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#paso2017 / Elecciones devaluadas

Da la sensación de que no se trata de elecciones legislativas sino más bien una competencia por saber quien tiene mejor imagen o cual es el que tiene el “traste” menos sucio. La cuestión es que hay 14 listas y son pocos los ciudadanos de a pie que conocen perfectamente quien es quien en estas primeras elecciones, después de la salida del kirchnerismo del poder.

Si bien el objetivo son tres bancas en el Congreso, más bien parece que se tratara de un concurso de popularidad. Son tres los lugares que se renuevan en la Cámara de Diputados de la Nación, por ende hay que ir a votar y es obligatorio, razón por la cual estos candidatos ensucian paredes,  se toman el trabajo  de ir a tocar timbres y molestar a los vecinos con más entusiasmo que un testigo de Jehová.

La realidad es que “doña Rosa” no sabe a ciencia cierta quién es quién o a qué partido pertenece. Además de que las elecciones legislativas son de menor comprensión conceptual; amén de que la población experimenta el asco que dejaron años y años de populismo, de flagrantes mentiras y de una realidad que da cuenta de que un tercio de la población está bajo la línea de pobreza.

Con eso y todo, los políticos le piden a la gente que los voten, por que lamentablemente el acto de votar aun es obligatorio, en un país donde pareciera que la democracia está en pañales.

El márquetin de la honestidad

Es interesante lo que sucede cuando se analiza la reacción del vecino cuando un testigo de Jehová les toca el timbre. La primera pulsión es tratarlo como a un delincuente y correrlo como si fuera un leproso; sin embargo cuando en épocas de elecciones estos candidatos tocan el timbre se los atiende como si se tratara de un enviado del mesías, quien trae todas las respuestas a las penurias y al cual se le “ruega” por trabajo o beneficios. Sabido es, que el que gane se convierte en sordo y mudo.

El vecino sabe que se parapetarán en sus flamantes despachos y que por cuatro años serán un gasto para el Estado, el cual les paga fortunas por asentar sus culos en el Senado. Lo mismo pasa con los concejales y ni hablar de los diputados. Este fenómeno se repite cíclicamente, pero claro, el salteño no se queja de nada, ni siquiera por pedido del Papa Francisco, cuando inmortalizó aquella frase genial que refiere a “hacer lío”.

El país vive el saqueo de la clase política y aun así los vecinos tienen el carácter para echar a un testigo de Jehová como si fuera un delincuente, pero cuando estos personajes van a tocar el timbre no los echan como deberían.

Se vienen las elecciones y los salteños deberán asistir a votar por obligación por alguno de estos candidatos. Se entiende perfectamente por que en países donde las democracias son más maduras no es una obligación ir a votar por estas excrecencia, a quienes hay que ir a votar para que sigan saqueando a un país a prueba de bombas atómicas y políticos corruptos.