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#Oscars / Pueblo chico, infierno grande

“Three Billboards Outside Ebbing, Missouri” tiene una particularidad muy taxativa y es la de empatizar con todos los públicos posibles en lo que respecta a un hecho en particular, el cual logra atravesar a toda una sociedad de forma global. Ese hecho en particular es el dolor de una madre por la pérdida de un ser querido

Mildred –Frances McDormandes– es una mujer de edad madura, una trabajadora de clase media, quien tiene que cargar con el dolor más grande de la humanidad, ese que origina la pérdida de un ser querido.

La configuración de éste personaje es quizás la mejor actuación de toda la prolífica carrera de ésta talentosa absoluta, de este verdadero fenómeno que puede lograr actuaciones sublimes.

Se trata de Frances McDormandes, nada más ni nada menos, metida en un personaje que desde antes del armado del guion ya había sido pensado y delineado solo para ella. Además del dolor y la resignación de su gesto en las primeras secuencias, las cuales son una marca de absoluta inspiración en su encomiable trabajo.

Afortunadamente el film no se queda solo con ella, quien está magnifica y que es muy, pero muy seguro que se lleve el Oscar a mejor actuación protagónica. Los otros dos actores que acompañan la “parrilla” de salida, si se le quiere dar un toque automovilístico a esta verdadera “Ferrari”, lista para seguir ganando todo, dotan a la historia de eso que se va convirtiendo en algo “redondito” y magnifico. Eso que se conoce como “elenco”.

Woody Harrelson como el jefe de policía que fuera depositario de toda la catarsis de Mildred, “como todo el mundo, está muriendo día a día” –tal como ella misma apunta en un momento de la historia– solo que el hombre de ley padece cáncer y despunta sus últimos días entre el amor de su familia y los tres carteles afuera del pueblo.

Por el lado de Sam Rockwell, muy probablemente se trate del personaje más interesante del film. Presentado como un reaccionario espantoso, un represor que da asco de solo verlo en la pantalla y de saber que se dedica a torturar a negros –amén de que está en Missouri– donde una tradición de larga data le ha convertido la vida a los mulatos de ese Estado en una pesadilla recurrente.

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Este repulsivo personaje es la representación insana de toda una configuración social que no termina de encajar en un nuevo mundo de tolerancia e igualdades. Esta especie de “facho” es un fracasado que vive con su madre, quien es igual de detestable que él y que apaña todas sus “hazañas” de Gestapo.

¿Pero qué pasaría si detrás de ese desquiciado ebrio anida un autentico héroe? Donde, aquello de un giro inesperado en el argumento hace saltar al espectador de su comprensión lógica y su “contrato” tácito y aburrido entre emisor y receptor. Hablando de giros inesperados, la película tiene varios y lo mejor es que están dotados de un humor negro estremecedor y un ritmo desenfrenado que no para hasta los créditos finales.

Solo falta que un pequeño pueblo de sureños conservadores, racistas y dotados de recalcitrantes ideas arraigadas al clericalismo deban interactuar con una mujer que ha decidido poner tres carteles enormes en las afueras de la comunidad, denunciando que allí violan y matan a chicas y que la policía local no hace más que torturar negros desafortunados y no investigar nada.

Foto: espinof.com

En ese incandescente universo de fragilidades discursivas se mueve un dentista que se lleva su cuota de castigo cuando sufre la perforación de la uña de su dedo pulgar, en momentos en que Mildred, en su consultorio reacciona a su intolerancia social; tanto como las patadas en las partes nobles de jóvenes iracundos del colegio de su hijo, quienes le arrojan tarros con bebidas al parabrisas de su automóvil.

Todo se mueve en un clima donde los giros argumentales no paran jamás y para peor –o mejor para el estupendo argumento– aparece reptando el ex marido. Un golpeador miserable que abandonó a Mildred y la cambió por una tonta y atractiva mocosa de 19 años.

Este energúmeno sigue maltando, pero ahora verbalmente a su ex mujer y heroína de la historia, quien debe soportar que el sujeto se presente a hacer escenas de violencia domestica, solo detenido por su hijo, quien lo frena con el mismo ímpetu y genes de su madre, poniéndole un cuchillo en el cuello y elevando las emociones de la platea. En Salta se trataría de un emotivo y oportuno “¿qué te pasa yuto con mi vieja?”.

Un capítulo aparte para el personaje de Peter Dinklage, el “enano” del pueblo y “amiguito” de Mildred, quien es capaz de protegerla mintiendo y ocultándole –risueñamente– a la policía que ella “no fue”. Sin ánimo de spoilear, ésta es una de las escenas más gloriosas de la película.

Lo demás es parte de alguna que otra “imprecisión” en una historia inspirada en la furia de un padre, que en realidad pierde a su hija y que hace 30 años ve como el crimen permanece impune.

Se calienta la previa al Oscar y “Three Billboards Outside Ebbing, Missouri” tiene todas las papeletas para convertirse en la gran ganadora, ya que se está ante una historia magnifica, actuaciones sublimes y un guion brutalmente honesto.

Foto: Revista Cactus