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#DiaDeReyes / Contrastes sociales escandalosos

Una imagen vale más que mil palabras, dicen. Duele, golpea… se le suele llamar “punctum”, y se da cuando algo punza, es un pinchazo que penetra en el cuerpo de la audiencia, toca su emoción produciendo algún efecto de shock que moviliza y literalmente “con-mueve”. La fotografía que jamas hubiéramos deseado ver el Día de Reyes

A Roland Barthes esta imagen le hubiera dolido, aun antes de publicar “La cámara lúcida”. La sociedad está enferma de ostentación, de ganas de escalar peldaño a peldaño en el podio de la felicidad impostada. Allí andan los ricachones que consiguieron su fortuna en base a los esfuerzos de los débiles, de los explotados, de los de abajo. Eso, quizás no esté tipificado en el Código Procesal Penal como delito, pero es una estafa moral.

Esos que se hicieron ricos con dinero de la política; esos vivos que se aprovecharon de la desesperación de los más débiles, mentalmente hablando. Seguramente entre esos relegados socialmente estén los padres de este niñito que mira a través de la vidriera sin poder alcanzar esas mierdas que no tienen ni un solo valor práctico, ni el más mínimo, pero que… hay que tener por que la sociedad de consumo rige esas pueriles normas.

De seguro más de un lelo reflexionará en su pequeñez mental que “quien se ganó su dinero trabajando muchas, muchas, muchas horas” merece comprar como un demente todo lo que sus ojos consideran un motor para su felicidad personal, y de sus estúpidos descendientes. Pues hay malas noticias para ellos, eso se llama ostentación, y eso mis amigos, es el más asqueroso y detestable de los pecados.

No es obligación vivir como San Francisco Solano, llagado por la pobreza a la que él mismo se infligía para servir a Dios pero, sí es que la vida ha regado de riquezas esa existencia en la que transitan, al menos tratar de no ostentar sería lo más digno, porque hay una noticia muy mala: un niño muere de hambre en el mundo cada tres minutos. Es decir que cuando ésta crónica se termine de leer habrán muerto dos niños como el de la fotografía.

Allí están, mirando con que automóvil de alta gama van a sacudir a la sociedad en la que otros tontos como ellos creen que la felicidad se adquiere con tarjeta de crédito y sin intereses. Allí están los necios depositando billetes en sus abultadas cuentas, pensando tontamente que se premian a ellos mismos con nimiedades materiales.

Pobres de espíritu, imbéciles útiles que calientan sus almas negras al calor de la abundancia mientras ese niño solo puede mirar desde afuera de la vidriera.

Estos son los contrastes sociales que se ven en ciudades grandes, medianas y pequeñas; en la latitud que sea, por que la economía está globalizada y la estupidez también.

Viven sus pequeñas y miserable vidas,  gritando a los cuatro vientos –y ahora desde una red social– que ganaron el suficiente dinero como para comprar el automóvil más caro que vieron o compraron una casa en un country; como si ello les alcanzara para ser felices, cuando saben que íntimamente son unos miserables, porque NO tendrían el valor de mirar esta imagen que punza, que duele.

Sigan ostentando idiotas, mientras el niño solo mira las mierdas que a nadie le sirven, apenas para mostrar felicidad impostada desde una red social.

Feliz día de los Reyes. Sociedad de mierda,  plagada de contrastes sociales escandalosos.

Foto: Facebook Euge Lopez