Cuando una película está basada en una novela de seguro va a contar con contenido y línea argumental fuerte; si a eso se le suma que el director está considerado uno de los más influyentes de la meca del cine, entonces se puede ingerir que la película será buena… y lo es.

Escrita por Shûsaku Endô en 1643, cuenta la historia de un misionero jesuita enviado a Japón en el siglo XVII, que sufrió persecución en la época de los Kakure Kirishitan («cristianos ocultos») que siguió a la derrota de la rebelión de Shimabara en 1637.

Imposible escapar a la comparación con la sensacional obra de Roland Joffé de 1986, titulada “La Misión”, película que se filmó en escenarios naturales de la Argentina y que Robert de Niro se llevó a un jujeño pertenecientes a etnias originales a Nueva York, como huésped de honor después de conocerlo en el rodaje. Casualmente Liam Neeson aparece en ambas películas.

Martin Scorsese se “cargó” esta novela y le llevó más de tres décadas terminar de moldear su idea. Primero había que “viajar” hasta el Japón feudal de 1643. Eso ya implica un gasto extra, pero los productores saben que el dinero que invierten en el director de “Taxi driver” y “Buenos muchachos” tiene muchas chances de convertirse en un éxito.

Los ejes que plantea Scorsese giran alrededor de sus propias normas cuando filmó el escandaloso film “La última tentación de Cristo”. La religión, la obsesión, la culpa, la vanidad y los dilemas éticos y morales recrudecen una y otra vez.

“Anuncien el Evangelio a toda criatura viviente”, les inculcan a los religiosos que encararan la misión más importante de sus vidas. Por lo que la hipótesis del film se plantea ¿cómo sostener la fe en medio de las atrocidades del mundo real?

La novela cuenta las desventuras de un joven jesuita portugués, Sebastião Rodrigues, basado en el personaje histórico Giuseppe Chiara, aquí interpretado por Andrew Garfield, quien es enviado a Japón para socorrer a la Iglesia local e investigar las denuncias de que su mentor, el padre Cristóvão Ferreira –Liam Neeson– ha cometido apostasía.

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Si bien la película dura casi tres horas, Scorsese tiene la particularidad de recurrir a variados recursos que alejan al espectador de mirar el reloj y concentrarse en la historia, sucede con Buenos muchachos y varios films de su notable carrera. En “Silencio” la lectura en off de varias cartas, ayudan a recorrer el guion adaptado.

A propósito del guion, tuvo que recurrir a la ayuda de Jay Cocks, el mismo de “La edad de la inocencia” y “Pandillas de Nueva York”.

La impecable fotografía es del mexicano Rodrigo Prieto, el mismo de “El lobo de Wall Street”; mientras el diseño de producción está a cargo del italiano Dante Ferreti, otro acierto.

El relato épico, el trabajo de Andrew Garfield, casi como el protagonista excluyente y sobre todo la adaptación de un guion notable, son los elementos que hacen de “Silencio” otra joya del querido Martin Scorsese.

Wikipedia
La Nación