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¿#GasparCinco está escribiendo sus crímenes en primera persona?

El acusado de asesinar a Alejandra y Amir ya está en las postrimerías de su condena, sin embargo su calma es cada vez mas estremecedora; tal como la del protagonista de la novela “El Perfume, la historia de un asesino”

Gaspar Cinco toma nota, apenas levanta la vista, mientras su abogado habla, él no deja de anotar. Toma nota con dos lapiceras, una de color roja y otra azul. Hace una pausa, apenas mira a un punto perdido en el espacio y piensa. Sigue anotando, mientras su defensor Agüero Molina interroga al testigo por el destino del frasco conteniendo el potasio de cianuro.

El acusado de envenenar a su pareja, Alejandra Párraga y al pequeño hijo de ésta, el niño de solo tres años Amir, continua tomando nota. Cambia de lapicera, apenas mira al juez. Su plano de visión solo está enfocado en el Tribunal unipersonal a cargo del doctor Longarte. Todo lo demás no forma parte de su visión periférica, nada lo distrae. Impertérrito toma nota mientras en el recinto se debate su suerte, la cual ya está echada. Todos se preguntan ¿qué es lo que escribe?

Gaspar Cinco como Jean-Baptiste Grenouille

En 1985 el escritor alemán Patrick Süskind publicaba “El Perfume, la historia de un asesino”. Inmediatamente se convirtió en un best-seller, traducido a más de cuarenta idiomas en todo el mundo. Luego vendría el salto a la pantalla en 2006, bajo el titulo “Perfume: The Story of a Murderer” de Tom Tykwer.

La novela se remosta al 17 de julio de 1738, en el lugar más putrefacto de todo París nace Jean-Baptiste Grenouille entre los desechos de pescado del puesto que atiende su madre, quien ya en cuatro ocasiones había dejado morir a sus anteriores hijos, ella piensa dejarlo perecer entre vísceras y desperdicios, pero el llanto del bebé delata su presencia y su madre es detenida, juzgada y colgada por el delito de infanticidio.

Imagen: Wikipedia

A partir de allí todos aquellos que se cruzan en su vida sufren desgracias y tragedias, pero lo único que le importa a Jean-Baptiste es descubrir el mundo a partir de su sentido del olfato, el cual se ha super desarrollado desde el instante en que vio la luz y en su nariz penetró el hedor de las viseras de pescado.

A partir de allí comenzará su macabro plan para lograr el perfume más exquisito jamás creado, el cual solo puede conseguirlo a partir de la esencia de siete vírgenes, cometiendo los horrorosos crímenes con la inconfesa idea de culminar con la “fragancia de Laura”.

El cronista de la muerte en tiempo real

–Necesitamos una ambulancia. El niño tomó agua y se descompensó.
–No corte
–No, no, no.
–Buenas tardes ¿el niño que tomó?
–Tomó agua y de pronto se descompensó
–¿Está consciente?
–Si, está consciente y está respirando
–¿Tiene alguna enfermedad?

Hasta ahí es la voz calma de Gaspar Cinco es quien habla con la operadora, quien le hace preguntas fútiles. De pronto es la madre la que irrumpe en el dialogo, tomando el teléfono desesperada…
–Le pasa algo… ¿mandó la ambulancia? ¡Necesitamos la ambulancia, la ambulancia! No me conteste pelotudeses… manden la ambulancia… ¡Amir! ¡Amir! ¡Amir!
–… Movil 444… (silencio y se corta el audio).

Como el más perverso cronista de la muerte, Gaspar Cinco le fue transmitiendo a su tarotista en tiempo real, como morían las víctimas y el momento de su detención.

–Me tenés que ayudar”
–Franco ¿Qué hiciste?”
–Me tenés que ayudar, estoy declarando. Esta todo calmo, me voy al velorio.
(…)
–Compre un polvo blanco, creo que era cianuro y lo puse en la botella que le di al bebe
–Franco y vos ¿qué sentís?
–Me preocupa mi trabajo, que va a decir mi familia.

El capítulo final
Tanto Jean-Baptiste Grenouille como Gaspar Cinco se guardan algo perverso entre manos hasta el final de la terrorífica historia.

Por parte de Grenouille es haber logrado la mejor esencia del mundo, con el costo del asesinato de siete vírgenes inocentes; y por parte del perverso y frío Gaspar Cinco, con el horroroso costo de dos vidas que se apagaron en el mismo instante. Quizás se trate de la novela más oscura jamás escrita, en tiempo real y por su propio asesino.