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Los miserables

Utilizar a los muertos tiene una larga raigambre en la sociedad argentina. Los casos son aberrantes y la historia está plagada de estas miserables prácticas. Esta vez le tocó a Santiago Maldonado y su memoria fue utilizada para una campaña política de descredito contra las instituciones que hoy gobiernan a la Argentina

Entraban a los recintos de las universidades públicas gritando como “desquiciadxs” a la voz de “donde esta Maldonado”, y al que osara preguntar por Julio López –desaparecido en democracia, durante la presidencia de Néstor Kirchner– era escarmentado inmediatamente con la acusación de ser un “trol”, un “macrista” o un “facho”.

Durante los casi dos meses que este pobre muchacho permanecía bajo las frías aguas del río Chubut, una miserable porción de la sociedad argentina era “envenenada” con razonamientos tales como que “a Santiago se lo llevó la Gendarmería”; “lo golpearon hasta matarlo y lo hicieron desaparecer”; “Maldonado: el primer desaparecido de la era Macri” y patrañas de ese talante, al tiempo que el PO y los kirchneristas residuales pedían la cabeza de Patricia Bullrich, la Ministra de Seguridad de la Nación.

El día que se conocieron los resultados de las elecciones, donde ganó Esteban Bullrich, Cristina ni se acordó de Maldonado. Ni siquiera lo nombró, pero una semana antes se tomó fotografías con la foto Santiago en una misa en Merlo.

“Miente, miente, miente que algo quedará”

“Cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”, la frase corresponde a Joseph Goebbels, un sujeto que quedará en la historia por haber sido el ministro de propaganda de Adolf Hitler. Paradójicamente el kirchnerimos utilizó este método durante 12 largos años.

“Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, decía Goebbels, mientras creaba un aparato de propaganda que llegó a mover a los seguidores del Führer como si fueran rebaños de ovejas.

Científicamente esta cuestión de “vender” mentiras tiene una base en la psicología conductista y en las ciencias de la comunicación se conoce como la teoría de la aguja hipodérmica o teoría de la bala mágica. Se trata de un modelo de comunicación que sugiere que un mensaje con destino específico es directamente recibido y aceptado en su totalidad por el receptor.

Por ejemplo, si alguien dice unas cien veces en una semana, que un fiscal de la Nación entró en pánico por haber denunciado a la presidenta y se desenrajó un disparo en la cabeza, y aunque suene absurdo, al cabo de unos días comenzará a sonar lógico, dependiendo de la cantidad de tontos con los que se cuente.

Entonces se puede construir un relato alternativo. “Si en efecto, se mató”. Eso ayudado por medios comprados por un amigo conveniente como Cristóbal López, ayuda a que se mienta descaradamente, aun cuando hay un muerto en medio de la escena.

La verdad es la única realidad

La frase corresponde a Aristóteles, sin embargo Perón se la adueñó y para los afectos a ese partido político es una muletilla que utilizan hasta en las recetas de cocina.

Lamentablemente para los fans kirchneristas a Maldonado no lo golpeó nadie, ni lo arrastró nadie, ni siquiera le tocaron un cabello. Malas noticias para Horacio Verbitsky, quien tuvo a su cargo las  mentirosas tapas de Pagina 12.

Cabe recordar que Verbitsky fue denunciado por Gabriel Levinas en su libro “Doble agente: La biografía inesperada de Horacio Verbitsky” y este no dijo una sola palabra hasta el día de hoy. Este ex montonero le daba información a los militares, operando desde ambos lados.

Para sorpresa de todo el arco cristinista y algún otro idiota que se haya “comido el verso” de que estos corruptos venían a continuar con la revolución y el sueño del Che, los 55 peritos oficiales y de parte que participaron de la autopsia a Santiago Maldonado, practicada el 20 de octubre en la Morgue Judicial, consensuaron de forma unánime en el acta final de la necropsia que el cuerpo del joven hallado en el río Chubut no fue arrastrado ni manipulado. Murió ahogado.

Basta de todo

Evidentemente las miserables prácticas comunicacionales de Pagina 12; los interminables y absurdos informes de C5N y los posteos de Cristina en redes sociales no sirvieron para un carajo. Las elecciones mostraron que al pueblo argentino ya no le interesan los adoctrinamientos por parte de una banda de delincuentes que se disfrazaron de políticos y que pretendieron quedarse con la Justicia, con la voluntad de los pobres y con un “PBI entero” (dicho por el testigo arrepentido Leonardo Fariña) de un país golpeado por el populismo.

A Santiago Maldonado lo usaron para ganar una elección en la cual ni siquiera pudieron con el desconocido y poco carismáticos Esteban Bullrich. Esa misma Cristina que obtuvo el 54 % de los votos de un país esperanzado en que una mujer podría tener la sensibilidad y el don de conducir a los primeros planos del mundo en materia social, política y humanitaria, terminó siendo la nefasta líder de una banda de delincuentes que le pudrieron la cabeza a los jóvenes, usaron a los pobres (29% de la Argentina no cubría  sus necesidades básicas en 2015), fue cómplice del terrorismo que hizo volar a la AMIA, matando a 85 argentinos inocentes cuando tranzó el pacto de impunidad con los ocho iraníes que pergeñaron ese acto terrorista.

En el mundo moderno en el que se vive y se sobrevive, existen muchas cosas para poder utilizar en política, pero hay algo sagrado que no se debe volver a tocar jamás. A nuestros muertos.