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La miserable y efímera vida del billete de dos pesos

El billete de dos pesos es el termómetro perfecto para “medir”, en algún grado, a la debacle argentina  de los últimos 25 años. Crónica de un populismo sostenido a nombre del peronismo

Seguramente hubo muchos que se enriquecieron en los últimos 25 años en la Argentina, otros no tanto y otros jamás pudieron salir del rango que los ubica debajo de la línea de pobreza.

El billete de 2 pesos será retirado de circulación en breve. Ya no se puede comprar nada con ese valor nominal, ni siquiera cigarrillo por unidad. Ese billete apareció en 1992 y tenía el valor de 1 dólar; hoy en día apenas llega a 0,11 centavos de la moneda americana.

Sería bueno saber que le pasa al dinero de los argentinos. Por qué a lo largo de un poco más de un par de décadas la moneda se desprecia de esta manera; mientras el billete de dos dólares americano conserva su valor desde hace más de 100 años.

Por primera vez en 25 años, el Banco Central (BCRA) tiene previsto lanzar una convocatoria para sacarlo de circulación.

Según consigna La Nación, el billete que salió al mercado por primera vez en 1992, con la convertibilidad y de la mano de Roque Fernández como presidente del BCRA, se transformó en la práctica en el billete de menor denominación, ya que si bien los ejemplares de un peso nunca fueron rescatados, quedan en la calle apenas 700.000 unidades. Lo más probable es que la mayoría de ellas hayan quedado fuera del circuito por deterioro o en poder de algún coleccionista.

Involución

Según el economista Nicolás Bridger, de la consultora Prefinex, desde 1992 hasta la fecha el poder de compra del billete se erosionó con una inflación del 3490%. En otras palabras, el billete con la imagen de Bartolomé Mitre compraba en 1992 lo mismo que compran hoy casi 70 pesos.

En el medio de eso sucedieron muchas cosas desagradables en la Argentina. Puntualmente hubo dos etapas que le provocaron un “cáncer” al país. El primero fue el menemismo, un proceso macabro en el cual se cerraron casi todas las fabricas del país, mientras los ilusos andaban de shoping por Miami, Carlos Saúl Menem y sus secuaces, como María Jaulia Alzogaray y otros siniestros personajes, privatizaban todo y “rifaban” la industria nacional.

Pasado ese lamentable ciclo en el cual hubo que pagar hasta el último centavo de la “fiesta menemista”, cuando al impresentable Fernando de la Rua le estalló el país en las manos; llegaba Eduardo Duhalde con una devaluación de 3 x 1, que hasta ese día nos parecía brutal, aunque aún faltaba lo peor. Los gobiernos de los Kirchner devaluaron 17 x 1, ese valor tenía el dólar en los últimos días de Cristina.

Si algo habría que reconocerle al binomio “Duhalde-Lavagna” fue haber apagado el incendio del 2001, pero que lamentablemente no se le ocurrió mejor idea que dejarle el mando a Néstor Kirchner, quien desde los Terrenos del Calafate hasta el día de su muerte, no paró de robar mediante una asociación ilícita que la diputada Eliza Carrio venía denunciando desde hacía años, apuntando al ministro de planificación Julio De Vido, entre otros impresentables que manejaban los fondos del estado discrecionalmente.

Si hay que preguntarle cómo se hace para que un billete pase de 2 a 0,11 dólares, los únicos que pueden responder son esos que, bajo el signo del peronismo, destrozaron la economía de un país en solo 25 años, dejando a un tercio de la población bajo la línea de pobreza mediante un populismo recalcitrante y que al día de hoy, ya desde la cárcel tienen el descaro de tildar a este pequeño halito de justicia como una “persecución”. Un reduccionismo miserable por cierto, cuando ni siquiera pueden justificar los enormes patrimonios que ostentan.

No solo Boudou, De vido, Lopez, Baez, etc. deberían estar tras las rejas. Los verdaderos culpables, sobre todo este desmadre son Menem y Cristina Kirchner, quienes deberían explicarle a los argentinos como fue que literalmente “reventaron” un país que en 1973 no tenía pobres.

Aquellos que votaron a estos adefesios durante los últimos 25 años deberían mirar el billete de dos pesos y hacer un examen de conciencia, porque son (somos) los únicos culpables de semejante desatino.