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#CasoHinchaSanLorenzo / Solo van a la cárcel los ladrones de gallinas

La liviana condena para los agresores que dejaron en una silla de ruedas a José María García causa estupor y revulsión. Otro caso de impunidad que sitúa a la Argentina como el país con leyes más permisivas en el mundo.

A pasado un mes de la sentencia que dictaminaran los jueces de la Sala V del Tribunal de Juicio, quienes declararon penalmente responsable a Mauro Hernando Cabral, por encontrarlo culpable del delito de homicidio simple en grado de tentativa en perjuicio de José María García; en tanto Otto Bornes, fue condenado a la pena de cuatro meses de prisión de ejecución condicional, por ser autor material y penalmente responsable del delito de agresión con arma impropia.

Mientras la víctima sufrió una grave lesión interna en su médula espinal, lo que lo dejó cuadripléjico. Su vida es un infierno, no puede comer, ni ir al baño y si un mosquito quedara atrapado en su pulmón lo dejaría con una pulmonía que lo mataría, ya que su principal problema es su dificultad para respirar, dolencia que lo va matando día a día.

Los energúmenos culpables de esta aberración se llaman Mauro Hernando Cabral y Otto Bornes, y gracias a lo permisivo del sistema judicial argentino no pisarán nunca el sucio piso de la unidad carcelaria de Villa Las Rosas, donde deberían estar alojados, como huéspedes hace ya tres años.

CABRAL

Durante el debate oral y público se demostró que persiguieron a su víctima a la carrera, como dos lobos que pretenden cazar a un venado y finalmente lo atrapan para darle muerte. Es exactamente lo que estos dos sociópatas le hicieron a José María, quien está muerto en vida.

Un observador externo, despojado de toda emoción y empatía no podría comprenderlo jamás, ya que no ha existido para la víctima ni un ápice de justicia ante semejante mamarracho jurídico, producto de leyes mal instrumentadas y fiscales más lentos que una tortuga con problemas renales.

Tampoco un experto en leyes, un jurista avezado o el más brillante profesor de Harvard en derecho penal, podría explicar semejante desatino. Lo de “Harvard” es una ironía que vale aclarar, ya que las leyes en el gran país imperialista del norte es diferente a la de la Argentina, pero es mucho más efectiva y no la burla que es por estas pampas (o estos valles).

BORNES

Persiguen, agreden violentamente y están libres

Por desgracia, el execrable sujeto llamado Mauro Cabral era menor al momento del hecho y solo debe cumplir unas fútiles tareas, tales como remitirse al Juzgado de Menores, según lo exige la ley. Mientras tanto, deberá dar cumplimiento a las siguientes medidas cautelares: fijar domicilio y concurrir al Tribunal para mantenerlo actualizado, y prohibición de ausentarse de la provincia sin autorización.

Los cuatro meses de “condena” del otro despreciable energúmeno no resisten ningún análisis.

En líneas generales y ante los ojos de “Doña Rosa”, estos dos psicópatas violentos dejaron muerto en vida a un chico que estaba haciendo lo mismo que ellos esa noche, es decir concurrir a un partido de futbol, participar de una gresca a mano limpia en la que todos participaron. Pero donde los códigos de barrio, esos que ya no existen no se respetaron.

Este par de violentos lo persiguieron, lo derribaron con un pedazo de concreto y lo golpearon a patadas en el suelo hasta quebrarle las vertebras, cosa que quedó demostrado en el debate, por más que la brillante defensa de Marcelo Arancibia, uno de los mejores penalistas de esta ciudad olvidada de Dios, haya “plantado” la duda y haya hecho caer la carga probatoria con la que venía envalentonado el Ministerio Publico Fiscal. El fiscal Ramiro Ramos Ossorio se durmió y con Arancibia nunca se sabe.

Un fiscal lento, un defensor eficaz y unas leyes ridículas fueron el caldo de cultivo para que dos psicópatas violentos ahora caminen por las calles libremente, hagan la cola en el supermercado y sigan disfrutando de la libertad como cualquier ciudadano que trabaja y paga sus impuestos.

Una maravilla de los tiempos judiciales con los que se maneja la sociedad salteña, en la Argentina, donde la frase “solo van a la cárcel los ladrones de gallinas”, cada día toma más fuerza.