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#GasparCinco / Con la suerte echada

Dos testigos comprometieron seriamente al acusado del doble crimen. Declararon quienes intentaron socorrer a Alejandra en sus minutos finales de vida; el policía que lo arrestó y los dos amigos de Gaspar Cinco a quienes les había ofrecido un dinero por “desaparecer” al niño. Uno de estos conocidos del acusado perdió la compostura y el juez lo tuvo que llamar al orden

SALTA. 25-04. En lo que fue la jornada más tensa de todas las que tuvieron lugar en la Sala de Grandes Juicios, por los dramáticos momentos vividos. Uno de los testigos perdió la compostura; eso sumado a los testimonios desgarradores que dieron cuenta de los últimos y terrible minutos de Alejandra y su pequeño hijo Amir.

La primera testigo que prestó declaración indagatoria fue la señora Susana Argentina Nieva, vecina de la víctima. El fiscal Ramiro Ramos Ossorio, solicitó a la testigo que procediera a relatar los hechos acaecidos la fatídica tarde del 5 de mayo.

Nieva dijo que promediaban las cuatro de la tarde cuando sacó a pasear a sus perros y vio pasar a Alejandra y a Gaspar Cinco quien le hablaba. Refirió que nunca los había visto como pareja. En ese momento indicó que el acusado se le paró al frente para que no avanzara.

Al momento en que la testigo dijo querer socorrerla, “ella se desvaneció y salieron los muchachos del local de Toyota”; ya enterados del estado crítico y casi en simultaneo de que el niño Amir era trasladado a la Clínica de urgencia. “Uno de los muchachos dijo ¿no habrán tomado lo mismo?”

El fiscal preguntó puntualmente por el momento en que dijo haber visto pasar a Alejandra por frente a su casa. Que brindara más detalles.

“Iba con los brazos cruzados y los ojos cerrados”. Aseguró haber escuchado a Gaspar Cinco que le decía, “que te pasa, habláme. En ese momento él no la pudo sostener y cayó al piso”. Cabe aclarar que la testigo fue la primera en acercarse a socorrer a la víctima.

“Ella estaba como entumecida. Con los ojos entrecerrados como para atrás, los dientes apretados, estaba morada. Él nunca intervino, no decía nada, estaba ahí”. En cuanto al estado del niño agregó que Mariana, la mamá de Alejandra y abuela de Amir, le dijo que el chiquito no reaccionaba cuando lo llevaron.

Posterior a las muertes casi en simultaneo de las víctimas, la testigo indicó que un señor de apellido Zapiola, del local Toyota, dijo que “seguramente habían tomado algo”, que posiblemente se trataba de “lo mismo”. En tanto la testigo hizo otro aporte importante, en cuanto a que le había llamado la atención el trato de él hacia ella. De que la iba retando.

Inmediatamente fue llamado a declarar justamente Federico Saravia Zapiola, quien reconstruyó de manera trágica los últimos y fatales minutos de Alejandra. Para ese momento comenzó a sobrevolar un clima de dramatismo  en la sala, por lo que vendría. Es decir la terrible descripción de los desgraciados sucesos. “Se le volaban los ojos, se retorcía en el piso, tenía convulsiones. Mi hermano le tenía agarrada las piernas, mientras yo le agarraba la cabeza. Se contraía entera, ella tenía la piel de gallina. Él solo la miraba, no colaboraba en nada”.

Por su parte el juez le preguntó al testigo, cómo es que él llega a “decodificar” que el acusado estaba en ese estado, es decir de impavidez, de que prácticamente ni se inmutaba. “Cualquier persona que tiene sangre interviene, colabora, él nada. No se movía. No hacía nada”, respondió.

Testigo iracundo

Juan Daniel Arias es mozo en un restaurante de calle Oran y fue amigo en la escuela primaria de Gaspar Cinco. Este testigo es uno de los que el acusado le habría ofrecido dinero para asesinar al pequeño Amir.

Apenas el juez acabó de instruirlo, previo a su declaración, Arias lanzó la frase “Merece toda la pena”. Esto evidentemente sería el preludio de lo que luego vendría. “No tenía contacto con él”, dijo e indicó que el acusado le había enviado una solicitud en la red social Facebook, unos tres años antes de los hechos. Los días previos a los homicidios le envió un mensaje. Dice haberse preguntado “¿Qué querrá?”.

Eso sucedió el 17 de mayo de 2017, fecha que la fiscalía tuvo que recordarle, según una declaración brindada por él durante la instrucción. Continuando con el relato indicó que le llegó un mensaje de Gaspar Cinco diciendo “campeón ¿que parece?”. Le sorprendió que después de tres años de haberlo “aceptado” en Facebook, recién lo hablara en ese momento.

Arias refirió a que se citaron en el restaurante donde el testigo se desempeña como mozo, en calle Oran. “Llega y me cuenta que trabajaba en una escuela. Que tenía un ofrecimiento para mí. Que me iba a pagar 10 mil pesos para hacerlo”.

