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Me pregunto ¿qué hicieron con Cristian Luna?

Desapareció el 11 de marzo del año 2008 sin dejar rastros. Vivía en Salta, tenía 30 años y además de ser bajista del grupo War Angel era programador y diseñador informático. Su caso jamás se politizó y por ello quedó en el olvido, solo su madre y unos cuantos amigos lo siguen buscando.

@victorsacca

Conocí a Cristian Luna en un cubículo informático. Programaba aplicaciones y era el mejor hacker que vi en mi vida, podía eliminar un virus de computadora de forma “manual”, tenía habilidades para crear cualquier aplicación a partir de un simple bloc de notas.

Después que desapareció para siempre, la última medida que se conoció desde la Justicia fue tomada por el Juez de Instrucción Formal de Segunda Nominación, Esteban Dubois, a cargo de la investigación judicial del paradero del joven desaparecido desde el 11 de marzo de 2008, había solicitado mediante oficio al gobierno provincial que “gestione la colaboración de fuerzas de seguridad nacional y provincial en la búsqueda”. La causa judicial está caratulada como “Informativo por ubicación y paradero de Cristian Fernando Luna”.

No obstante esta diligencia data de 2013, en la misma se pide acompañar de otra en la que se solicita la colaboración de la Secretaría de Cooperación con los Poderes Judiciales, Ministerios Públicos y Legislatura para que difundan la foto de Cristian Luna y los datos del caso en la Red Isopro, que gestiona de forma centralizada las órdenes judiciales relacionadas con desaparición de personas, capturas nacionales e internacionales, secuestro de vehículos y prohibiciones de salidas del país.

La última vez que vi a Cristian

Llevaba años buscando trabajo como informático, me había graduado como Analista programador en el Instituto Facundo de Zuviria. Fue cuando me topé con Cristian Luna en un pequeño cubículo donde enseñaban a manejar software de escritorio. Era un deshuesadero de computadoras, lugares que pasaron al olvido después de la salida del iPhone en 2007, justo un año antes de que desapareciera Cristian.

Allí pedían alguien que continuara el curso de Web master que daba Cristian, aunque él estaba para cosas mucho más complejas que diseñar una simple pagina web. Por eso se iba a Italia a trabajar como programador, insisto, era el mejor que vi en mi vida.

El día que lo conocí me impresionó su pinta de rockero y su costado “Geek”. Solo le importaba lo que había frente a sus ojos en la pantalla. Era un autómata y un autodidacta, no escuchaba de un oído, por lo que eso era una ventaja para él. Eran menos las personas a las que tendría que escuchar y por ende menos interrupciones, solo quería programar.

Yo era su aprendiz, por lo que lo llamé varias veces por teléfono para que me enseñara lo que sabía y yo continuaría solo. La última vez que me puse en contacto con él fue porque necesitaba que me diseñara un streaming. Lo vi por última vez entrando a una imprenta sobre calle Lerma, casi esquina Mendoza, a eso de las siete de la tarde.

Unas semanas después comenzaron a preguntarse dónde estaba y al cabo de varios meses, dos sabuesos de la Brigada de investigaciones fueron a verme. Había pasado tanto tiempo que yo había cambiado de trabajo, en ese momento cargaba prestaciones del PAMI para una clínica, cuando recibí la visita de los investigadores.

Los invité a tomar café a un bar de la esquina de la clínica, allí me informaron que mi número de teléfono aparecía en la sabana de llamadas de Cristian. Les comenté lo que ya mencioné, de que yo había continuado dictando un curso que él había dejado antes de irse a Italia. En aquella ocasión Cristian no había avisado que se iba a trabajar a Europa, pero había regresado a Salta, justamente cuando lo vi entrando a esa imprenta sobre calle Lerma, les dije a los sabuesos.

La charla fue muy amable con ambos policías, noté que estaban desorientados y yo trataba de ayudarlos con todos los datos que podía aportarles. Me preguntaban si sabía algo de esa novia que tenía y del empresario que podría estar involucrado, a lo que respondí negativamente, ya que a Cristian solo lo veía en el instituto de computación, donde trabajamos. Para cuando terminamos de tomar café, uno de ellos me miró y me preguntó: ¿Qué crees que le pasó?

Les dije que no se molestaran por lo que les iba a decir, que no se ofendieran por lo que yo pensaba y era que, a colegas de ellos se les había ido la mano, que lo podrían haber matado a golpes y que luego lo habían hecho desaparecer.

Ambos hicieron silencio y bajaron la cabeza, no quiero decir que asintieron con el gesto o que me dieran la razón, pero se quedaron sin respuestas. Quizás un poco avergonzados con una situación tan trágica y que ellos jamás podrían resolver.

No sé en qué andaría Cristian ni a quien había hecho enojar, pero lo que si estoy seguro es que era una persona totalmente inofensiva. No me explico que fuerzas del mal pueden haber provocado su desaparición.

Ahora veo los canales de televisión atestados del caso Maldonado y me pregunto por qué Cristian no tuvo la “suerte” de que le hicieran una movida como esa; me pregunto por Julio López y me sigo preguntando por los 30 mil desaparecidos. También me pregunto por María Cash y por tanta gente que se fue de su casa y jamás regresó.

Dicen que el caso de Santiago Maldonado está politizado, pero si esa politización sirve para encontrarlo bienvenida sea, dicotomía mediante entre quienes piensan diferente en la Argentina, que la movida nacional del caso Maldonado movilice a que busquemos a otros que no volvieron a aparecer y así poder mitigar el dolor de madres como Miriam Carreras, que sigue buscando a Cristian aunque hayan pasado más de 10 años.