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Los secretos mejor guardados de la guerra

Rafael Cornejo Sola cuenta detalladamente en esta entrevista como la Aviación Naval y Fuerza Aérea lograron burlar a los sistemas de detección de la poderosa flota británica y hundir buques enemigos durante el conflicto del Atlántico sur

Rafael Cornejo Solá es el gerente general de la empresa Andes Líneas aéreas. En su extensa carrera fue designado Comandante de la Aviación Naval con asiento en la Base Naval de Puerto Belgrano (Bahía Blanca); formó parte de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina, donde se desempeñó como Segundo Comandante.

Fue designado como representante de la República Argentina en el Colegio Interamericano de Defensa y en la Junta Interamericana de Defensa en Washington DC, entre una cantidad importante de logros profesionales. Hoy en día dirige exitosamente Andes, desde donde concedió una entrevista a MUY CRITICO. En la misma relata en una primera parte el secreto mejor guardado de la guerra, es decir como lograron burlar y atacar con éxito a la poderosa Royal Navy.

En una segunda parte de la nota, la cual será publicada en breve, cuenta como Andes logró posicionarse en un mercado altamente competitivo, implementando vuelos Low Cost y otras estrategias exitosas de venta.

MUY CRÍTICO –¿Cuál era tu misión y qué edad tenias al momento de la guerra?

Rafael Cornejo Sola –En el año 1982 yo tenía 26 años y la misión que teníamos –la escuadrilla nuestra– era el rol de los aviones Tracker, la cual era “antisubmarino”.

La protección antisubmarina de la flota la daban nuestros aviones junto con otros elementos, es decir, destructores, helicópteros. Pero básicamente era la defensa en profundidad contra los submarinos. La protección antisubmarino la dan los Trakers con sus sonoboyas, con todo su sistema acústico para detectar a los submarinos bajo el agua. Esa era la misión principal que teníamos.

Cuando la guerra se desarrolla, comienzan a pasar los días y se sabe que ya hay submarinos nucleares en el área, que son complicados para los medios que teníamos en ese aspecto.

Se nos fue cambiando el rol de la escuadrilla. Entonces tuvimos que hacer eso, pero además para que un avión de ataque, un Skyhawk o un Super Etendard, ataque un buque en el mar hay que avisarle donde está. No puede salir él a buscarlo.

Entonces esa misión hacíamos nosotros, salimos con protección antisubmarina y búsqueda de superficie. Se detectaba el blanco: Sheffield, Atlantic Conveyor… se le pasaba la posición a tierra, y desde tierra se le decía a los aviones de ataque: salir a tal punto a atacar. Ellos salían ciegamente a ese punto, se encontraban con el barco y lo atacaban.

MUY CRÍTICO –¿Ustedes no atacaban?

No atacábamos. Pero cuando nos acercábamos al blanco siempre había una represalia por parte de la flota inglesa hacia nosotros.  Éramos lo que los ingleses llaman el “looking for”, que saben que es el avión que está emitiendo.

Estábamos a 250 o 300 millas mar adentro y sabían que los estamos buscando, porque el radar que teníamos emite una onda. Ellos tenían un contramedida en los barcos que les avisaba. Cuando eso ocurría lanzaban las patrullas de Harriers a perseguirnos y a tratar de derribarnos. Era un juego que hacíamos entre el gato y el ratón permanentemente.

MUY CRÍTICO –¿Cómo lograron un entrenamiento como el que tenían ustedes?

Yo estuve como oficial, llegué al 82 con seis años de oficial, es decir seis años de piloto. Tenía alrededor de 1600 horas de vuelo que las obtuve adiestrándome. Durante esos seis años muchas veces, unas tres veces por año, operamos con las marinas rectoras del mundo.

En los años 1979, 80, 81, 82… antes de la guerra se operaba con EE. UU. y el adiestramiento que teníamos, es decir la aviación naval, era exactamente igual al que tenían los pilotos de EE.UU. Era igual, los medios distintos igual.

