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Perdió

Cristina Kirchner reconoció la derrota de Unidad Ciudadana. Tras los resultados, Bullrich dijo que llamó a Cristina y esta no quiso atenderlo. El final de un ciclo.

El 24 de octubre de 2011, Cristina Fernández de Kirchner obtenía el 54% de los votos, resultado que parecía posicionarla en el poder por un largo tiempo. Acaba de perder con el ignoto Esteban Bullrich en las elecciones para senador nacional. Algo sucedió en el medio.

Perder el poder de la manera que lo hizo Cristina es algo que no puede pasar desapercibido. “En cada lugar se notó que hay la sensación de una transformación muy grande, que tiene mucho que ver con la obra pública pero mucho más que ver con lo que pasa en términos de las formas; hay entusiasmo por el cambio, por la lucha que se está dando”, dijo el ganador y candidato de Cambiemos.

Había llenado la cancha de Racing y sus últimas apariciones en televisión como un cambio de rumbo en la estrategia proselitista, parecían ser buenos síntomas para lo que era calificado como “el último gran cuadro político del PJ”, pero no le alcanzó con eso.

Una cuestión de actitud

“A Cristina Kirchner la llamé, pero no me atendió”. Les escribí también a sus asistentes así que espero hoy, al final del día, poder comunicarme”, dijo Bullrich en Radio Mitre; el candidato de Cambiemos debería saber que, si Cristina no le pasó la banda presidencial a Macri, es obvio que a él no lo iba a atender.

La personalidad de la ex mandataria fue fluctuando críticamente en los últimos años. Pasó de estar “borracha de poder” –tal como la definió Agustina Ayllón, esposa de Francisco de Narváez–  a concederle entrevistas a Infobae o al “Morfi” de Gerardo Rozin. Sumando poses de “buena mujer” que viene a renovar la política argentina.

Nada le resultó, ni la foto con la cara de Maldonado, ni sus esfuerzos por parecer una persona afable y popular, danzando ante las atónitas miradas de una sociedad que aun espera que dé explicaciones en la Justicia.

Efecto Randazzo (efecto indeseado)

Florencio Randazzo para Cristina fue como esas medicaciones que un buen doctor le prescribe a su paciente pero que le advierte: “mire que los efectos a largo plazo son muy indeseables”.

Si bien el candidato por “Cumplir” obtuvo el 5,28% de los votos, eran suficientes para que con ese número Cristina aventajara a Bullrich, pero esos votos no fueron para ella. En realidad no fueron para nadie, porque solo hicieron daño. El “ninguneo” a Florencio Randazzo en algún momento iba a lograr hacer algún efecto y lo hizo.

Su verdadera carrera política comenzó aquel día de 2015 que le dijo a Cristina Fernández de Kirchner que no aceptaba encabezar la boleta como candidato a gobernador por la Provincia de Buenos Aires. Él pretendía competir con Daniel Scioli en las primarias para las presidenciales.

Como bien consigna Infobae, la historia es conocida, irían a las PASO, Aníbal Fernández y Julián Domínguez por el Frente para la Victoria. El primero ganaría una desgastante interna, para perder en las generales contra María Eugenia Vidal. A partir de ese punto el sueño de un presidente ni radical ni peronista cobraría forma para coronar el triunfo de Mauricio Macri en el balotaje.

Ahora la pregunta que cabe es ¿qué hubiera pasado si en vez de Fernández el candidato hubiese sido Randazzo?

Entre el Senado y Comodoro Py

Si bien los fueros van a protegerla de ir a la cárcel, a Cristina le espera un verdadero desfile por tribunales. La causa denominada como Dólar futuro la tiene bien nerviosa. Está procesada “por administración infiel en perjuicio de la administración pública”. El Banco Central (BCRA) afrontó pérdidas millonarias por la medida, impulsada por el expresidente de la entidad y el exministro de Economía Axel Kicillof.

En cuanto a Los Sauces, Cristina fue imputada ante la sospecha de haber recibido coimas –delito de “cohecho”– por parte de empresarios beneficiados con la adjudicación de obra pública. Esta causa en particular la desvela, ya que su hijo Máximo firmó mucha documentación relacionada a estas maniobras fraudulentas. Tanto Máximo como ella, ya estaban procesados por “enriquecimiento ilícito”, de la cual fue sobreseída junto a su marido años atrás por obediente juez Norberto Oyarbide.

Hotesur es otra de las causas que acumula CFK por supuesto lavado de dinero junto a su marido, el expresidente Néstor Kirchner, donde se investiga la actividad hotelera del matrimonio en conjunto a Báez y López, entre otros empresarios. Estos dos últimos ya están presos.

La famosa Ruta del dinero K, donde aparece también el nombre de Lázaro Báez, quien  habría sacado del país 55 millones de euros y los habría transferido al exterior por fuera del sistema legal. La investigación señalaba que la ruta del dinero empezaba en Río Gallegos, hacía escala en Buenos Aires y seguía su rumbo hacia cuentas en Suiza de empresas radicadas en paraísos fiscales.

Después de la escandalosa aparición del fiscal Alberto Nisman con un balazo en la cabeza en su departamento y el cambio de gobierno, el juez federal Claudio Bonadio, que investiga a la ex presidenta por traición a la patria por haber firmado el pacto con Irán, amplió la investigación en su contra a raíz de las declaraciones que hizo el espía Antonio Stiuso en la causa por la muerte de Nisman.

Con toda esta caterva de causas y un resultado desfavorable en unas elecciones parlamentarias donde ganó Cambiemos, el futuro de Cristina se cierne entre declaraciones en tribunales, grotescas apariciones en el Senado de la Nación y un 2019 que ya no será ese que habían soñado quienes escribieron “el relato”, donde el país se incendiaba y desde el sur vendría “el regreso definitivo” –a lo Perón– por parte de la líder “nacional y popular”. Nada de ello sucedió.

Los afectos a Cristina, los que llenaron la cancha de Racing, quizás pensaron que la ex mandataria se “rearmaría” al ritmo de las ominosas noticias de la desaparición de Santiago Maldonado, de los tarifazos de Cambiemos o de los silencios de Macri. Nada de ello le posibilitó el triunfo y le deja un certificado de defunción al kirchnerato en la mesita de luz, al lado de un vaso de amargura, esa amargura que dejan las derrotas aleccionadoras.

Se terminó el kirchnerismo en la Argentina.