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Erase una vez la inflación

Esta es la nefasta crónica de cómo la Argentina devaluó su moneda hasta convertirla en papeles emitidos sin ningún respaldo. Lo que un automóvil sedan de cinco puertas costaba en 2005 hoy en día es el valor de teléfono celular. Populismo, mentiras, propaganda y sobre todo falta de memoria, la fórmula para que un país en 15 años pierda toda competitividad.

No hace falta ser un máster en economía para saber que a la Argentina en los últimos 15 años, los gobernantes que manejaron los destinos de la patria, la dejaron con una moneda que no tiene ningún respaldo y que, el solo valor del papel superó en muchos casos a los billetes de baja nominación.

Para plantearlo a modo de hipótesis sería perentorio arrancar desde un ejemplo simple: en 2005 un automóvil sedan de cinco puertas, marca VW Golf costaba $ 17.500 más IVA; al día de hoy con ese dinero se puede adquirir un teléfono celular Samsung Galaxi, por cierto un producto de consumo masivo.

Esto dentro de un contexto actual donde la mitad de los argentinos gana menos de 10 mil pesos, según el Indec, dato consignado en junio de 2017. Además, seis de cada diez habitantes con trabajo no alcanza a superar con sus ingresos individuales el costo de la canasta básica total, condición que también enfrentan el 40% de los hogares.

Volviendo al ejemplo del automóvil que en 2005 costaba 17.500 pesos, y recordando que Néstor Carlos Kirchner gobernó la Argentina desde el 25 de mayo de 2003 al 10 de diciembre de 2007, ahora el mismo automóvil, pero obviamente modelo actual, cuesta la friolera de $ 375.000. No hay mucho que agregar. Los números cantan a gritos redoblados.

Que es la inflación

Es el proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda; causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos.

Algunos economistas le llaman “la muerte silenciosa”, ya que al principio no se sienten sus efectos, pero cuando los indicadores superaron los limites, el cuadro es irreversible.

¿Cuáles son esos indicadores? es fácil de entenderlo: cuando el índice de inflación no supera un digito (0.9 por ejemplo) es saludable; cuando llega a dos dígitos, es decir más de 10 puntos, se enciende una alarma, aun no es grave pero ya se deben comenzar a tomar medidas.

En 2014 el Congreso de la Nación Argentina, ante el hermetismo del Indec de Guillermo Moreno, midió la inflación y esta llegaba a 34 puntos anuales. Sin embargo nadie parecía notarla, ya que el gobierno de Cristina había implementado un perverso sistema de circulación de activos alimentado por índices inflacionarios altos.

Pasándolo en limpio, lo que el gobierno hacía era alimentar el consumo con la idea de que todo aumentaría y que por ello era perentorio salir y comprar todo lo que se pudiera adquirir. Aquí es donde entra en juego el ominoso juego del populismo.

Aumentos para jubilados cerca de las fiestas de fin de año, planes sociales, asignaciones para todos los gustos. Esto traía aparejado un doble juego: convertía a los gobernantes en “generosos”, cosa que aun añoran los simpatizantes de Cristina y Néstor; y sobre todo le daban dinamismo al dinero circulante. Eso mostraba un “crecimiento” enmascarado por no decir falso. Eran épocas en que se emitían billetes sin ningún respaldo.

Este doble juego llevó a que el Peso argentino se devaluara en una relación de 18 a 1 al día de hoy, el mejor termómetro para medir esto es el Dólar, que hoy en día escapó a 18 pesos argentinos, ya que “la muerte silenciosa” es un hecho irreversible y que el gobierno de Macri no puede resolver.

Cabe recordar que durante la salida de la convertibilidad después del apocalíptico 2001, el gobierno de Duhalde había devaluado en 3 a 1, cosa que todos tomaron como un verdadero escándalo a  la medida que había tomado Lavagna, quien luego fue quien apagó el incendio, dándole al gobierno de Néstor el famoso “viento de cola”, además ayudado por el contexto internacional favorable para la Argentina, mas el boom de la commodities. Ventaja que jamás se supo aprovechar, caso contrario la Argentina al día de hoy sería uno de los países emergentes y no estaría sumido en la profunda crisis económica que se encuentra actualmente.

Un experto en inflación en cada esquina

El argentino es un ser muy peculiar. Hasta antes de 2015 nadie mencionaba la palabra inflación. A nadie se le ocurría plantearse qué pasaría si los índices no bajaban, por esos años. Es decir, desde 2007 hasta el nefasto noviembre de 2015, cuando el gobierno ordenó una expansión monetaria, con la inconfesa idea de que a los inoperantes funcionarios y economistas de Mauricio Macri deban caminar por un campo minado o se “coman” una bomba que les estallaría en la cara como a Fernando De la Rua.

No les estalló el primer año, pero el estallido existe, solo que en dosis menores, algo así como micro infartos.

En 15 años el Peso argentino vale 18 veces menos y la mitad del país quiere elegir en las urnas a quienes fueron responsables de semejante devaluación vedada.

La otra opción tampoco es muy halagüeña, un ato de mentirosos que hicieron promesas que no pueden cumplir y no conformes con eso, juegan un perverso entramado electoral donde un pacto implícito entre kirchneristas y macristas asoma en el horizonte de sucesos de una crisis que parece no tener retorno. Pero claro, miramos a Venezuela y nos sentimos aliviados de que no nos sucedió eso. Desgracia ajena consuelo de tontos.