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#Malvinas: la historia jamás contada

A lo largo de la historia política del mundo, la solución para un país en crisis fue siempre embarcarse en un conflicto bélico. La Argentina ya no era comandada por el dictador Jorge Rafael Videla, pero otro fascista manejaba los destinos de nuestra patria.

@victorsacca

El Teniente General Leopoldo Fortunato Galtieri, había sucedido al depuesto Roberto Eduardo Viola, todos estos fascistas se hacían incluso autogolpes. Delicias de una dictadura que ya buscaba su final anunciado, propio del desgaste económico y político del propio régimen.

Inglaterra también transitaba por un periodo turbulento durante la gestión de Margaret Thatcher, por lo que el conflicto de Malvinas era una salida “conveniente” para ambos países.

Argentina había intentado el año anterior llevar adelante una guerra con Chile por el conflicto del Canal de Beagle. Pero a último momento el intento se frustró.

Después de 150 años de negociaciones diplomáticas, la Argentina se aprestaba a confrontar con una de las potencias imperialistas más grandes del planeta.

Después de que un convoy compuesto por soldados argentinos ocuparan la base operativa de las Islas del Atlántico Sur, Inglaterra envió la flota más grande, después de la segunda Guerra mundial.

Lo que los ingleses jamás imaginaron fue que serían protagonistas de una de las batallas aéreas más espectaculares de la historia de la humanidad, cuando los pilotos argentinos en inferioridad de condiciones les dieron una lección que jamás olvidarían. Hundiendo costosas fragatas de enormes prestaciones bélicas.

La batalla en el aire

El mundo se llevó varias sorpresas, producto de las arriesgadas maniobras de la aviación argentina y los inéditos modos de ataque, los cuales hicieron que, pasada esta guerra, los protocolos de defensa naval cambiaran para siempre. Después del conflicto los argentinos fueron considerados los mejores del mundo. Un titulo que no significa ninguna victoria pero que reconoce la habilidad, capacidad y osadía de estos expertos que habían estudiado en la aeronáutica, en la provincia de Córdoba.

Obviamente que la propaganda fascista argentina había tergiversado de tal forma la información de la guerra, que recién veinte años después se supo la verdad de la crónica bélica, la cual fue dramática y trágica en tierra pero gloriosa y fascinante en el aire.

Había que equilibrar la inferioridad tecnológica con la capacidad humana. La argentina contaba con aviones Douglas A-4 Skyhawk (modelo 1950), los cuales compró usados en el desierto de Mojave, con una prestación de 140 mil horas de vuelo; los FMA IA-58 Pucará (en quechua, significa “Fortaleza”, modelos 1969) similar al OV-10 Bronco americano. Una docena de aviones franceses Mirage III. Treinta y nueve aviones Dagger israelis; algunos aviones Super Etendard y exploradores Neptune.

Mientras que los ingleses contaban en sus filas con los modernos Sea Harrier de despegue vertical, gracias a sus toberas laterales y los Harriers GR3 armados con misiles AIM-9 Sidewinder.

Los aviones argentinos tenían grandes desperfectos técnicos. La mayoría de los Skyhawk A4Q estaban al límite de la vida útil. Siete de los diez aviones de este tipo presentaban fisuras en sus fuselajes. Sin contar que los cohetes de eyección ya habían superado la fecha de vencimiento.

Aun así, sin radares ni controles de altitud de vuelo y por más increíble que parezca, los pilotos argentinos les dieron una verdadera paliza a los ingleses, sobre todo a las fragatas que hundieron.

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Comienza la guerra

EL 25 de abril comienza el ataque británico y el 5 de mayo la batalla aérea;  el ataque a Puerto Argentino se llevó a cabo el 1 de mayo a las cuatro de la mañana.

El hundimiento del ARA General Belgrano significó para los argentinos la primera baja de consideración. Inglaterra violó la zona de exclusión, hundiendo a la nave argentina el domingo 2 de mayo de 1982. A consecuencia del ataque desde el submarino nuclear británico HMS Conqueror, murieron 323 marinos.

Pero los argentinos no estaban vencidos ni mucho menos e iban a mostrar lo mejor del entrenamiento y pericia en el aire.

La buena noticia llegó cuando los técnicos argentinos lograron poner en funcionamiento al Exocet AM39.

El 4 de mayo parten en busca del D-80 Sheffield: dos Super Etendard, un avión explorador Neptune y un re abastecedor Hércules de las FFAA.

Los pilotos argentinos que formaron parte de este ataque eran: el Capitán Alberto J. Philippi, el Teniente José C. Arca y el Teniente Marcelo G. Márquez. La segunda sección, igualmente artillada, estaba piloteada por el Teniente Benito I. Rotolo, Roberto G. Sylvester y Carlos Lecour. Todos estos pilotos formaban parte de la gloriosa Tercera escuadrilla aeronaval de caza y ataque.

Ya en formación de ataque los Neptune detectan tres barcos ingleses, lanzan los misiles contra el D-80 Sheffield y lo hunden. Esta fue la primera victoria resonante desde el aire, pero aun faltaba más.

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A quince metros del mar

Rodolfo Castro Fox, uno de los pilotos relata cómo se pudo lograr esa hazaña técnica: “Determinamos con la Universidad del sur los niveles de vuelo que teníamos que realizar para poder volar bajo el lóbulo y no ser detectados por el radar. Eso nos dio a qué altura teníamos que estar en función de la distancia adonde podíamos encontrar el blanco.

