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“Gladiador con traje” o el arte del Derecho Penal en el llano

El doctor Javier Latorre propone un viaje por las prácticas consagradas desde lo jurídico, pasando por los métodos más habituales en el terreno penal, en una labor que lleva siglos protegiendo a las sociedades de las injusticias y las arbitrariedades, pero sobre todo en la búsqueda de la verdad

La buena noticia es que un penalista se haya tomado el trabajo de escribir en la era digital y que lo haya hecho dirigiéndose a un público variado, el cual necesita acceder a estos conocimientos por una cuestión cultural y social.

Desde el principio de la obra el autor utiliza una estrategia sencilla para bajar al llano, en lo que a prima facie, un libro que solo “hable” de Derecho es ya un producto poco apreciado por el nuevo público, el cual transita la interconectividad febril y al cual es difícil “seducir” con la propuesta que fuere, incluso por fuera de los canales habituales.

Para ello, Latorre recurre a metáforas futbolísticas o bélicas, dotando a sus escritos de una línea argumental mucho más simple y fluida que una obra perteneciente a las facultades de Derecho.

Lo que realmente hace que la propuesta de Latorre sea apetecible, aun para paladares acostumbrados a otros géneros literarios, es sin dudas su discrecionalidad a la hora de repartir los temas, es decir en capítulos breves, concisos y pragmáticos.

“Gladiador con traje” se deja leer fácilmente y no requiere de una sectorización acotada y dirigida a un cierto tipo de público. Los grados de significancia de sus planteos van en consonancia con las prácticas más habituales en sede judicial, razón por la cual la recepción se abre hacia varios campos en el terreno social.

Un “cacho” de cultura

El peor enemigo de las sociedades es sin dudas la ignorancia. Es lo que lleva a que el deterioro cultural se traduzca en el atraso, llevando a la pérdida de derechos por la simple razón de no conocerlos. Ese conocimiento por pequeño y acotado que sea, ya es un inicio y este libro es esa primera puerta para acceder a un terreno que es potestad de todos.

El desconocimiento de la existencia de una Constitución de la Nación, de derechos inalienables como ser: principio de inocencia, acceso a la información, derecho a una defensa justa, respeto por el estado de derecho y tantos otros que hacen que hombres y mujeres no puedan ser mancillados ni merecedores de una “muerte” social.

Por todo esto es necesario que comiencen a proliferar aquellos que tengan la voluntad de intentar iluminar a las sociedades para que los depósitos de gente denominados “unidades correccionales”, donde son vigilados como animales por un panóptico como el que describe Michel Foucault, sean cada vez menos cruentos y más civilizados con los penados.

Quizás el libro de Latorre sea uno más en la biblioteca de un lector moderado como el que escribe esta nota, o quizás salve vidas, anticipándose a que un joven elija la universidad antes de ser un paria, sin caer en el lugar común de pensar que corregir a un indeseable –para la sociedad– sea un hecho de anticipación, solo por conocer sus derechos y saber que cuando el delito ya  se ha cometido, el terreno será cada vez mas pantanoso.