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#Dago / ¿Es “Dago” el mejor comic de todos los tiempos?

Esta obra monumental de la literatura de historietas es una de las geniales creaciones de Robin Wood, con dibujos de Alberto Salinas, la cual fue publicada en Argentina entre 1981 y 1996 por Editorial Columba. Aunque dejó de publicarse tras la desaparición de la mencionada editorial,  continúa editándose con nuevas historias en Italia, donde es dibujada por Carlos Gómez y Joan Mundet. Su esplendor fue desde su aparición hasta fines de los años 80.

Según el escritor Gustavo Amezaga, durante un viaje a través del desierto del Sahara, aclarando que nada tenía que ver con el Rally Paris-Dakar, el cual a principio de los 80 se corría en ese territorio, sucedió un hecho que marcó a Robin Wood.

Llegaron a un pueblo cerca de Timbuctu, donde se encontraron con un panorama desolador e inquietante. En pleno siglo XX, un mercado de esclavos, enclavado cerca del Rio Niger, a mitad de la nada, descripto por Amezaga como “un mercado donde acuden reyezuelos y algún blanco de mala vida advertido de lo que allí se vendía. Eran esclavos humanos”, indica el autor de este relato.

Inmediatamente este grupo de turistas donde, además de Amezaga y Robin Wood, había otros amigos, quienes guardaron las cámaras, ya que eso les hubiera significado la muerte de inmediato. Cabe aclarar que esta crónica corresponde a principio de 1980.

Caminaron por medio de semejante espectáculo dantesco simulando ser probables compradores de la mercancía humana que allí se negociaba. Habían niños de mirada triste, destinados a ser soldados para guerrillas; los adultos para ser enviados a las cosechas; las mujeres jóvenes, en esos países, aclara, a los 13 ya se es una mujer joven, destinadas para favores amorosos en un harén de algún “gran” señor y toda clase de miserias de las que estos escritores fueron testigos.

Después de semejante experiencia se separaron y pasaron unos meses hasta que se volvieron a encontrar en un bar, con unos whiskys de por medio. Solo habían pasado unas semanas desde la visita al mercado de esclavos. Allí fue que se catalizó la idea en la mente de Robin Wood. Esa vivencia le había afectado de tal forma que apenas unos meses después nacía “Dago”.

El argumento, la sobresaliente pluma de Robin Wood y los dibujos de Alberto Salinas

La obra es acabadamente perfecta en cuanto a contexto histórico y delineado en el guion, sin mencionar las descripciones de los personajes, que ayudado por los dibujos de Alberto Salinas, configuran una dupla única e irrepetible.

Según Robin Wood, la génesis de la historia parte de la vida de “un noble veneciano de apellido Renzi, quien descubre que hay nobles compatriotas que están negociando en secreto con Solimán, el Sultán turco y, mientras finaliza su investigación, decide denunciar la traición ante el Príncipe Bertini, mano derecha del Dux de Venecia. El pobre Renzi no sabe que la pieza que le falta para completar su rompecabezas conspirativo no es otra que el mismísimo Bertini. Cara pagará su inocencia”, describe en su sitio oficial el autor.

La historia está situada geográficamente en cercanías del Mar Mediterráneo y temporalmente en pleno apogeo del imperio Otomano, del cual, su máximo esplendor fue entre los siglos XVI y XVII, cuando se expandía por tres continentes, ya que controlaba una vasta parte del Sureste europeo, el Medio Oriente y el norte de África: limitaba al Oeste con Marruecos, al Este con el mar Caspio y al Sur con Sudán, Eritrea, Somalía y Arabia. El Imperio otomano poseía 29 provincias; y Moldavia, Transilvania, Valaquia y Crimea eran Estados vasallos.

El derrotero de Dago recorre todo este territorio, cruzándose con personajes de diversa calaña, como el gran Barbarroja, el azote del Mediterráneo; el gran visir Ibrahim; el sultán Suleiman, como así también comerciantes inescrupulosos, turcos bestiales y jenízaros feroces. Todos conforman el universo de Dago y su épica aventura.

Traicionado por su mejor amigo, sufre la muerte de toda su familia a manos de conspiradores, quienes reptan en la noche veneciana, dejando al joven noble a merced de los traidores. Para acabar con su vida. Su mejor amigo, Giácomo Barazutti, lo traiciona miserablemente y le clava una daga en la espalda; creyéndolo muerto lo deja flotando en las aguas próximas a Venecia, donde es tomado prisionero por piratas turcos y esclavizado. El pirata que lo apresa le llama “Dago” por haberlo encontrado con una fina y costosa daga clavada en su espalda. Metafóricamente no hay forma de expresar mejor la traición.

El resto de los conspiradores y traidores a su patria son el Príncipe Bertini, el banquero griego Kalandrakis y el embajador turco Ahmed Bey. Según el relato de Robin Wood, referenciando a su creación indica que “Bertini se encarga del resto plantando evidencia falsa que asocia a Renzi con los turcos y hace pasar la masacre como un ajuste de cuentas de los otomanos disconformes por el mal desempeño de su supuesto contacto veneciano. Al candoroso Dux de Venecia no le queda otra que condenar post mortem a los Renzi tildándolos de personas no gratas y hasta destruyendo su escudo de armas; no hay peor afrenta a la memoria de una familia noble”.

