” y los “parias” se estire cada vez más, lastimando el tejido social de formas más onerosas.

Debe ser de por vida porque es lo que corresponde, ni más ni menos.

Imagen del fotomontaje: El Expreso