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“Así que vos sos canchero, ahora vas a ver, te voy a meter en cana”

Se lo habría dicho el sargento ayudante de la Policía de la Provincia de Salta, Rodríguez Román, a los abogados Ignacio Rubén Felitti y Christian Sebastián Felitti, en el corredor de la calle Balcarce antes de recibir una verdadera tunda por parte del oficial en cuestión. Bajo el patrocinio del letrado Rodrigo Gonzalo Guerra –MP 5498– se presentaron ante la Justicia para la denuncia pertinente

Una salida de amigos puede convertirse en una verdadera pesadilla en la cual su traducción al lenguaje jurídico sería la formulación de una denuncia penal por la configuración de los delitos de “Privación ilegal de la libertad”; “Imposición de severidades, vejaciones y apremios” y “Lesiones leves agravadas”.

Según consigna la denuncia presentada por los jóvenes abogados, en la madrugada del 11 de marzo de 2018, los letrados Ignacio y Christian Felitti concurrieron a un local bailable ubicado en el  Paseo Balcarce, acompañados de otros jóvenes.

Tras una noche distendida se dirigieron con posterioridad rumbo a una conocida sandwichería sita en intersección de calles Leguizamón y Balcarce. Además de los abogados habían dos jóvenes mas en el grupo, Jorge Villena y Ramón D’andrea.

Promediaban las 5:30 de la madrugada cuando se produce un altercado que sería el catalizador del lamentable episodio. Mientras esperaban a ser atendidos y ante un importante cantidad de testigos, sucede lo que sigue, según consigna la denuncia contra el oficial Rodríguez Román, presentada ante el Representante del Ministerio Público Fiscal interviniente.

Es entonces cuando advertimos que un muchacho que también aguardaba ser atendido a nuestro lado, comenzó a discutir con un grupo de jóvenes adolescentes que se encontraban sentados en una de las mesas del local comercial en estado de ebriedad, intercambiaron algunos insultos aunque la situación no generó gran tensión ni llegó a configurar una situación de riña o agresión física.

Fue así que se acerca el denunciado, Sgto. Ayudante Rodríguez quien se encontraba desempeñando funciones de custodia del local comercial y le exige con tono autoritario al muchacho que se encontraba al lado nuestro, que inmediatamente se retirara del lugar. El muchacho le manifestó al personal policial que no estaba haciendo nada malo, que eran esos jóvenes quienes lo estaban insultando.  

Un dialogo increíble

Según el relato de la denuncia penal “fue entonces que el suscripto Ignacio Felitti le manifiesta tranquilamente al muchacho ´viejo, ándate evítate mayores quilombos´.

Al escuchar esto, el Sgto. Ayudante exclamó a viva voz y con un tono agresivo ´vos que te metes, ¿qué sos su mujer o su abogado?´

Sorprendido por el comentario, miré al Sargento y le respondí:

´Sí, soy Abogado, y en este momento soy su Abogado, esa no es manera de decir las cosas´.

El Sargento se molestó sobremanera por mi respuesta, e inmediatamente me manifestó:

´Ah asi que vos sos canchero, ahora vas a ver, te voy a meter en cana´, retirándose del lugar”.

Por increíble que esto parezca al leerlo, realmente sucedió y existen pruebas, ya que todos los presentes se encontraban alrededor filmando con sus teléfonos celulares, incluso uno de ellos hizo llegar el material audiovisual a MUY CRITICO. Por cierto material que será exhibido cuando los tiempos procesales así lo dispongan.

La vuelta a la dictadura

Aparentemente las cosas se habían calmado cuando después de 15 minutos apareció como una tromba “el Sargento Rodríguez corriendo, y emprendiendo una maniobra de fuerte embestida contra el muchacho que se encontraba a nuestro lado (aguardando su comida), quien se apellida LARAGIONE”, relata la denuncia.

“Tras el brusco golpe, el muchacho cayó pesadamente sobre el suelo impactando con todo el pecho y arrastrándolo por el piso, lo que desgarró su vestimenta, levantándolo y llevándolo detenido a uno de los dos móviles que arribaron en ese mismo momento al lugar, con violentas maniobras pese a que el muchacho Laragione en ningún momento opuso resistencia alguna”, relata la acción penal.

