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¿#Netflix recicla porquerías de ciencia ficción?

Parece ser el caso de “The Cloverfield Paradox”, la ultima basura producida por J.J. Abrams. Fue anunciada en el Super Bowl y el gigante del streaming pagó 50 millones de dólares por sus derechos. Una trama ininteligible y la sensación de incompatibilidad en los planteos del guion, son las principales falencias de uno de los peores productos que presentó la plataforma hasta la fecha

¿De verdad merece la pena comprar proyectos en los que los propios estudios no acaban de confiar? Es el caso de Netflix y lo que está comprando últimamente.

Paramount iba a estrenar la tercera entrega de la franquicia en abril, pero se arrepintió; por lo que Netflix tomó la determinación de comprar los derechos y ahorrarse así los gastos de toda la fase de desarrollo, preproducción y producción de los proyectos, teniendo que preocuparse únicamente de la forma de vender el título a los abonados del servicio.

Hasta aquí todo bien, pero si el producto es otra basura de ese “arruinador” de sagas llamado J.J. Abrams, termina siendo una mala noticia para los usuarios de la plataforma, aunque la salvedad de que, el que se sentó en la silla de director fuera Julius Onah.

Con Star Trek convirtió una gloriosa leyenda del cine de ciencia ficción en un acting donde una nave espacial llena de “millenials” fastidiados entre ellos, saltan al hiper espacio como si se tratara de una visita a un shoping; en cuanto a “Star Wars: el despertar de la fuerza”,  solo se limitó a hacer una mala copia de las anteriores. Con estos antecedentes The Cloverfield Paradox era de esperarse que fuera mala, pero no tanto como realmente lo es.

Como bien plantea el portal LA VANGUARDIA, tener 8.000 millones de dólares para invertir en contenidos originales y querer ahorrarse el desarrollo no es razón suficiente para comprar cualquier cosa.

Perdidos en el espacio

Muy pocos sabían que ésta, ya era la tercera entrega de la franquicia de Cloverfield, donde un grupo de astronautas de diferentes nacionalidades –bien variopinto– forman parte de una misión donde se utilizará un acelerador de partículas experimental llamado Shepard, el cual ayudará a recuperarse de la crisis energética que sufre el planeta.

Por supuesto que algo saldrá mal y el acelerador enviará a, quien sabe donde, a la estación espacial, donde comenzarán a suceder cosas muy extrañas, propias de las paradojas que sucederían sí un grupo de inconscientes se ponen a hacer pruebas con la materia, la antimateria y todos esos elementos que por ahora se probaron en el aro que está ubicado cerca de Ginebra, entre Suiza y Francia.

Todo parece estar planteado para que las paradojas lleven el relato por recovecos de la física cuántica y se llegue a rincones que la ciencia plantea como en “Interestelar” de Nolan, o tantos relatos de saltos temporales en el espacio, pero aquí no sucede nada de eso.

Un astronauta pierde el brazo entre las fronteras temporo espaciales y una rubia aparece metida en medio de los cables y engranajes de la nave, ya que fue “tallada” como una baraja de naipes y quedó atrapada en medio de esas fronteras. Pero en lo mejor de la historia sobreviene un final con “efecto mariposa” y es en ese momento en que se cae en cuenta de que Netflix está más interesado en aparecer en el Super Bowl anunciando sus porquerías, que en ir a algún festival a llevarse un premio por la excelencia de sus películas.