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#MayweatherVsMcGregor / Tongo al mejor estilo americano

Floyd Mayweather lo hizo otra vez, se llevó 300 millones de dólares en concepto de bolsa por un simple “entrenamiento” contra el ignoto y payasesco campeón de UFC, un bufón llamado Conor McGregor.

Etimológicamente la palabra “tongo” refiere, en una competición, a una trampa por la que un participante se deja ganar, generalmente por dinero. Parece ser la perfecta síntesis del simulacro de pelea que ejecutaron estos dos mediocres que se enfrentaron en el T-Mobile Arena de Las Vegas, y que después del soporífero espectáculo que brindaron no trabajarán por el resto de sus vidas, ya que con lo recaudado pueden vivir de bienes raíces sin mover el culo un solo centímetro de su silla.

Desde lo deportivo, el triunfo por knock out técnico en el décimo round de Floyd Mayweather ante McGregor nada le aportará a la rica saga de combates épicos con los que cuenta el boxeo en toda su historia. Simplemente figurará en las estadísticas con un pequeño asterisco por superar los 49 triunfos consecutivos que Rocky Marciano hilvanó entre el 1947 y 1955, da cuenta un párrafo de antología de La Nación, unas horas después de semejante fiasco.

Quienes tuvieron el privilegio de ver a Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Mike Tyson, Roberto Duran, Marvin Hagler, Julio Cesar Chavez o a nuestro Carlos Monzón, entre tantos campeones, no pueden concebir la idea de que éste bufón en particular forme parte de la gloriosa galería de púgiles llenos de talento y el hambre de gloria  que los caracterizaban.

Foto: AP

¿Y el ojo del tigre?

Pasados los gritos, las bufonadas y las puestas en escena del pesaje, al fin Mayweather y McGregor se subieron al ring del T-Mobile Arena. En el primer asalto el irlandés colocó un certero uppercut que le sacudió la cabeza al ostentoso moreno. Y ese fue el único golpe que el campeón de UFC le propinó en toda la noche. Lo demás solo sería un monologo para el múltiple campeón.

Era desesperante ver los tímidos golpecitos con los que McGregor, “tocaba” sobre la guardia de Mayweather. Conforme pasaban los rounds, lo del campeón de UFC era cada vez mas fútil, carente del coraje y el salvajismo con el que destroza a sus rivales en la jaula. Aquí  McGregor fue la sombra de la sombra de algo que se quería parecer a un boxeador.

Al final Mike Tyson tenía razón cuando afirmó que McGregor no tenía la más mínima chance ante Mayweather. Conforme los asaltos se consumían era más evidente que “el asesino” que anida en el interior de McGregor solo fue un catalizador del márquetin con que este fiasco se vendió en varios millones de dólares.

Quedaron dos sensaciones en el público que masivamente se volcó a confiterías y bares para ver el evento. Por un lado quedó la idea, suspicazmente, de que a McGregor le bajaron línea después del primer round cuando conectó al odioso moreno y le sacudió la humanidad con aquel uppercut; o bien McGregor no entrenó ni una maldita hora de su vida con otro boxeador para quitarse –al  menos por una noche– los reflejos condicionados que lo llevaron varias veces a estar detrás de la humanidad de Mayweather, presto a realizarle una llave e inmovilizarlo, cuestión que es muy común durante la dinámica de una lucha en la jaula.

Foto: LA NACION / SHOWTIME Boxing

“Business is business”

Al final el dueño del circo, el propio Floyd Mayweather, se alzó con ganancias multimillonarias por una simple “sección de entrenamiento”. El usufructo del show reportó ganancias cercanas a los 1000 millones de dólares, superando los 623 millones del combate que protagonizara contra Manny Pacquiao en 2015.

Da escozor pensar que este fantoche haya ganado en una hora más dinero del que ganó Ali en toda su carrera. No conforme con eso superó el record de Rocky Marciano, de 50 victorias sin derrotas.

Si bien la dinámica y evolución del boxeo a lo largo de la historia cambió radicalmente, cuando los pobres boxeadores eran explotados por los mafiosos e inescrupulosos promotores que no protegían la humanidad de sujetos que se hacían golpear hasta quedar con daños cerebrales; a esta payasada sin sentido, donde boxean “promotores”, que ellos mismos arreglan sus bolsas –se llevó 300 millones en 10 rounds– y que en honor a la verdad no se sabe si, desde el inicio la pelea se pactó, como sucedió en el mencionado choque con Pacquiao, cuando ambos se encontraron en un partido de la NBA y allí mismo “arreglaron” la pelea.

Como espectáculo un fiasco, un verdadero tongo; como negocio una maravilla que les dejó mil millones por diez round, uno más aburrido que el otro. Hasta el nocaut fue una consecuencia necesaria de la impresentable condición en la que llegó McGregor, quien se llevó a su casa la poco despreciable suma de 100 millones de dólares.