Lo que sigue es una verdadera “remake” de los años de plomo, con idénticas practicas de aquellos grupos de tareas de la policía, los cuales funcionaban en consonancia con las FF. AA.

Se recomienda ver la película “Crónica de una fuga” (2006) de Adrián Caetano, donde el relato que sigue es prácticamente idéntico al accionar que allí se describe.

Luego de introducirlo al móvil policial, el Sargento vuelve hacia donde nos encontrábamos, se posiciona frente al rostro del suscrito Ignacio Felitti y de manera absolutamente agresiva me manifiesta: “vos también querés que te guarde? rajá ya de aca” y me propina un fuerte empujón, impactando con una de sus manos en la zona de mi rostro.

En ese momento, le exhibo mi credencial de Abogado de la Provincia con mis manos en alto y le manifiesto: “Señor, Señor, Señor… por favor deje de empujarme, me encuentro tomando una gaseosa… no tengo porque retirarme…” el Policía continuaba empujándome, por lo que vuelvo a manifestarle “Señor, Señor, Señor… por favor deje de empujarme, me encuentro tomando una gaseosa en la vía pública… no estamos en la época del Proceso Militar”.

En ese momento el suscripto Christian Felitti también se encontraba a mi lado, y repentinamente fuimos arrastrados a empujones por el Sargento hacia la camioneta policial impactando con nuestros cuerpos sobre el rodado. Luego, efectuaron maniobras de reducción en contra de ambos, levantándonos de las piernas y arrojándonos pesadamente sobre la caja de la camioneta, literalmente: “como bolsas de papas”.

Luego, y ya reducidos en el interior de la camioneta, comenzaron a ahorcarnos y efectuarnos violentas maniobras de sofocación, siendo trasladados de manera injustificada, incausada, arbitraria e ilegítima a la Comisaría Primera, donde nos encontramos privados ilegítimamente de nuestra libertad durante 8 (ocho) horas.

De tal magnitud fue la humillación pública, y tratamientos innecesariamente rigurosos y vejatorios emprendidos por el denunciado, que las personas que se encontraban en el lugar abucheaban al personal policial, intercedían a nuestro favor, gritándoles que nos soltaran, que no estábamos haciendo nada, que estábamos tomando una gaseosa.

Fueron muchos los testigos que filmaron el hecho desde sus teléfonos celulares y se ofrecieron como testigos de la arbitrariedad policial evidenciada. Asimismo, a raíz del arbitrario e ilegal procedimiento policial los suscriptos fueron severamente lesionados, lo que ha sido constatado debidamente en el Nosocomio “Hospital San Bernardo”. 

Como para cerrar con moño y completar la psicopática faena –quizás por diversión– “un muchacho en condición de calle que transitaba casualmente por el lugar, también fue detenido sin razón alguna, y sometido a rigurosos tratos de violencia física. Golpeándolo severamente en la zona de la espalda, quien oportunamente, hizo constatar las lesiones sufridas”, según la denuncia.

¿Abuso de autoridad?

Obviamente que todo acusado tiene el derecho constitucional a defenderse, por lo que Rodríguez Román realizó la denuncia por su parte aduciendo que los jóvenes incurrieron en Atentado y resistencia a la autoridad.

Por supuesto que el oficial no contaba con que una veintena de personas filmaba todo el dantesco espectáculo con sus teléfonos celulares y que además los denunciantes tienen material fotográfico abundante, el cual da muestras de la golpiza a la que fueron sometidos.

En cuanto a la condición psicológica del denunciado, un párrafo en especial llama la atención y pone en tela de juicio la psiquis de un oficial de la ley que detenta el poder de la autoridad y que puede abusar de ello cuando sus cabales no son lo de una persona idónea.

Repárese en que desde el punto de vista psicológico, muchos de estos abusos cometidos desde el poder, se sostiene que son formas de perversión clínicamente explicables (no justificables), las que impulsan a un sujeto que posee efectivo poder de disposición sobre otros seres vulnerables, para hacerlos objeto de malos tratos físicos o psicológicos. Es el caso de autos, donde la alarmante peligrosidad del denunciado se revela en que POSEE ANTECEDENTES DE ABUSO DE AUTORIDAD.