Miguel Puma Arroyo obtuvo la corona welter argentino, sudamericano e internacional en la década del 80. Un emblema del boxeo salteño, hoy en dia y debido a las pésimas políticas municipales pasó de dirigir una escuela de boxeo a manejar un colectivo.

Por Truman Sarapura

“Me cerraron mi escuela”, le dijo el Puma a un periodista en el Club San Martin, en uno de los últimos festivales que se realizaron en ese templo del boxeo.

Según consignó el portal Que Pasa Salta, y en dichos del periodista Daniel Tapia, el ex púgil se encontraba al mando de una unidad del corredor 3B cuando se llevó puesta una moto en barrio Pablo Saravia.

Desde la salida de Miguel Isa de la intendencia nada volvió a ser lo mismo para el boxeo en Salta. Las escuelas dejaron de pertenecer a la órbita de la Cooperadora asistencial, este fue el comienzo del deterioro.

El nuevo director de las escuelas municipales, Cristian Arias, no hizo honor al excepcional trabajo de su antecesor Jaime Muñoz. Las quejas vienen desde el personal del mismo club San Martin: “hizo todo mal, a nosotros ahora nos conviene más traer grupos musicales”, manifestó un trabajador de ese club.

Por su parte el Puma, antes de conocerse la noticia de que se ganaba la vida como colectivero después del cierre de la escuela que llevaba su nombre, y posterior a noquear a tres policías en un episodio cinematográfico no tuvo buenos conceptos para con Arias.

La historia del gran campeón

En una maravillosa nota del diario Ole titulada “La leyenda del Puma”, escrita por Fabian Casas, relata que El Puma Arroyo nació en el pasaje Baigorria, a dos cuadras del mercado central de Salta. A los 12 años estaba arriba de un ring, en La Pampa, peleando en un campeonato de novatos: «Me arreglaron los documentos y pasé como que tenía 16, porque yo era grandote. Y ahí un periodista, por mi estilo, me empezó a llamar Puma. Y me quedó».

Arroyo no tiene dudas cuando se le pregunta por qué empezó a pelear: «Los boxeadores, papá, empezamos por una necesidad económica. Igual mis viejos, que eran muy pobres, no me hicieron faltar nada. Pero yo me crié en la calle, rodeado de todo tipo de gente. Conocí a cada muñeco!»

El boxeo del Puma Arroyo fue explosivo. Era derecho, pero se paraba de zurdo, imitando a su  ídolo, el salteño Alfredo Lucero. En los primeros rounds hacía rebalsar la parrilla. Y lograba nocauts espectaculares. Fabián Chancalay puede dar fe de esto. El Puma lo mandó a la lona del Salta Club dos minutos y diez segundos después de que empezara el primer round, en diciembre del 92. También, dicen los especialistas, si el Puma no lograba derribar enseguida, le empezaba a faltar el aire y se cansaba. Y de esto puede dar fe Locomotora Castro, que le ganó dos veces (una en el Luna Park y otra en Salta).

«Castro me ganó porque tuvo suerte, porque a veces las peleas también se ganan con suerte. El me embocó siempre primero», dice el Puma. La rivalidad con Castro dejó todo un tendal folclórico alrededor de los dos enfrentamientos Es que se odiaban y le daban a la pelea un entorno especial. Castro, cuando se refería a Arroyo, lo llamaba «La Puma». Y una vez que -alojados en el mismo hotel- pasaron por error una llamada de la mujer del Puma a la habitación de Castro, éste le dijo sin inmutarse: «Disculpeme señora, lo lamento, pero el sábado se va a quedar viuda».

El presente

Cuando el intendente saliente Miguel Isa creó las escuelas municipales de box no solo tenía la intención de alejar a los chicos de las drogas, sino que también pretendía darle trabajo como profesores de boxeo a viejas glorias del pugilato salteño. Rubén Condori, el Guachito Paz y el Puma pudieron trabajar en este nicho de contención para todos.

Desde hace unos meses que la escuela del Puma fue cerrada y él se vio obligado a buscar la forma de llevar el pan a su mesa, por ello tuvo que buscar otro oficio. Hace unas horas chocó con su colectivo contra un motociclista y lo mandó al hospital.

Más allá de sus excesos, nada pudo evitar el ocaso del campeón. Ese ocaso que duele, que golpea como al Mono Gatica, Hubi Sacco y cuantos otros que terminaron en la pobreza y el olvido de una sociedad que gozaba cuando el gladiador dejaba su sangre en la arena de un ring.

Diario Ole
Que Pasa Salta