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La violencia no tiene género

Se llama Nahir Galarza, tiene solo 19 años y es hija de un policía. Tomó la determinación de robarle el arma reglamentaria a su padre y dispararle dos balazos en el pecho a su ex novio. La violencia enquistada en una sociedad enferma  y ciega

Debido a la enorme cantidad de crímenes contra mujeres en los últimos tiempos se dispuso realizar una concientización desde la visibilidad como eje central. Así es como se aprobó la ley de femicidio. La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad una norma que agrava la pena del homicidio de una mujer o persona trans cuando esté motivado por su condición de género. El femicidio no fue incorporado como figura penal autónoma, sino que se lo considera un agravante.

Se realizan marchas, debates y foros públicos, pero lamentablemente el año que ya se está terminando comenzó con el horroroso femicidio en el penal de Villa las Rosas de Andrea Neri a manos del Chirete Herrera y el crimen sin resolver de Jimena Salas en el interior de su casa. A lo que le siguieron una cantidad alarmante de femicidios, terminando el año con el aberrante crimen de Carolina Saracho, a quien el monstruo Andrés Cruz quemó viva.

Ante este escenario de crímenes contra mujeres indefensas se vuelve a caer en un lugar común y se olvida que la sociedad está enferma de violencia, sin importar géneros.

Mujeres asesinas

El primer caso que tomó notoriedad fue en Mendoza, en el mes de octubre, cuando una mujer llamada Julieta Silva atropelló y mató a su novio rugbier, Genaro Fortunato de solo 25 años. Le pasó por encima con su automóvil. La fiscal Andrea Rossi, pidió caratula de homicidio agravado por el vínculo y por alevosía.

De regreso en Salta, hubo un caso emblemático. Se trata de María Alejandra Orquera, quien asesinó a su pareja el 1 de Enero de 2017. La víctima es el señor Claudio Alejandro Colque. El crimen lo perpetró con un arma blanca, pero no fue el resultado de un brote psicótico ni de una emoción violenta, Orquera llevaba mucho tiempo hostigando a su pareja, maltratándolo y humillándolo.

Los vecinos de Villa Los Sauces, más precisamente de la intersección de calles Cabo Vizgarra y Francisco Miranda, manifestaron en diversos testimonios que la execrable mujer ejercía violencia física sobre el fallecido en forma reiterada.

Ahora el caso de violencia que conmociona a la ciudad de Gualeguaychú es el de Nahir Galarza, quien luego de  confesar el crimen de Fernando Pastorizzo, fué trasladada a la sala de salud mental del Hospital Centenario, custodiada por personal policial y  en estado de shock.

Nahir es hija de Marcelo Galarza, perteneciente a la fuerza de seguridad. Terminó sus estudios secundarios en la Escuela Normal, para luego comenzar sus estudios de Abogacía en la Universidad de Concepción del Uruguay Regional Gualeguaychú.

Detrás de un rostro angelical y de manifestaciones de amor incondicional en sus redes sociales, esta joven le disparó a quemarropa dos veces en el pecho a su ex novio. Luego escribió en su cuenta de Instagram, “5 años juntos, peleando, yendo y viniendo pero siempre con el mismo amor. Te amo para siempre mi ángel”.

El episodio ocurrió la madrugada del viernes en General Paz entre Artigas y Pueyrredon, barrio Tomás de Rocamora. Testigos expresaron que vieron a una persona huir de la escena del crimen. Uno de ellos fue un remisero, quien terminaba de trasladar a una pasajera por la zona y fue quien encontró a la víctima en el piso: “Movía la boca, no estaba muerto”, manifestó, según consignó el sitio de noticias local El Día.

Se infiere que Nahir Galarza le realizó los dos disparos en el pecho a corta distancia con un arma 9 milímetros, de las que usa la fuerza policial, es decir que el arma era de su padre. Ante el fiscal, se quebró y confesó ser la autora del crimen.

Tiempos violentos

Lamentablemente la violencia esta enquistada en la sociedad y no reconoce genero; tampoco latitudes ni circunstancias. La violencia es violencia simbólica en las redes sociales, en esa cloaca en la que se han convertido estos canales de comunicación; en las calles, en un semáforo, dentro y fuera de un boliche, en una cancha de futbol, en las reuniones familiares, en las discusiones políticas o en las dinámicas de  parejas. La violencia está presente y vino para quedarse, venga de un hombre o de una mujer, es violencia.

La visibilidad debe ser universal y la violencia debe ser mitigada desde la contención y la comprensión; el ceder ante el otro y saber sobre todo que “el otro” no es uno mismo y puede sentir y pensar diferente.

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