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#GasparCinco / Con todo en contra

Las jornadas correspondientes al 2 y 3 de mayo de 2018 fueron funestas para el único imputado en el juicio que se le sigue por los asesinatos de Alejandra Parraga y su pequeño hijo Amir, más el intento de homicidio una semana antes del niño. Los testimonios de Roberto Ariel Acosta, el pescador que salvó al pequeño y los chats fueron prácticamente la sentencia servida de una condena a perpetuidad por los atroces crímenes cometidos

SALTA. 03-05. El cabo primero Acosta, del Servicio Penitenciario y los chats exhibidos por el ingeniero en sistemas del Cuerpo de Investigaciones Fiscales, Eduardo Mauricio Guaymás, enterraron a Franco Gaspar Cinco y lo dejaron en las puertas de una condena de 35 años a la sombra.

Los funcionarios judiciales que intervienen en el debate oral y público coinciden en que la clave para desentrañar la horrorosa trama fue la instrucción llevada de forma prolija y contundente por parte del Ministerio Publico Fiscal, a cargo de Ramos Ossorio, quien le adelantó a MUY CRITICO durante esa etapa, pormenorizadamente de todas y cada una de las fechorías que el acusado había cometido los días previos a las dos espantosas muertes de las víctimas.

En cuanto a Acosta, relató el momento exacto en que el pequeño colgada de una rama. “Repitió varias veces papá y cuando corrí en esa dirección lo vi agarrado de unas ramas y gracias a Dios lo pude rescatar”, describió el testigo ayer.

Para desgracia de Gaspar Cinco el relato de Acosta es coincidente en un 100 % con lo declarado por una amiga de Alejandra, quien había hecho el relato completo la tarde del paseo por el dique, una semana antes de que las victimas cayeran fulminadas por el cianuro.

Chat fatal

En tanto Eduardo Mauricio Guaymás, el técnico que tuvo a su cargo la tarea del rescate de las conversaciones vía Whatsapp del imputado, dejaron evidenciado su comportamiento y su encono con el niño.

Según lo registrado en los mencionados chats, el día 23 de mayo el imputado invitó a Alejandra a pasar el feriado del 25 en el dique Cabra Corral. Ella le respondió que primero se lo iba a contar a Amir, finalmente aceptó la invitación.

“A Amir no lo soporto, necesito estar a solas con vos”, fue una lapidaria línea de dialogo a lo que siguieron una verdadera catarata de rabietas referidas todas en el mismo tenor.

“Lo mato si querés (…) el pendejo y su comportamiento son el problema (…) perdón si en algún momento llego a hacer algo”; para luego pasar a las ominosas estratagemas en su intención de llevar a cabo su macabro plan. “Lo engañemos diciéndole que es agua. Llevaré agua en mi botella morada”.

Falto de una conciencia total en el hecho de que todas las conversaciones que los usuarios de ese servicio de mensajería online escriben y envían, absolutamente todos quedan guardados en los servidores.

“Mi vieja no quiere que salga con una mina con hijos sino me cambia el juego de llaves”, decía jocosamente en otra línea de dialogo, dando cuenta del odio visceral que experimentaba ante la sola presencia de Amir.

Pasado el final de la audiencia, todas las partes y el juez Ángel Amadeo Longarte se dirigieron con destino al dique Cabra Corral, donde se realizó la inspección ocular solicitada por la defensa técnica del imputado.

Mañana viernes declarará finalmente Gaspar Cinco, en lo que redondeará el final de un juicio en el que se demostró acabadamente la participación del imputado en el doble crimen que dejó perpleja a la sociedad salteña, ya que jamás se había tenido noticias en el ámbito de la provincia acerca de dos crímenes de tal magnitud en lo que ha frialdad y premeditación refieren.

De espaldas

Otro aspecto que quedó acabadamente demostrado fue que el acusado de envenenar a su pareja y su pequeño hijo es un manipulador consuetudinario. A saber, en la jornada correspondiente al día 03-05, no se le ocurrió mejor actitud que la de darle la espalda a la familia de las víctimas.

Muchos de habrán preguntado para que lo hizo. La respuesta es simple: Gaspar Cinco es comunicador social, se graduó en la Universidad Nacional de Salta.

Desde el momento que comenzó a salir con Alejandra mientras desarrollaba su corta carrera como periodista, demostró una capacidad enorme para “hablar” mediante sus mensajes y la utilización de técnicas de lenguaje corporal. Justamente al darle la espalda a la familia de sus víctimas claramente les “dijo” lo “poco y nada” que le importa a él del dolor, la bronca y la impotencia que puedan estar experimentando.

Por otro lado utilizó otro método que lo “aisló” de las miradas de todos los presentes en la Sala de Grandes Juicios. Nunca miró a nadie más que no fuera el juez, mientras gastó océanos de tinta escribiendo en papeles que su defensor le iba dando, conforme se desarrollaban las audiencias. De ésta manera evitó todo contacto visual con quienes sienten el inimaginable dolor que les causó con su macabra obra de terror.

Foto: Fiscalespenalesalta.gob.ar