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Masacre en Texas

La tragedia sucedió en un templo de Sutherland Springs. El asesino había amenazado a su suegra, que acudía a esa iglesia. Los daños colaterales de la venta indiscriminada de armas en EE. UU. y sus consecuencias

Al parecer a los americanos poco y nada les importan los daños colaterales que pueda causar la venta indiscriminada de armas. Esta vez el loco desaforado se llama Devin Kelley, quien cometió la masacre del domingo en la iglesia baptista de Sutherland Springs, con 26 muertos y 20 heridos tras soltar una lluvia de balas de fusil semiautomático. Había sido expulsado de la Fuerza Aérea por maltratar a su mujer y a su hijo.

“Esto es cosa del diablo. Él sabe que cada vez falta menos para el día de la llegada de Jesús y está aprovechando el tiempo que le queda. Y está haciendo bien su trabajo”, dijo Charlie Young, un expolicía de 71 años, un texano amable de típico bigote blanco de cowboy.

A pesar de su tristeza por lo sucedido, este texano es otro más de los necios que defienden este tipo de prácticas. “Ellas –refiriéndose a las armas– no matan. Matan las personas. Nosotros hemos crecido entre armas y nunca hemos tenido problemas”, dijo.

Problemas domésticos

Al parecer cualquier situación puede desatar una masacre en ese país, y sobre todo en Texas, donde una larga tradición de cowboys frustrados cargan armas como si de adornos se tratare.

Según consigna El País de España, los investigadores vislumbran que la carnicería de Kelley pudo tener como espoleta “sus problemas domésticos”. Despedido del Ejército en 2012 por violencia doméstica, Kelley, que vivía a unos 60 kilómetros de Sutherland, se desplazó a cometer su barbaridad hasta la misma iglesia baptista a la que solía acudir su suegra. Ella no había ido esta vez a la capilla. “Sabemos que Kelley le había enviado mensajes de amenaza pero no podemos dar más detalles”, ha dicho a la prensa el portavoz de Seguridad de Texas, que descartó otras conjeturas: “Esto no tuvo una motivación racial ni tampoco tuvo que ver con las creencias religiosas”.

Los investigadores concluyeron que la masacre no tuvo motivaciones raciales ni religiosas ni políticas, y evidencia hallada en el lugar de los hechos indica que el autor, Devin Patrick Kelley, murió de un disparo que se efectuó él mismo luego de chocar su auto mientras era perseguido por residentes armados, dijo el director regional del Departamento de Seguridad Pública de Texas, Freeman Martin, en rueda de prensa.

Elpais.com
Clarín