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Morir bajo la bota de un “facho”

Se llamaba Emanuel Garay y falleció por un paro cardiorespiratorio, cinco días después de ser sometido a un “baile” por parte de un reaccionario instructor de la Escuela de Oficiales de Policía de la Rioja, quien dijo: “Si se tiene que morir que se muera”

¿Realmente sirve de algo ser “bailado” por un pseudo instructor para formar parte de la familia de la Policía en algún destacamento perdido en este país olvidado de Dios? La respuesta no resiste mucho análisis y es un simple NO, porque forma parte de prácticas absolutamente perimidas.

“Lo que queremos es la renuncia de toda la cúpula de Seguridad de la provincia. Ahora queremos que la Justicia actúe y que haya responsables por esto”, dijo el hermano de la víctima.

Por su parte el gobernador de la Rioja, Sergio Casas inmediatamente se pronunció ante semejante atropello: “Quiero asegurarles que desde el cargo que ejerzo haré hasta lo imposible para llegar a fondo con los responsables porque nadie puede arrebatar la vida a un joven con todo un futuro por delante (…) Emanuel no merecía esto, y lo digo con profunda tristeza e indignación”.

Seguramente estos imbéciles que forman parte de ésta especie de cofradía de fascistas que llevan adelante estas prácticas totalmente extemporáneas habrán visto películas como “An Officer and a Gentleman” (1982) –Reto al destino–, “Full Metal Jacket” (1987) –Nacido para matar–  o alguna fabula de ese talante, donde un cadete o aspirante que sueña con pertenecer a estas instituciones, es bailado hasta el agotamiento. Pero esto es la realidad y se parece mucho al caso del soldado Carrasco, a quien le dieron una paliza durante una instrucción mientras hacia el Servicio Militar Obligatorio en 1994.

Teléfono para Olmedo

El diputado salteño Horacio Alfredo Olmedo se pasa la mayoría de su tiempo pidiendo, o casi implorando el regreso del Servicio Militar, por cierto aun por encima de la memoria del joven Omar Carrasco, cuando un militar con mayor rango que él le rompió una costilla de una patada, que le perforó el pulmón y lo mató. Ese mismo año un decreto presidencial firmado por Menem acabó con ese absurdo mandato que debían acatar los argentinos a la edad de 18 años.

Ahora en la Rioja nada parece haber cambiado. Según el hermano de Emanuel, “los torturaron, los golpearon, 40 grados y les negaban tomar agua. Al que quería le decían que podía tomar agua, pero de los inodoros. El tenía un sueño, entró a su primer día de clases y 12 horas después estaba en coma”, relató.

Históricamente la Argentina ha sido un país de adoctrinamientos militares. Una sociedad atravesada por decisiones de índole reaccionaria, donde tuvo que morir un joven en 1994 para que esa verdadera locura llamada “Servicio Militar Obligatorio” se terminara de una vez por todas.

Seguramente alguien deberá dar explicaciones por ésta muerte absurda en la Rioja y mientras el responsable de esta barbarie pertenezca a la Fuerza, será apañado por sus superiores y quizás pase a “retiro” o le den “una baja deshonrosa”, pero nada le devolverá la vida a Emanuel Garay, a quien un psicópata perteneciente a un grupo de desquiciados, le quitó sus sueños y lo más preciado que tenía: su vida.