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“Hijos y entenados”

Así tildó al contexto que se vivía en el Juzgado Federal de Orán en el marco del juicio que se lleva contra el juez federal Raúl Reynoso

Iván Cabezas había designado como defensor al penalista Marcelo Arancibia, conocido en Salta por haber llevado juicios rutilantes como el de Los hermanitos Leguina o el proceso por el crimen de las turistas francesas, entre muchos otros que tomaron notoriedad pública.

Cuando su cliente, el señor Cabezas, se encontraba privado de su libertad bajo una carátula que incluía evasión impositiva agravada, contrabando de divisas y narcotráfico, Silvana, la esposa de Cabezas, le comunicó a Arancibia que “querían pagar para que Iván obtuviera la libertad”, a lo que Arancibia se opuso terminantemente.

“Me opuse porque no había ningún motivo para que estuviera preso”, dijo el penalista. Según consigna Nuevo Diario, el defensor de Cabezas dijo que “me demoraron bastante tiempo porque decían que no lo encontraban, y cuando lo leí pedí las actas de secuestro y no existían. Mi cliente tenía una carátula extensa por evasión impositiva agravada, contrabando de divisas y narcotráfico. Y lo único que se le encontraron fueron siete porros, que reconoció eran de él porque cuando iba de pesca a veces fumaba”.

Este hecho en particular evidenció que en esa etapa de instrucción lo que escaseaban eran las pruebas. Solo siete cigarrillos de marihuana que durarían menos que nada en la Facultad de Humanidades, era todo lo que había llevado a Cabezas a las sombras. Según Arancibia, “en el Juzgado Federal de Orán había hijos y entenados”

La carátula tenía su eje central en una supuesta denuncia de la AFIP por evasión, que no correspondía si se tiene en cuenta que Cabezas estaba cumpliendo con un plan de pagos.

Conforme se desarrollaba el testimonio de Arancibia, lo que se iba deduciendo de sus dichos era que algunos habían estado presos sin motivo alguno; mientras el trato con los abogados era “diferenciado”.

Nuevo Diario