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Efecto “Delpo”

Se siguen sumando las críticas de entrenadores y ex jugadores argentinos contra el flojo desempeño del conjunto nacional de futbol. Al parecer la falta de “valor” en los momentos de adversidad es la principal dificultad de la Selección.

10-09.- “Los goles que no hacen en la selección, los hacen allá”, acaba de decir un fastidiado Cesar Luis Menotti, el entrenador de la selección campeona de 1978. En ese equipo se destacaba Mario Alberto Kempes, quien convirtió varios goles fundamentales en ese torneo. También “El matador” salió a pegarle a los dirigidos por Jorge Sampaoli.

“Dos o tres con el corazón de Delpo en la selección y no tendríamos muchos problemas ni críticas en contra”, lanzó desde su cuenta de Twitter.

Evidentemente al paladar del hincha argentino le cabe que el representante deportivo de la disciplina que fuere, se destaque por su “valor” o mejor dicho “por los huevos”, noción que goza de una ausencia notable en ese grupo.

No solo Kempes añora tener a un Juan Martin Del Potro con la camiseta de la Selección mostrando toda su garra, también muchos detractores del club de “los amigos de Messi” gozarían viendo a once guerreros en la cancha y no a un puñado de caprichosos millonarios que están contando los minutos para treparse a un avión y regresar a esa “zona de confort” que son las ligas europeas para ellos, donde, con un quiebre de cintura y una gambeta logran que los defensores europeos caigan desparramados ante sus pies y eso les posibilite ganar cifras escandalosas de millones y millones de euros.

El ultimo gran héroe y la grita futbolística

La comparación es inevitable. El último gran guerrero que se puso esa camiseta, hoy en día, es un obeso que balbucea inconsistencias sintácticas y apenas coordina dos frases. Pero ese sujeto odiado y vilipendiado por los “millennials”, es el último que trajo la copa del mundo en 1986. Deberían lavarse la boca antes de hablar del gran Diego Armando Maradona.

La grieta futbolística puso de un lado a los que ponderan la “humildad” de Messi –aunque evada impuestos– sobre la inmoralidad de Diego y se canse de hacer goles para los españoles del Barcelona; mientras que del otro lado prima el sentido común y solo se pide “futbol”, aunque vengan de los pies de Mauro Icardi, el detestable, desleal y traidor que le quito la mujer a su amigo.

Al fin y al cabo lo que importa es el espectáculo y no lecciones de moral fuera del campo de juego. Concepto pragmático que parece no encajar en las nuevas prácticas 2.0 y en la comunidad “selfie”.

Quizás las redes sociales despertaron una curiosa apetencia por la vida íntima de aquellos actores del show business, donde esa especie de “farandulización” del deporte llevó a priorizar las actividades bajo las sabanas por sobre el espectáculo en sí.

Carlos Monzón en épocas de redes sociales, no hubiera sido más que un bruto al cual Susana Giménez le enseñó a agarrar los cubiertos; a la sazón está considerado el mejor peso mediano de la historia del boxeo… y es argentino.

Maradona comenzó con su adicción a la cocaína a los 22 años y mientras su mujer estaba embarazada de su primera hija, dejaba encinta a Cristiana Sinagra de Diego Junior; sin embargo a los 27 años y después de una carrera futbolística asombrosa, le convirtió el mejor gol de la historia del futbol a los ingleses y trajo la Copa del mundo a la Argentina, en lo que se considera la mayor hazaña del deporte nacional.

Sin embargo no todo es malo en épocas de redes sociales. Están aquellos anónimos, infames y también famosos que añoran tener a un deportista excepcional y sobre todo valiente como Del Potro en la Selección, por un solo motivo, el tandilense triunfa en las adversidades y si pierde deja el alma en cada pelota.

Los jugadores de la Selección argentina deberían tener en cuenta lo que alguna vez dijo el extraordinario Sugar Ray Leonard, ganador de cinco coronas mundiales en diferentes categorías: “El campeón no es el mejor, es el que no se rinde jamás”.