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“Beatriz at dinner” le da otro cachetazo a la era Trump

En la última película del director Miguel Arteta una latina interpretada por Salma Hayek rompe con los esquemas del conservadurismo yanqui y pone énfasis sobre el debate acerca de cómo la opulenta vida de algunos va en detrimento de la felicidad de los menos favorecidos

Por Iggy Rey

La presencia latina en Hollywood sigue despertando los más variados conceptos con respeto a los meta mensajes con los que permanentemente el séptimo arte le sigue recordando a los conservadores del gran país del norte lo equivocados que están, con sus actitudes ecocidas y sus malsanas etiquetas prejuiciosas.

“La gente cree que todavía uno anda en burro, hay una falta de conocimiento sobre de dónde somos, de dónde venimos, qué sentimos, qué queremos”, le dijo Salma Hayek a la agencia de noticias AFP, después del estreno de la película, la cual entró al mercado latino como “Una cena incomoda”.

Por su parte la actriz mexicana dijo: “Creo que lo más importante que esta película puede hacer es dar pie a la conversación entre dos estadounidenses, porque me interesa entender cómo piensa la gente que piensa distinto a mí”, concluyó Hayek.

El film viene precedida por buenas críticas y ha cosechado el elogio de quienes ya la vieron. En tanto Hayek destacó el trabajo premonitorio del guionista Mike White, quien estructuró la historia antes de que Trump llegara a la Casa Blanca.

“No fue a propósito”, dijo la protagonista, quien interpreta a Beatriz, una inmigrante y “sanadora” quien tiene que quedarse para la cena en la casa de unos ricachones, incluso cuando veladamente nadie, ni siquiera a quienes ha sanado, quieren que lo haga.

Resulta que Beatriz ha colaborado activamente durante la etapa más complicada del cáncer que padece la hija de Kathy –Connie Britton– dueña de la mansión en la que se desarrolla la trama. Su automóvil, un Golf del año del arquero, la deja a pie a mitad de la nada, donde estas suntuosas mansiones hacen pie.

Salma Hayek y el director Miguel Arteta durante una entrevista  Foto: GETTY IMAGES

A pesar de que la acaudalada dueña de la casa está en la vereda del frente en lo que hace a la vida social de Beatriz, su agradecimiento por haber contenido a su hija no llega a ajustarse a las exigencias de quienes formarán parte de la cena. Uno de ellos es un filántropo interpretado maravillosamente por el experimentado John Lithgow, llamado Doug Strutt, quien parece tener el rostro y el alma de Trump.

El personaje de Salma esta tan bien contrastado entre esas mujeres elegantes y glamorosas que destaca una ocurrencia fantástica del director, Miguel Arteta, quien les solicitó a las actrices Amy Landecker y Chloë Sevigny que utilizaran tacos muy altos para dejar a Hayek con su “chaparra” apariencia, muy “disminuida” ante las damas de la “High Society” americana.

Obviamente todos los caminos conducirán a que el magnate inmobiliario y la simplona latina se crucen malamente a mitad de la velada. Incluso antes de que llegaran a iniciar la cena, Doug Strutt le pide a Beatriz que le sirva un trago, confundiéndola con personal domestico.

La escena del “rondín” de comensales mostrando al pobre rinoceronte muerto –sin ánimo de espoilear– es uno de los momentos de mayor tención de todo el film y el mayor acierto al momento catártico de mostrar la psicología de la protagonista.

“Una cena incomoda” más allá del necesario mensaje de la industria del entretenimiento para con las políticas migratorias de EE. UU., es uno de esos films que recuperan la buena costumbre de ver a “actores actuando” y el desarrollo de un guion solido, sin golpes bajos ni vueltas de tuerca innecesarios.