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“Cobrás 100 pesos por mes, gil”

Jorge Sampaoli insultó y ninguneó a un agente de tránsito en Casilda (Santa Fe). Iinmediatamente las críticas le llovieron y tuvo que salir a pedir disculpas. Las consecuencias de empoderar a un analfabeto funcional por el solo hecho de lograr una notoriedad mediante un logro deportivo

¿Cuánto dinero habría que ganar por mes para ser digno de multar a Sampaoli? La respuesta solo la sabe este analfabeto funcional que dirige a 22 millonarios que corren detrás de una pelota de plástico; y que son tan brutos o peores que él.

Claro que la sociedad de consumo, esa que solo opera para que todos dejen parte de sus sueldos en las cajas de las grandes empresas multinacionales, son las que pagan para alentar el endiosamiento de estos brutos que apenas terminaron la escuela y que son tan soberbios que ni siquiera se les puede hacer una multa, cuando todos somos iguales ante la ley, se trate de un millonario o un campesino.

Según un informe publicado por La Nación, con fecha 01 de junio de 2017, Jorge Sampaoli planteó ganar como DT de la selección argentina la friolera de US$ 2.500.000 anuales, y esa cifra no incluía al cuerpo técnico. Pero después de sucesivas deliberaciones -porque la contrapropuesta partió desde US$ 1.125.000-, la última oferta de la AFA habría rondado US$ 1.700.000, más el grupo de trabajo.

Esto se llama poder. Y el poder lamentablemente al caer en manos de un ególatra como éste, termina en actos indignos, donde un policía que cumple con su labor debe ser humillado por un bruto. Son los códigos de una sociedad esnob y pacata que idolatra a quien alimenta ese negocio fabuloso que es el futbol.

Critica furiosa

Como no era de esperarse y por fortuna para el sentido común, apareció un referente del periodismo deportivo como lo es Alejandro Fantino y lo aniquiló con su crítica:

“Solo sos un técnico de fútbol. Apenas un técnico de fútbol que les imparte órdenes a 11 muchachos que corren atrás de un cuero inflado con aire. Entonces si vos te bajás en tu pueblo, en tus pagos, con tu gente, donde vos tenés que respetarlos más que a nadie, tenés que bajarte del caballo, del pony de telgopor, y ser más respetuoso que nunca”, dijo el periodista y entrevistador.

Las palabras de Fantino le dieron la dosis de sentido y lógica a un cuadro social alarmante. “No sos un científico que inventó la cura del cáncer, dirigís a la Selección (…) Por más que pidas disculpas, ahí mostraste tu hilacha, mostraste cómo sos”, enfatizó el conductor del programa de TV “Animales sueltos”.

Evidentemente la soberbia, la megalomanía y la egolatría son producto de una sociedad que vive en el “Planeta Yo”, donde todo funciona alrededor de un logro a nivel social, en el cual la realidad ha sido ralentizada por una lógica perversa fogoneada desde la mala utilización de las redes sociales entre otros canales donde los usuarios se convierten en idiotas útiles y despersonalizados; en la que un sujeto por el solo hecho de jugar o entrenar futbol, logra tal reconocimiento de un ato de asnos a los cuales les interesa más el resultado de un partido del Barcelona en España que el costo de vida en la Argentina, sin mencionar que son argentinos.

En el caso de Jorge Sampaoli el caso es más patético aun, ya que todos los meritos de la selección argentina, incluido su pasaje a Rusia, se lo deben a Leonel Messi, ya que el conjunto dirigido por este soberbio e impresentable miembro de la sociedad de consumo, venía de una paupérrima actuación y sus dirigidos no la veían ni cuadrada, y casi como un manotazo de ahogado apareció Messi, convirtiendo aquellos tres goles contra Ecuador.

Cabe recordarle a la desmemoriada platea argentina que Ibarra abrió el marcador a los 40 segundos, pero la Pulga, con un Hat Trick, selló el 3 a 1. El hecho de que a un equipo le conviertan un gol antes del minuto habla de una falla técnica enorme, de la cual Sampaoli es responsable.

Sin mencionar la pavorosa actuación que venía teniendo su selección desde que él se hizo cargo del puesto de entrenador. Pero claro, tiene a Messi. Como decían las abuelas “no hay tonto sin suerte”.