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La pesada (y conveniente) herencia

El intendente Gustavo Sáenz lleva ya un año y medio en su cargo y si bien algunas zonas fueron materia de bacheo, en líneas generales la ciudad de Salta continúa siendo intransitable.  La pesada herencia de Miguel Isa ¿afecta o no a su sucesor? ¿La herencia es un bien apreciado por Sáenz o un padecimiento? ¿Quién se hace cargo?

“Si no existiesen las malas personas no existirían los buenos abogados”, decía Charles Dickens. Retóricamente en símil, se podría plantear que sí Miguel Isa no hubiera dejado la ciudad en estado paupérrimo; Gustavo Sáenz no tendría  que hacer “campaña” con el bacheo y otras cuestiones domesticas de índole local, como la inconclusa Revolución Verde, los siderales gastos de campaña de su candidatura para gobernador que jamás se concretó y su dilatada despedida con la publicación de un libro que relataba la crónica de sus administraciones desde 2.003 a 2.015, de 240 páginas, según consigna el Saltatransparente.com.

Todo es causa y consecuencia, por mas mínima que sea la causa y por mas grande que la consecuencia resulte.  Isa dejó un caos urbano de tal dimensión que  el hecho de transitar en automóvil o vehículo de mayor porte por la Salta “tan linda que enamora”, es un suplicio…

A un año y medio de gestión la pregunta es ¿Sáenz llegó para remediarlo todo y ser el intendente que arregló las calles y ordenó el Municipio?

Se regresa al lugar común desde esta premisa que plantea Dickens, si todos fuéramos buenos, si el bien común sería parte fundamental de la vida social, entonces no habría un orden que actúe coercitivamente contra el mal obrar.

Los dispositivos de poder funcionan de esa manera. Para que exista el buen obrar debe haber existido el mal hacer. Ya lo planteaba Foucault, en su progresión que lleva, desde la existencia de sistemas represivos como las cárceles hasta una fuerza necesaria que pueda contener a aquellos que no cumplen con los mandatos sociales.

Para el pensador francés una cosa lleva a la otra necesariamente en un dispositivo donde el poder actúa de forma progresiva, pero no como uno solo, sino como varios poderes.

“Creo que el poder no se construye a partir de voluntades, ni tampoco se deriva de intereses, el poder se construye y funciona a partir de poderes, de multitud de cuestiones y de efectos de poder”, afirma Foucault.

Entonces cabe la pregunta ¿por qué si alguien que ha construido poder durante 12 años, les ha dejado el casco urbano a quienes lo siguieron (y votaron) en un estado calamitoso?

¿Porqué su sucesor, quien también construyó poder en paralelo –bajo el mismo signo político– utiliza esas bases de futilidades como un campo fértil para sus aspiraciones proselitistas?

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¿Desprevenidos o aturdidos por el populismo?

¿Qué le han hecho a las peatonales? ¿Para qué sirvió inaugurar una veintena de escuelas de boxeo si después cerraron la mitad? ¿Qué pasó con las escuelas de Artes y oficios, a que orbita fueron a parar?

¿Todo este “populismo municipal” le sirve al nuevo jefe comunal para hacerse la “América” en Salta y posicionarse sobre sus posibles rivales para hacerse del Ejecutivo?

Mientras tanto el saliente jefe municipal, quien se parapetó en la vice gobernación donde todo parecía que transcurría con la tranquilidad que experimenta un vice entre sombras, acaba de recibir el cimbronazo de la escandalosa salida de Eduardo Cattáneo, a quien el Ejecutivo le quitó el cargo político que tenía en la Vicegobernación.

Estrategias geopolíticas     

Sin dudas la política es, de facto, un arte artificioso y retorcido, que permite alcanzar y mantener el poder. Para salvaguardar ese poder se haría necesario emplear toda clase de arbitrariedades y desmanes, siempre y cuando no se decapitase la razón de Estado.

Maquiavelo insistía mucho en una premisa que es una estrategia excepcional. “Actuando con base en estrategias; es decir, no sólo se preocupaban de los desórdenes del presente, sino también de los del futuro. Eso, en otras palabras, les hacía fuertes”.

Gustavo Sáenz se carga al hombro el bacheo que dejó sin terminar Miguel Isa y nadie dice nada. Los ciudadanos siguen votando el mismo signo político mientras transitan una ciudad con “cráteres” que parecen salidos de un relato de ficción, de esos pueblos sin memoria donde jamás se reparará un maldito pavimento y los niños juegan allí hasta hacerse hombres.

En esa visión que se asemeja a un relato de Gabriel García Márquez viven los salteños, “sumidos en un sueño muy profundo”, tal como dice un cantante italiano de “cuyo nombre no quiero acordarme”.

Uno es quien llega a arreglar la herencia del otro, con tal todos los ciegos miran sin ver. Mientras el Papa Francisco pide que “hagan lio” y ningún salteño lo hace. Mientras la carrera política y los cargos públicos son de lo que mejor le sigue rindiendo a quien aspira a asegurar su futuro, son más fructíferos aun en la vida de un estrato de pacatos que la viven de rey, gracias a las artes de la política.

El salteño seguirá igual de tranquilo y taciturno, con tal la queja es retorica de los viejos y semiótica de los que solo rompen los huevos.

Mientras la pesada herencia es un Bien… bien conveniente.

Foto: Saltatransparente.com