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#Senna / 24 años sin Ayrton

El 1 de mayo de 1994 en Ímola, Italia, se mataba en la curva de Tamburello, quizás el mejor piloto de todos los tiempos. Su muerte cambió para siempre la historia del deporte motor. Solo tenía 34 años. Su legado es enorme, su fundación alberga a miles de niños cariocas pobres. La leyenda de la F1 trascendió al deporte en sí y a su nacionalidad. Senna es de todos

Por Iggy Rey

Ver correr a Ayrton Senna era una sensación inexplicable. Si existe algo que pueda graficarles al día de hoy lo que éste piloto era capaz de hacer, por citar una de sus hazañas, fue su bautismo de fuego en Mónaco.

Probablemente la épica de Senna en 1984 sea la mayor hazaña de un piloto sobre un automóvil de carreras en todos los tiempos. Ayrton llegaba a ese compromiso con un Toleman-Hart, una humilde escudería creada por los hermanos Ted y Bob Toleman.

Aquel día y bajo una cortina de agua el piloto carioca dio una acabada cátedra de manejo en lluvia. Con un automóvil totalmente indócil y un motor de poca potencia superó en pista a todos… literalmente a todos los pilotos que estaban ese día en el circuito, corriendo con las mejores maquinas. Ayrton solo tenía 24 años.

Dio cuenta de grandes campeones con maquinas infinitamente superiores a la suya, ninguno estuvo ni por  cerca de su rendimiento. Al final solo quedaron en pista él y Alain Prost con un poderoso Mc Laren, a quien el paulista también superó, pero lamentablemente y por reglamento, la carrera ya había terminado, ya que ningún gran premio puede extenderse más de dos horas.

De todos modos Senna fue el ganador de la gente y el mundo se rindió a sus pies. Aquella carrera mostró al mejor de todos, y probablemente el más grande piloto de todos los tiempos, solo comparable a nuestro querido “Chueco” Fangio.

El duelo con Prost

El automovilismo no suele ser un deporte de masas como el futbol. En la actualidad ocurre exactamente lo mismo que en aquellos años. Pero claro que la excepción hace a la regla. Aquel duelo puso a todo el planeta frente al televisor. La imagen de los dos autos blancos y rojos peleando rueda a rueda fue un duelo que trascendió todas las barreras culturales.

Corría 1988, cuando McLaren decidió potenciar sus maquinas con un poderoso motor Honda, lo que lo llevó probablemente a ser el auto más dominador de la historia de la F-1 en relación a sus rivales.

Una perfecta combinación de motor potente, un chasis legendario y dos grandiosos pilotos los llevó a ganar todas las carreras de la temporada, salvo Italia, donde Senna –quien más– lideraba hasta dos vueltas antes de la meta: un toque con un rezagado lo dejó fuera de carrera y le dio la victoria en bandeja a la Ferrari de Gerhard Berger.

Foto: El Mercurio

Salvo ese incidente, todo ese año, los dos autos se batieron en un duelo inolvidable. Al principio eran todas sonrisas para las cámaras y “buena onda”, no por el motor, sino por las directivas que recibían del director del equipo Ron Dennis, quien pasó a la historia como un precursor en anular las aburridas órdenes de equipo.

Aun así estos dos se odiaban y no para la “gilada”, la bronca era en serio. Prost: El prolijo francés que privilegiaba el conservadurismo por encima de alguna locura; lo de Senna era totalmente contrapuesto. A Ayrton le hervía la sangre por ganar… siempre.

En 1989 la rivalidad explotó con todo. Un incidente en San Marino, donde Senna no habría respetado un acuerdo previo sobre quién llegaba en primer lugar a la primera curva, inició una escalada de conflictos que creó un ambiente “fétido” en McLaren puertas adentro. Prost se sintió desplazado, ya que veía que Honda, Ron Dennis y el grueso de los mecánicos preferían a Senna. Molesto, firmó para Ferrari en 1990 a mitad de temporada, por lo que era público que el favorito del equipo para el título era Senna… aunque Alain iba sumando más puntos.

Su primer campeonato

El 30 de octubre de 1988 en Japon, Ayrton mostraría otra de sus hazañas al mundo. Era la decimoquinta carrera del año y todo Brasil había madrugado para ver a su héroe nacional ganar por primera vez el campeonato del mundo. De hecho era toda Sudamérica quien se había tomado la libertad de “adoptarlo” como el hijo deportivo que todos queríamos que fuera.

Ese día partía en primer lugar y en caso de ganar sería campeón mundial por primera vez, por lo que la presión era enorme. De arranque en la largada, una falla en su McLaren lo dejó en la decimosexta posición. Obvio que Prost era quien lo acompañaba en la parrilla de salida y se hizo con el primer lugar.

Según Reginaldo Leme, comentarista de la Cadena O Globo, pensó aquel día: “se acabó todo, se acabó el campeonato”. Pero en cuestión de un par de vueltas ya estaba en la octava posición. Entonces ocurrió su situación favorita: Empezó a llover. Así fue como escaló hasta la segunda posición, detrás de Prost.

Por supuesto esperó al arribo de la recta principal y allí hizo lo que todo piloto experimentado sabe que tiene que hacer: esperar la succión pegado a la cola de su rival para que el viento no lo frene, abrirse y la física haría el resto. Así fue como dio cuenta de Prost.

El resto de la carrera fue un trámite. Llegó en primer lugar después de una remontada de leyenda para el júbilo de todo Sao Paulo, para el delirio de toda la torcida brasilera y para el placer de todos aquellos que habíamos madrugado para ver como nacía la leyenda.

Otro día les contaré acerca de cómo murió un día como hoy en Imola, asunto que sigue quitándole el sueño a mucha gente. En lo personal prefiero escribir de su vida más que de su muerte.

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