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#NiUnaMenos / Crónica de una muerte anunciada

Gabriel Herrera purgaba una condena por hurto cuando mató a su pareja durante una visita en la cárcel de Metan, hace diez años . La trágica historia se repitió con Andrea Neri, su actual pareja de tan solo 18 años, quien fue a visitarlo y jamás regresó. La falta de controles y la inacción de los funcionarios son el caldo de cultivo que desencadena en estas muertes absurdas.

Por Iggy Rey

Aunque en este tipo de homicidas nada parezca sorprender a esta altura de las circunstancias, el caso de Gabriel Herrera de 39 años, causa estupor.

Indigna cada vez más el hecho de ver como un marginal absoluto como éste, un sujeto que no merece ni la más mínima consideración, puede adueñarse de la vida de otro ser humano y luego salir caminando por la puerta de la celda de visitas intimas como si nada hubiera sucedido.

Hace 10 años mató a su mujer en un ataque de celos, de esos que suelen tener los psicópatas que anidan en la sociedad salteña, pero que la mayoría de ellos reprimen gracias a que existe un mecanismo llamado frenos inhibitorios, y el cual no les permite convertirse en huéspedes de Villa las Rosas, caso contrario el penal rebalsaría de energúmenos machistas. Salta tiene uno de los mayores índices de femicidios del país.

Después de que iniciara el horario de visitas a horas 14:00, Gabriel Herrera y su concubina Andrea Neri quedaron solos junto al bebe de tan solo dos meses, en la celda 372 del pabellón “E”, tercera planta, para una visita íntima. Nadie podía imaginar el terrible desenlace.

Por lo que este psicópata debía tener un régimen especial de vigilancias en los días de visitas intimas, pero claro, esto es un asunto que está muy lejos del horizonte de sucesos de la ministra de DD. HH. y Justicia (!) Pamela Calletti, ocupada sabrá Dios en que asuntos.

De regreso en Villa Las Rosas y al cabo de unos minutos, Herrera apareció cargando al niño en brazos diciendo que había matado a su pareja.

Inmediatamente se dio intervención al fiscal penal de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas en feria, Pablo Rivero, quien se constituyó en el lugar para iniciar las diligencias tendientes a esclarecer que sucedió realmente e iniciar el proceso acusatorio en contra del homicida.

Según consignó El Tribuno, posterior al execrable accionar de Herrera, el cuerpo de la joven fue trasladado a la morgue judicial para determinar la causa de muerte y su pequeño hijo, con la intervención de un Asesor de Menores e Incapaces, fue entregado a su abuela materna.

Así es que un asesino reincidente mata a dos mujeres en un lapso de 10 años. La pregunta es ¿esto se podría haber evitado? por supuesto que sí.

Pero en una sociedad donde los sistemas de control no funcionan, los funcionarios son elegidos a dedo por el gobernador y no por sus capacidades exactamente, es obvio que van a seguir muriendo mujeres.

No alcanza después con que aparezca el gobernador, cual patrón de estancia enojado con la fusta en mano, listo para escarmentar a la peonada que se portó mal.

Mientras Andrea está en la morgue, son echados y puestos a disposición el director de la Unidad Carcelaria Nº 1 de Villa Las Rosas, Prefecto Juan Carlos Gutiérrez y el jefe del Penal Alcaide José Luis Ávalos.

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Aunque echen a estos y a los que vengan, las mujeres van a seguir muriendo a manos de estas bestias porque lo que fallan son las estructuras de prevención y los sistemas de control. Es difícil creer que en Alemania o en los países nórdicos un energúmeno asesine a dos mujeres en menos de 10 años ante las pasivas miradas de los funcionarios.

El gobernador le da la orden a Calletti de echar a los funcionarios de la penitenciaria, cuando en realidad debería pedirle la renuncia a su ministra. Es ella quien tiene la responsabilidad de bregar por qué un psicópata como éste no tenga la oportunidad de matar a su mujer con la facilidad y la rapidez con que cometió el aberrante homicidio.

Esta muerte estaba cantada, como todas las muertes que aún faltan por padecer. Mientras no haya una conciencia en el manejo de los sistemas de control, mientras no haya una voluntad política por poner funcionarios capacitados a la altura de las circunstancias, Salta va a seguir llorando a sus víctimas.

Los resultados están a la vista, todos los meses Salta tiene que lamentar más de una muerte de esta naturaleza. En la mayoría de los casos son individuos que reinciden y las victimas –o sus familiares– en algunos casos ya venían realizando las denuncias.

Esto solo es la crónica de una muerte anunciada, ya que en unos días esta muerte será solo parte de una triste estadística.