Sumado a que nosotros teníamos dos buques: la “Santísima Trinidad” y el “Hércules”, que eran “gemelos” del Sheffield. En 1974 la Argentina encarga dos buques misilíticos, uno es el Sheffield y el otro es el Hércules. Uno al lado del otro en gradas iguales, idénticos.

En 1977 los buques van al agua. Uno viene para la Argentina y el otro queda en Inglaterra. Ambos son los buques más importantes y con mayor capacidad antiaérea que tuvo la guerra. Entonces el Hércules era el buque con el que nosotros nos adiestrábamos. Similar al Sheffield.

MUY CRÍTICO –O sea que ustedes tenían conocimiento cabal de las armas que tenía el enemigo…

Nosotros sabíamos perfectamente de que el Sheffield tiene dos radares importantes: el 965 que es el control aire, es decir de todo el espacio aéreo; y el 992 que es el de control de tiro, que es el que ya te tiene centrado, que es el golpe final. Entonces nosotros hacíamos la aproximación bajo el lóbulo, que significa acercarse al buque sin que el radar te detecte.

MUY CRÍTICO –¿Serán unos 15 metros del agua?

Unos 30 metros del agua. Es decir que a 30 metros el radar no tiene cobertura para detectarte, detecta la altura. Entonces nos acercamos lo más que podíamos para sacar en el caso nuestro la posición lo más exacta posible.

En el caso de los aviones de ataque, mientras más tarde lo detectaban más chance tenían de llegar al objetivo. Por eso los A4 –Skyhawk– volaban tan bajo. Mientras más bajo volaban, más chance tenían de llegar al objetivo. Ellos –los ingleses– no sabían que venía el ataque.

MUY CRÍTICO –El éxito fue porque ustedes tenían exactamente la misma arma, entonces con eso la probaban y sabían hasta donde podían llegar al ras del agua…

Nosotros sabíamos por ejemplo… (piensa) hay un libro que se llama “Los cien días”, de Sandy Woodward, que es un muy buen libro, siempre lo recomiendo porque es el libro más objetivo que vi de Malvinas.

Allí Woodward habla de la capacidad de la Argentina, ya que no difiere entre Aviación Naval y Fuerza Aérea. Después de detectarlos a ellos y como había un tipo de avión que no lo pudieron detectar nunca, que éramos nosotros.

Porque sabíamos cuando ellos nos tenían, entonces teníamos todo un equipo electrónico, que es un osciloscopio que detectaba la señal del radar del barco, de cualquiera de los que estuvieron en la guerra. Nosotros sabíamos cuando ellos nos empezaban a detectar y ahí bajábamos.

El radar emite la señal, la cual “pega” en el avión y vuelve. Si yo bajo, el eco sale y no vuelve, entonces el barco no sabe que yo estoy volando. Básicamente es así.

Había una cosa muy particular, en el avión nuestro no había una firma calórica muy grande, porque no tiene turbina, eran motores de explosión. Entonces el misil Sidewinder, que es el misil que tenían los ingleses, se seducía por el calor de la turbina. Entonces como el avión nuestro no tenía tanta firma calórica el misil no se enganchaba en nosotros, por lo que ellos nos tenían que ver –visualmente– para poder tirarnos con cañones. El misil no les servía.

Para vernos ellos tenían que bajar, nosotros volábamos muy bajo. Ellos no querían bajar, entonces nosotros subíamos lo que podíamos para emitir a nuestro radar y rápidamente bajábamos y ahí estábamos.

Nosotros sabíamos que ellos estaban ahí porque teníamos un analizador de espectro de frecuencia electromagnética, donde sabíamos qué radar de cada medio estaba en el aire. Nosotros teníamos identificado al radar del Harrier.

Entonces sentíamos que había un Blue fox (radar del avión ingles) y sabíamos que era un Harrier que nos estaba persiguiendo.

Cámara: Hugo Medina