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#NiUnaMenos #CasoSaracho / Radiografía de un perverso

En el perfil psicológico de Andrés Alejandro Cruz se hace referencia a la negación, al consumo de alcohol, como así también indica que “no respeta el espacio del otro” y “pone como objeto a la mujer”. El caso es inquietante por la naturaleza del crimen, el padecimiento y agonía de la víctima; y la frialdad y perversión del homicida

Cuentan que la tarde en que Ricardo Barreda asesinó a escopetazos a su esposa, su suegra y sus dos hijas, se fue con una prostituta; Andrés Alejandro Cruz se fue al boliche Pecas a bailar. Cuesta entender la oscura y perversa mente de un psicópata de este tenor.

El horroroso crimen perpetrado contra Cyntia Carolina Saracho por Andrés Alejandro Cruz, es un acto que puede ubicarlo entre los índices de maldad como los que se analizan en el programa de TV “Most Evil”, en Argentina se lo conoce como Índice de maldad.

Es presentado por el psiquiatra forense Michael Stone, de la Universidad de Columbia. En los Estados Unidos y América Latina el programa se emitió por la señal de cable Investigation Discovery.

A lo largo del programa, Stone clasifica a los homicidas en una “escala de maldad” que él mismo desarrolló para intentar entender la mente y las motivaciones de los perpetradores de esos hechos.

En ese índice, Cruz podría ocupar el lugar número 13, donde el psiquiatra forense encasilla a estos perversos como: “Homicidas psicopáticos con personalidades trastornadas y llenas de furia, quienes perdieron el control de sus peores emociones o no pudieron reprimirlas”. Cabe recordar que el escalafón más lo alto lo ocupa el índice número 22, en el cual aparecen “Torturadores y asesinos psicopáticos, en quienes el sadismo es su principal motivación”.

“Se prendió fuego la mujer mía”

Según un artículo escrito por Juan Moisés de la Serna, Doctor en psicología y Master en neurociencias y biología del comportamiento, este tipo de sujetos tiene pensamiento y conducta guiados por el raciocinio y el pragmatismo, con un escaso papel otorgado a los sentimientos, imbuido de lo que algunos autores han denominado narcisismo social.

La noche que Cruz atacó a Carolina en el baño de la vivienda en Norte Grande, la abordó con una botella de alcohol en una mano y el encendedor en la otra; la roció con el liquido inflamable y encendió el encendedor sobre su cuerpo, por lo que la víctima se quemó casi completamente. Es perentorio recordar el caso de Eduardo Arturo Vázquez, el baterista de “Callejeros”, quien quemó viva a su mujer, Wanda Taddei.

Para ese homicidio la víctima sufrió quemaduras en el 60% de cuerpo y agonizó más de una semana; en el caso de Carolina se quemó casi en un 80%. Esto habla a las claras de las intenciones y “la conducta dolosa” de Cruz, según el fiscal Pablo Rivero.

Por su parte el Doctor Juan Moisés de la Serna señala que este tipo de sujetos “No tienen en consideración la opinión de los demás, y no sufren tensión por la desaprobación social por sus actos”. Cosa que se pudo observar acabadamente durante el debate oral y público, donde fue juzgado.

Mas precisamente en la jornada que mostraron las fotos de la autopsia. Ese día la doctora Marian Florencia Lambropulos, mientras mostraba las inquietantes imágenes y describía pormenorizadamente el estado en el que este monstruo dejó a su víctima, irreconocible por cierto; frente a las miradas de los familiares que solicitaron estar presentes durante la terrible exposición de quien había tenido a su cargo la autopsia. Cruz se mantuvo impávido.

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Su rostro no mostraba ninguna emoción, ni el más mínimo estímulo ante las atroces imágenes que se sucedían en la notebook, con la que la doctora Lambropulos trataba de ilustrar a todos los allí presentes, mientras se sucedían perversamente las fotografías proyectadas sobre la pared, a pesar del esfuerzo intelectual de la profesional del CIF, sobre todo para guardar el respeto ante las tortuosas imágenes.

Todos miraban a Cruz. Los jueces, los abogados querellantes, los de la fiscalía, los familiares. Todos lo miraban de reojo, para tratar de avizorar un verdadero acertijo y es ¿qué estará atravesando por esa mente mientras todos los actores sociales allí presentes miraban perplejos su macabra “obra”?

Al momento de llamar al Sistema 911, Cruz dice “se prendió fuego la mujer mía”, como si de un artefacto se tratare, de un objeto, de algo que le pertenece. Algo que él cree que es suyo.

Esta frialdad, esta perversión no solo no debería sucederle a otra mujer, esto debería ser considerado “un crimen contra la humanidad”, ya que esta conducta suele repetirse. Citando otra vez el caso del baterista de Callejeros, un caso idéntico al de Carolina Saracho; luego de ese crimen, más de 80 mujeres sufrieron agresiones similares y fallecieron en circunstancias como las que perecieron Carolina Saracho o Wanda Taddei.

Cruz ya está entre rejas y forma parte de la población carcelaria de la Unidad penal de Villa Las Rosas. Ya no podrá cometer otro acto como el que lo llevó a purgar una condena a perpetuidad y pagará por su sadismo entre rejas.

La Justicia ha dado su veredicto y se espera que lo haya hecho con la suficiente fuerza con la que esta institución debe mostrarle a la sociedad que su razón de existir se basa en la protección de los ciudadanos, porque impartir justicia no solo se trata de castigar, sino de delimitar los derechos de cada uno y si uno de esos actores sociales ha cometido un crimen de la magnitud de este homicidio, de esta bestialidad, pues entonces la sociedad espera y exige de la justicia una respuesta de una magnitud tal, que demuestre que actos así no deben volver a repetirse nunca más.