Taxativamente refiere a que le ofreció la mencionada suma “por matar al chico”. Arias enfatizó en el hecho de haber pensado en ese momento: “¿cómo alguien puede ofrecer matar a un pendejo?”. Allí mismo fue cuando el estado anímico del testigo comenzó a volverse inestable, mediante la utilización de términos soeces.

Por su parte la Fiscalía preguntó porque creyó que le hizo tal ofrecimiento, a lo que el declarante respondió: “Creo que por mi mala fama. Yo tengo todo tipo de adicciones, sobre todo marihuana. Creo que pensó que por mi adicción yo podría hacerlo. Pero no lo tomé en serio. No podía creer que me propusiera una cosa así. Pido disculpas a los familiares por no haber hecho nada. Me pesó mucho hasta el día de hoy”, dijo compungido y casi al borde de quebrarse.

El juez intervino y preguntó “¿usted estuvo preso?”. “Solo estuve preso por… como se dice…”, preguntó a Longarte el testigo. “Contravenciones…”, le dijo el juez. “Si tengo varias de esas, pero solo eso”.

Con cada palabra que el testigo refería el clima se iba tensando cada vez más. En ese instante intervino la defensa del acusado y se produjo el siguiente dialogo:

–Usted declaró antes, que Gaspar tenía problemas de personalidad. Aclare eso.
–Yo lo conozco desde el primero al quinto grado. Una vez le dije “boludo” y me tiró con una tijera. Solo era una palabra lo que le dije y con eso pasó a algo físico –por la tijera–. Estaba en contra de los pobres. Decía que no se debería usar GNC.

Fue allí que el testigo comenzó a perder el control. Hizo referencia a cuestiones ideológicas referidas al “neoliberalismo” y comentarios de esa índole. Hacía alusión a que “apoyaba al Gobierno actual” y que él no estaba de acuerdo.

Su lenguaje ya rozaba el ámbito de una “mesa de café”, cuando Longarte le llamó la atención y comenzó a instruirlo acerca de cómo debería referirse en su declaración, y que las cuestiones de índole política nada aportaban a la causa en cuestión.

“Es que estoy nervioso”, le dijo al juez. Longarte intentó calmarlo indicándole que está en un ámbito donde su integridad no corre ningún peligro, con guardias y personal policial que lo garantizan y que nada debía temer. Que debía tranquilizarse.

Sin embargo estuvo lejos de calmarse. Al momento en que Agüero Molina le re preguntó, inmediatamente se desestabilizó y dijo:

“Es déspota, es un asqueroso realmente no tiene perdón”. Inmediatamente el defensor le refirió que esos dichos eran una valoración suya. Ante eso el testigo pareció perder todos los estribos. “El loco mató a dos personas”, dijo en tono euforico. Inmediatamente el juez le volvió a llamar la atención instruyéndolo por segunda vez, pero en ésta ocasión con mucho más énfasis: “Usted no está aquí para discutir”.

Agüero Molina volvió a formular la pregunta. A lo que el testigo respondió: “Es una persona tranquilita y de pronto ¡paf!.. explota”. Con los ánimos caldeados el juez dio por finalizada la declaración. Al salir totalmente desencajado le dijo a un cronista de un diario gráfico local y en tono desafiente: “¿Qué mirás?”.

En cuanto al testigo Nicolás Francisco Luna, camarógrafo de profesión, brindó una declaración testimonial muy similar a la del inestable Arias. Mucho más acorde al ámbito de sede judicial pero no menos dramática. Este testimonio terminó de sellar la suerte de Gaspar Cinco.

“De la nada me habla por Facebook y me pide mi Whatsapp. Me dice por favor sí es que no conocía a alguien que le hiciera de sicario”, relató. Cabe destacar que ese término el testigo no aclaró debidamente si lo pronunció el acusado o probablemente fue una interpretación suya.

Gaspar Cinco le dijo que era para un amigo de él, de Canal 9. “Pensé… ¿para quién sería sí yo conozco a todos ahí. Pensé que era por un problema de infidelidad; pero me dijo que era para hacerlo desaparecer al chico por 20 mil pesos. Está loco, está enfermo el tipo. El chico tiene tres años”, dijo pensar en ese momento.

Pasado el episodio, el testigo relató que le comentó a su novia el peculiar suceso. Una semana después ella le consultó sí el amigo con el que había tenido el dialogo en cuestión se llamaba “Franco”. La noticia de que Alejandra y Amir habían fallecido por envenenamiento ya había recorrido todos los ámbitos de la ciudad de Salta y era noticia en todos los medios, incluso nacionales.

Finalizados los testimonios, el juez Longarte pasó a un cuarto intermedio hasta mañana a las 9. Para la quinta jornada del juicio está prevista la declaración de cuatro testigos, entre ellos tres aportados por la defensa del imputado.