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“Cómo filmar una XXX” o el homenaje permanente al cine clase “B”  

Manuel Escalante dirige su primera película mexicana basada en la historia de un director desesperado por la falta de propuestas, a quien lo contratan para realizar un film porno. Los permanentes guiños al cine de Ed Wood y el alto grado de artesanía e ingenio estético son los puntos más fuertes de esta magnífica comedia

Que el cine mexicano vive su momento de mayor esplendor ya no es un secreto. A los enormes logros de Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro, se le suman talentosos que estrenan sus operas primas y son un verdadero hallazgo.

Es el caso de Manuel Escalante, quien según el portal amqueretaro.com, declaró que ésta historia “es para reírse de la industria, en el que solo hay un pecado y es que a veces los cineastas somos un poco pretenciosos y pensamos que en esta labor sólo nos definen los festivales”, subrayó.

En 1994, Tim Burton dirigió en blanco y negro y sin éxito una película de culto titulada “Ed Wood”. Aun cuando el protagónico es para Johnny Depp, paradójicamente no logró recaudar lo que habían invertido, pero si estableció todo un debate acerca de cómo, la historia del peor director de cine de todos los tiempos puede resultar siendo algo fascinante.

El maravilloso cine clase “B”

Ahora es Manuel Escalante quien se adentra en esa atmosfera dotada de toda una magia que impregnó al cine antes de la década de 1950, cuando estas cintas eran destinadas a ser distribuida sin publicidad como parte de una doble función. El término connota la percepción negativa que el público en general tenía hacia este cine; el cual se consideraba inferior, al punto de ser ignorado por los críticos, según describe Wikipedia.

Para lograrlo el director de “Cómo filmar una XXX”, convoca al cantante Miguel Islas, Carmen Aub, Alejandra Adame, Carlos Macías, Alejandro Ibarra, Marina Victoria y al “esqueleto” de “Nacho Libre”, el talentoso Héctor Jiménez, quien le imprime a éste film todo el componente necesario para darle el toque bizarro justo.

Vale la pena hacer hincapié en éste personaje en particular. Héctor Jiménez tuvo sus 15 minutos de fama al lado de Jack Black, por lo que es un rostro conocido dentro de la comedia latina, aunque su personaje de “Troncoso” es la bisagra a partir de la cual se plantean los contrastes culturales.

Aquí interpreta a un sonidista cristiano practicante, quien ignora absolutamente que está dentro de un set de película porno; aun reprimiéndose en sus instintos más básicos, ya que los gemidos de las “actrices” le han despertado sus apetitos sexuales mas lascivos, por lo que su apellido hace honor a sus atributos, cosa que notará una de las pseudo-pornostar que el director convocó.

A su vez aparece la figura de un productor que le ofrece un jugoso contrato al personaje de Miguel Islas, quien no sabe como contarle a todos que se trata de una XXX, por cierto secreto que solo comparte con su amigo y camarógrafo Gudelio, quien está desesperado por “advertirles” a todos de que no se trata de una película “convencional”.

La verdadera maravilla de estas manifestaciones audiovisuales reside en el permanente homenaje a un género injustamente vilipendiado, ya que era producido con un entusiasmo y una mítica inusitada, la misma que casualmente se percibe en esta maravillosa cinta mexicana, casi de culto.

El hilarante argumento

La historia tiene como eje a Ulises Alpuyeca (Miguel Islas), un director de cine que busca su primera oportunidad para filmar una película. Tras varios rechazos llega por fin la oportunidad que tanto buscaba cuando recibe la llamada de Lucilo Ferrer, exitoso Productor de Cine, para ofrecerle dirigir una película.

Emocionado, asiste a la cita y es cuando Lucilo le pide que le haga una obra maestra. Ulises firma un contrato, pero al recibir el guión descubre que no es lo que él creía: se trata de una película porno. Tras un largo debate con su amigo y fotógrafo, Gudelio Medina, decide filmarla.

Foto: imdb.com