La ultima parte, ya desde unos 50 km. del objetivo teníamos que volar por debajo de los quince metros. Bastante pegados al agua para no ser detectados por ese lóbulo, dentro de los 20 km., ya nos tomaba, pero esa demora impedía que los sistemas de armas dirigidos por radar pudiesen apuntarnos con mayor anticipación, y eso demoraba la posibilidad de ser derribados”.

Los aviones no poseían radares por lo que las comunicaciones debían ser mínimas. Los A4B y C no contaban con un Radio altímetro, instrumento fundamental que mide la altura con respecto a la superficie del suelo.

La madre de todas las hazañas

Indudablemente el que se llevaría la admiración de los propios ingleses fue el Teniente Owen Crippa. El 21 de mayo se encontraba volando cerca de San Carlos, cuando visualizó un helicóptero desde su Aermacchi MB-339 en vuelo estacionario.

Crippa lo puso en la mira y se aprestó a atacarlo cuando de improviso se llevó la sorpresa más grande de su vida. Sobre el establecimiento San Carlos alcanzó a visualizar todo el despliegue naval inglés, formado por seis barcos.

Pasó tan cerca del helicóptero que pudo ver el rostro del piloto, este miró a Crippa aterrorizado, dando aviso a los barcos de que un avión iba directo a ellos.

El piloto argentino calculó que era más prioritario esquivar su primer blanco e ir por los demás barcos, disparando a su sistema de comunicación, compuesto por antenas de radios y radares, dejándolos incomunicados.

Crippa pasó a toda velocidad por medio de las naves piratas, las cuales desistieron de  dispararles por temor a impactarse entre ellos. De todos modos el argentino realizó varias “G negativas” para evadir el fuego británico con resultados muy efectivos.

Decidió regresar y hacer un ataque parcial sobre la flota inglesa, ya que no contaba con el poder misilístico como para hacer un daño importante.

“Mi intención era tratar de dejarlos sin sistema de comunicaciones, es decir atacar los radares, antenas, etc. Tuve que levantar la nariz para poder pasar sin recortar sus antenas”. Agregó Crippa, quien logró escapar sobre la península, saliendo del alcance de tiro de los ingleses.

Pensando en avisar de su gran hallazgo y de la cantidad de buques que había visto, el piloto argentino tomó un lápiz y dibujó sobre el anotador de rodilla un croquis posicionando los buques que había visto en ese momento.

De regreso a la base, lo cargaron en una camioneta, dando aviso al comando de que se prepararan. La madre de todas las batallas se daría paso en treinta minutos.

Llegados procedentes del continente seis Dagger se preparan para el combate. Los pilotos argentinos Alberto Philipi y Rodolfo Castro Fox a bordo de los Douglas A-4Q Skyhawk, son interceptados por dos Harriers procedentes del Hermes, ya advertidos de la “visita” que les había hecho Crippa media hora antes.

El teniente Marquez gritó advirtiendo a Philipi: “¡Harriers Harriers!”. A esa altura la Fragata inglesa HMS Ardent ya humeaba herida de muerte, producto del certero impacto del misil lanzado por Alberto Philipi, quien tenía un Harrier pegado en la cola de su avión.

El inglés abrió fuego e impactó en la cola del A-4Q Skyhawk argentino, el cual levantó la nariz hacia la derecha y vio al otro Harrier encerrarlo. Entonces Philipi tomó la decisión de eyectarse, pero antes dio aviso por radio: “Me dieron, me eyecto, estoy bien”.

Afortunadamente para Phillipi su paracaídas se infló con el agua y lo llevó hasta la costa. Donde se arrastró hasta una ladera y cayó desmayado, pero a salvo, producto del estrés y la adrenalina provocados por el feroz combate aéreo.

Epilogo

Pasado el conflicto bélico de Malvinas y tras la rendición, los pilotos de combate argentinos fueron considerados por los expertos como los mejores del mundo. Muy probablemente si la guerra hubiera continuado, las tropas inglesas hubieran sufrido un daño mayor, razón por la cual los británicos ya preparaban una contraofensiva nuclear con objetivo en la provincia de Córdoba.

Solo Dios sabe las consecuencias que ello hubiera acarreado a la nación.

La guerra de Malvinas se terminó el 14 de junio de 1982. El comando de las Islas fue restituido a los comandantes Sir John Fieldhouse, John “Sandy” Woodward y Jeremy Moore. La argentina sufrió 649 bajas en combate y el número se acrecentó después de la guerra producto de los suicidios de los soldados argentinos, quienes jamás fueron reconocidos por sus compatriotas cuando regresaron al continente.

Recién en 2005 las políticas del presidente Néstor Kirchner posibilitaron que un veterano de Malvinas pase a percibir el sueldo de un cabo en actividad, con sueldo completo mas una pensión.

Las hazañas aéreas tampoco fueron reconocidas jamás por nadie, pero gracias a la oralidad de los relatos generacionales, ello puede tomar un giro radical. Porque el recuerdo de una guerra absurda puede descansar en el sosiego del heroísmo y la valentía de soldados argentinos que dejaron la vida por su patria.

Agradecimiento especial a José Flores por recuperar esta nota de los archivos de SALTA X. A Cesar Turturro, productor y director de “Malvinas la guerra desde el aire”, quien nos cedió los permisos para exhibir su documental.
Ilustraciones: Carlos Garcia