Dago, el esclavo

Se suceden miles de aventuras y el joven noble veneciano se convierte en una maquina de supervivencia. La pesca de sanguijuelas, el remo en las galeras y las bestiales prácticas de sus amos transforman a quien alguna vez fue Cesar Renzi en una bestial fuerza de la naturaleza.

Por circunstancias de esa vida azarosa marcada por el látigo y la desolación, termina con su miseria en lo que sería el final de su derrotero, es decir en los polvorines de Argel. Allí es enviado junto a un grupo de esclavos incorregibles. Lo espera una muerte lenta por obra de los hollines que de apoco se adhieren a sus pulmones, pero algo ocurre que cambiará su vida.

El mismo Barbarroja se presenta a visitar el polvorín como uno de sus rutinarios controles, ya que su flota de barcos se abastece hasta el puerto por esos depósitos de miles de barriles que a su vez alimentan los cañones y toda la maquinaria bélica del imperio. Allí es cuando un grupo de conspiradores intenta asesinarlo y Dago salva su vida.

Dago, el jenízaro negro

En compensación, el temible Barbarroja le devuelve la libertad a Dago; luego mata a todos los traidores pero no puede enviarlo a su Venecia natal, ya que sabe demasiado a cerca del imperio turco. Por ello es que le ordena ponerlo al servicio del sultán como jenízaro en grado superior. Cabe aclarar que los jenízaros eran el cuerpo de soldados del gran visir, por lo que su situación mejora en gran medida, pero se convierte en renegado al servicio del mismo imperio que lucha contra su país, es decir que debe servir al Sultán de Constantinopla.

Esto le da una vuelta de tuerca magnifica a la historia, ya que Dago podrá vengarse de los asesinos de su familia, ya que pasa de ser un miserable esclavo a un funcionario del sultán, el cual para ese momento tiene todo el dominio del Mediterráneo. De hecho, al día siguiente que recupera su libertad, da con uno de los traidores y asesinos de su familia, a quien le da muerte y escribe con un cuchillo el nombre “Renzi”, en su frente, como presagio de que la venganza acaba de comenzar.

Esos hechos suceden en una entrega doble y especial, donde los episodios 33 y 34, LAS PUERTAS DE LAS MALAS HORAS y EL DÍA DEL FIN DE LA SUERTE, respectivamente, volaron de los kioscos de todo el país. Cuando Kalandrakis es el primero en ser asesinado por Dago.

Dago, Dracula y el final de Columba

Posterior a eso, el viaje del ahora renegado lo lleva a las heladas estepas de Transilvania, donde conoce al temible empalador Vlad Tepes, más conocido como Dracula.

Promediando el capitulo 51, titulado “Un viento de horror”, donde su estrecha relación con “el empalador”, permite mostrar una versión del conde jamás vista, sin caer en el facilismo de las ingestas de sangre de hermosas damas y todo el “gore” que le imprimieron los escritores contemporáneos, ese Dracula por lejos sería lo mejor de esa etapa de la historieta.

Lamentablemente la Editorial Columba, después de la gloriosa década del 80 con las revistas: El Tony, Intervalo, Fantasía, D’artagnan y Nippur Magnum –esta última publicaba a Dago– cerró poco antes de la crisis de 2001.

Aunque Dago siguió editándose con nuevas historias en Italia, donde es dibujada por Carlos Gómez y Joan Mundet, su magia indudablemente inundó los kioscos de revistas entre los años 1981 hasta mediados de los 90.

Gustavo Amezaga y Robin Wood (Foto: Robinwood-dago.blogspot.com.ar)

Con la extinción del papel, la profunda crisis cultural vivida en la Argentina sobre todo desde 2001 y el poco apego a la lectura por los jóvenes millennials, Dago es prácticamente una pieza de museo que se puede adquirir en Mercado libre o sitios de subastas. Cada revista puede llegar a costar fortunas enormes, ya que los coleccionistas de habla hispana tienen los mismos sentimientos hacia estos productor vintage, que los anglosajones que deliran con Marvel y DC.

¿Por qué Dago es el mejor comic de todos los tiempos?

Por su pluma asombrosa, por sus dibujos impecables, por su contexto altamente enriquecedor, por el planteo clásico al mejor estilo Joseph Campbell, donde la triada “Separación – Iniciación – Retorno”, funciona casi mágicamente. Pero por sobre todos los aspectos, Dago es una “guía de supervivencia”, donde la aventura se abre en todas sus formas y su lectura invita a un viaje descarnado por las entrañas de uno de los imperios más cruentos que haya dominado la Tierra desde que la humanidad se civilizó y comprendió el funcionamiento del poder.

Robin Wood en 2010, durante una conferencia en la Facultad de Filosofia U.N.C. Mendoza.

Robinwoodcomics.org
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